El padre Mateo quedaba todo aquel día de retiro con Tobías porque así lo requiere la verdad del ser: es el remanso, la detención en la querencia. Esto lo comprenden claramente los animales que no piensan y saben remansarse en aquellos montes de jarillas, chañares y algarrobos. No piensan pero son bendecidos por la verdad del ser.
Así quedaron en la ermita tomando mate con hierbas aromáticas que el cura había traído de la sierra y comiendo in amaritudinis cuaresmales mientras callaban, hondamente callaban en compañía, dejando hablar al follaje tocado por las brisas, a las praderas de blancos penachos, a la acequia que susurraba a sus pies, a la sabiduría equina recelosa que deambulaba con suavidad inimaginable por los ciudadanos en sus nerviosas calles.
Y detrás las sierras los iban tiñiendo de un morado inefable que santificaba todas las cosas y descendía sobre ellas de un cielo transparente como el del paraíso, que en realidad no estaba perdido sino recuperado, como bien lo había puesto John Milton.
En la casa de nuestros esposos había además una sorpresa:las hermanitas de la paz habían venido a visitarlos con al cura, aprovechando el taxi amigo del pueblo y se hallaban instaladas allí con el fin de proseguir en el plan de integrarse con el matrimonio en una "familia de la paz".
Tenían mucho que hablar acerca de este plan insólito e inédito: hasta ahora las congregaciones eran de religiosos y los matrimonios eran laicos. Ellas pretendían con ideas revolucionarias rescatar el sacramento del matrimonio que según la epístola a los Efesios es la visibilidad del gran sacramento de la Iglesia.
Así la revolución consistía en ver en el origen de la sabiduría de San Lucas, San Pablo y San Juan.
El hogar de Nazaret, la Iglesia como sacramento de la piedad y la permanencia o morada de la Trinidad en la guarda y atención al Verbo eran pues el horizonte de comprensión de aquellas cuatro personas aquel día de cuaresma en la estancia "la Bendición".
Ellos miraban sus propias vidas que volaban hacia la pura idea: Jesús había vivido treinta años en aquel hogar donde crecía en gracia y sabiduría delante de Dios y de los hombres y solamente en tres (si no habían sido menos) se entregó al proceloso mundo a fin de llegar al hecho que devela al mundo: que la Verdad fuera crucificada. El realismo de la idea fue el sacramento consecuente.
Pablo en esto ve la Iglesia como cuerpo místico y Juan lo sella desde las bodas de Caná, pasando por el pan de vida, en la permanencia, en el remanso en la verdad del ser, en la estancia en la conservación o detención de la palabra que nos habla: YO SOY QUIEN CONTIGO HABLA. Quien guarda mi palabra es el que me ama y vendremos a él y haremos morada en él.
Un día entero de concentración en esto inició la vida de la familia de la paz: Flora resplandecía ante los ojos de Florencio cuando la veía con las monjas Inés y Mariana, genios de lo nuevo dado de nuevo.
Todo San Agustín estaba allí en esa amistad eclesial. Y piloteando la nave, el padre Matheus, formado en el seminario de Mathias Joseph Scheeben.
Sí que el hogar de nuestros raros personajes se vio en la plenitud del PLEROMA.
El fundamento estaba puesto hacía dos milenios y sobre él edificaban las hermanitas de la paz.
Así quedaron en la ermita tomando mate con hierbas aromáticas que el cura había traído de la sierra y comiendo in amaritudinis cuaresmales mientras callaban, hondamente callaban en compañía, dejando hablar al follaje tocado por las brisas, a las praderas de blancos penachos, a la acequia que susurraba a sus pies, a la sabiduría equina recelosa que deambulaba con suavidad inimaginable por los ciudadanos en sus nerviosas calles.
Y detrás las sierras los iban tiñiendo de un morado inefable que santificaba todas las cosas y descendía sobre ellas de un cielo transparente como el del paraíso, que en realidad no estaba perdido sino recuperado, como bien lo había puesto John Milton.
En la casa de nuestros esposos había además una sorpresa:las hermanitas de la paz habían venido a visitarlos con al cura, aprovechando el taxi amigo del pueblo y se hallaban instaladas allí con el fin de proseguir en el plan de integrarse con el matrimonio en una "familia de la paz".
Tenían mucho que hablar acerca de este plan insólito e inédito: hasta ahora las congregaciones eran de religiosos y los matrimonios eran laicos. Ellas pretendían con ideas revolucionarias rescatar el sacramento del matrimonio que según la epístola a los Efesios es la visibilidad del gran sacramento de la Iglesia.
Así la revolución consistía en ver en el origen de la sabiduría de San Lucas, San Pablo y San Juan.
El hogar de Nazaret, la Iglesia como sacramento de la piedad y la permanencia o morada de la Trinidad en la guarda y atención al Verbo eran pues el horizonte de comprensión de aquellas cuatro personas aquel día de cuaresma en la estancia "la Bendición".
Ellos miraban sus propias vidas que volaban hacia la pura idea: Jesús había vivido treinta años en aquel hogar donde crecía en gracia y sabiduría delante de Dios y de los hombres y solamente en tres (si no habían sido menos) se entregó al proceloso mundo a fin de llegar al hecho que devela al mundo: que la Verdad fuera crucificada. El realismo de la idea fue el sacramento consecuente.
Pablo en esto ve la Iglesia como cuerpo místico y Juan lo sella desde las bodas de Caná, pasando por el pan de vida, en la permanencia, en el remanso en la verdad del ser, en la estancia en la conservación o detención de la palabra que nos habla: YO SOY QUIEN CONTIGO HABLA. Quien guarda mi palabra es el que me ama y vendremos a él y haremos morada en él.
Un día entero de concentración en esto inició la vida de la familia de la paz: Flora resplandecía ante los ojos de Florencio cuando la veía con las monjas Inés y Mariana, genios de lo nuevo dado de nuevo.
Todo San Agustín estaba allí en esa amistad eclesial. Y piloteando la nave, el padre Matheus, formado en el seminario de Mathias Joseph Scheeben.
Sí que el hogar de nuestros raros personajes se vio en la plenitud del PLEROMA.
El fundamento estaba puesto hacía dos milenios y sobre él edificaban las hermanitas de la paz.
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