El primer verano de Florencio y Flora ya comenzó a ser fecundo en la amistad. Ya sus amigos se habían pegado a ellos pasando de unas saludables vacaciones serranas en aquel hotel de ensueño a la salud del habitar y su fundamento.
Sí, volvieron al hotel de la loma pero no permanecieron ya como simples veraneantes que respiraban aire puro de la sierra: no sólo habíanse iniciado en su misterio de contemplación sino también en la profundidad de su llamado a habitar que ejercitarían cada uno de los días del año.
Ahora tenían con quienes compartirlos. Ya no vivirían solamente la enjundia de la gran familia que integraban en su pueblo agro industrial sino que seguirían el camino hacia adentro del hogar entrevisto en la casa de los jóvenes que habían venido del "ponto divino" (Homero) a este valle bendito cobijado por las sierras en medio de aquellos montes que respiraban el ritmo de antaño.
Además estaba el cura de Colonia, íntegro en la Filosofía cristiana religada a la sabiduría del Verbo que habla y despierta las personas que han sido elegidas "antes de la fundación del Cosmos"
Hermíone había captado todo esto con su sensibilidad literaria y Hugo organizado en su mente de ingeniero el sistema de un saber que crecería en el espacio de los años subsiguientes.
Nosotros gozamos al narrarlo por aquello pronunciado
en el himno a la caridad: gaudium de veritate. La historia de estos dos hogares serían como dos panales que darían su miel de acuerdo al plan de la providencia la cual, velis nolis, tiene en su mano el bien, el fin de sus creaturas.
Reconocemos otro universo separado a éste que se ríe de algo semejante. Allá van leyes do quieren reyes.
Sí, volvieron al hotel de la loma pero no permanecieron ya como simples veraneantes que respiraban aire puro de la sierra: no sólo habíanse iniciado en su misterio de contemplación sino también en la profundidad de su llamado a habitar que ejercitarían cada uno de los días del año.
Ahora tenían con quienes compartirlos. Ya no vivirían solamente la enjundia de la gran familia que integraban en su pueblo agro industrial sino que seguirían el camino hacia adentro del hogar entrevisto en la casa de los jóvenes que habían venido del "ponto divino" (Homero) a este valle bendito cobijado por las sierras en medio de aquellos montes que respiraban el ritmo de antaño.
Además estaba el cura de Colonia, íntegro en la Filosofía cristiana religada a la sabiduría del Verbo que habla y despierta las personas que han sido elegidas "antes de la fundación del Cosmos"
Hermíone había captado todo esto con su sensibilidad literaria y Hugo organizado en su mente de ingeniero el sistema de un saber que crecería en el espacio de los años subsiguientes.
Nosotros gozamos al narrarlo por aquello pronunciado
en el himno a la caridad: gaudium de veritate. La historia de estos dos hogares serían como dos panales que darían su miel de acuerdo al plan de la providencia la cual, velis nolis, tiene en su mano el bien, el fin de sus creaturas.
Reconocemos otro universo separado a éste que se ríe de algo semejante. Allá van leyes do quieren reyes.
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