viernes, 26 de julio de 2013

LA NOCHE DE TOBÍAS

Como muchos días entre semana el padre Mateo iba a la "Bendición" en calidad de pastor: tres ovejas escogidas requerían su atención. En primer lugar y a primera hora: Tobías.
Llegó al campo entre mugidos en dilatado coro que se perdía adentro de los montes llenos de vida en el estío. El aire de la mañana lo envolvió con esa maravilla de los campos llenos de la enjundia de la creación exaltada por el libro original de la Biblia, objeto de tanto maltrato prosaico. 
Mateo se olvidó que era un teólogo y sintió simplemente la belleza viva del campo que podía tocarse con la mano. Habitaba poéticamente y así vivía su teología y así se gozaba. Pero primero lo envolvía la sabiduría del Verbo y a su vez la de la naturaleza también objeto de mucha prosa desecante. No, ella misma lo acariciaba esta mañana mientras se encaminaba por el sendero de talas y chañares a la ermita de Tobías que lo esperaba con el mate ansioso ya que hacía más de una semana que no hablaba con nadie y la expectativa de recibir la visita de un sacerdote lo conectaba con la visibilidad de la Iglesia donde moraba.
Lo vio llegar sentado en una silla antigua con un vellón de oveja y tenía otra preparada para el cura. Quien se haya sentado en ellas alguna vez lejos del mundanal ruido sabrá el inigualable gozo que se experimenta.
Mateo le dedicaría toda la mañana al viejo y luego almorzarían en la casa de nuestros jóvenes.
"Bueno hasta la hacienda baguala cae al jagüel en la seca" se anticipo a decirle el cura.
"Aunque aquí es el cimarrón el que viene al trote como si nunca hubiera visto a su compadre" le contestó al vuelo Tobías.
"Bien vengo a escuchar confesión de un santo eremita y eso aprovecha al confesor y lo santifica", decía el cura lisonjero.
"Venga Ud. a remediar a este viejo solo que no está todo sano", respondió el eremita.
Y aunque la confesión es secreta la narración se introduce en sus personajes aunque sepa ser discreta. He aquí que el viejo le contaba sus pecados y a fe que tenía espacio y soledad para examinarse además de inmovilidad que deja brotar lo que el ajetreo cubre. Deja acercarse a Dios y esto no está exento de riesgo. No es aquel de la moralina.
La fe se pone a prueba: ¿Oh hombre por qué dudaste?
"Mire padre en primer lugar debo decirle que peco contra la fe pues me toma un temor a la nada, a la muerte que me sumergiría en ella, a la pérdida de todo lo que he tenido, como si no fuera evidente que ha sido un camino que avanzaba hacia aquí. Y sin embargo he venido directamente a morir a esta ermita a encontrarme preparado" dijo el viejo atribulado.
Mateo le contestó con bastante seguridad: "Sí: ahora echo de ver que su camino en la ermita está dando buenos frutos. Precisamente la nada es lo que debía encontrar y ha sido la única manera de tenerla ante sí en medio de este vacío que se ha procurado. Ahora sufre lo más áspero de la noche, experimenta la ausencia de todo consuelo, se zambulle en la oscuridad de la fe sin más. Ahora se suspende todo en vista de la purificación del espíritu. Si Ud. persiste en ello vendrán la esperanza y la caridad, una para auxilio y la otra para refrigerio. Ahora la primera parte de la noche es la la que lo embarga con la tristeza de haber perdido la luz y el gusto por las bellezas creadas que lo rodean. Se acostumbrará a la noche y sus ojos comenzarán a ver luces "más claras que el alborada". Yo estoy orando por Ud. para que sienta de alguna manera la comunión de los santos como animadores. Va por buen camino repasando las angustias del salmista y clamando en medio de estos árboles que le hacen la mejor compañía. Pero una tregua le hará bien y saldremos a campo abierto y almorzaremos con sus sobrinos. Más yo le absuelvo de la desmesura del temor y de la falta de fe en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo"
Tras el pronunciamiento de la absolución se confirmó el alma del viejo penitente, comprendiendo la alusión a la Noche Oscura del alma y pensó en sumergirse en ella seguro de encontrar todo allí y de ahí en más tomaron mate y gozaron de esa mañana que era preludio, sin duda, de la gloria.

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