Al día siguiente llegó temprano el padre Mateo y halló a las hermanas con los esposos rezando laudes. Se integró a ellos y posteriormente compartió el desayuno donde la paz era el clima.
La oración de Simeón que se canta en los laudes quedaba impresa en la almas y el día era iluminado con el sol espiritual que daba sentido al sol sensible que en ese instante extendía sus rayos sobre las vacas que salían a pastar desde los montes de árboles que les sirven de techo y despertando las montañas que respondían a la impalpable luz con azules brillantes.
El padre fue requerido por las monjas a que les diera un sermón especial de cuaresma. Y él dijo en consecuencia: "La muerte se adelanta hacia nosotros como el sol de la mañana. Es su muerte, la de Jesús, quien se ha adueñado de ella sacándola de la nada con la cual ella se cubre.
Asumida así por su Pasión cobra un rostro doloroso pero es quinta esencia de toda belleza. Ella adquiere también una figura, así como la verdad cobra voz y dice:"Yo soy". La paz se vuelve concreta en esta cercanía de la Palabra en cruz diciendo: EN VERDAD TE DIGO QUE ESTA TARDE ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO.
La caricia del ser en la ternura de la Pasión envuelve pues la soledad cósmica de las cosas que son y el Verbo se hace viático y camino para los obedientes. La eucaristía del pan de vida asumiendo la muerte es como el sol, hermanas, que hoy nos cubre con sus rayos dorados". El padre mientras hablaba dirigía sus azules ojos al campo frontero donde se desperezaba la mañana.
Quedaron un rato en silencio los oyentes y después pasaron a narrarle lo conversado en torno a la fundación de la familia de la paz. Así bendecían a Dios porque, jóvenes, les diera un carisma que los guiara como la estrella de Belén a la intimidad del hogar de Nazaret.
El cura leía en el propósito de esta familia inicial de la paz el prodigio de la diferencia en tal buscada intimidad. Los esposos recién bautizados en ella fueron iluminados por el carisma en la intimidad de Nazaret en lo diferente de las hermanas religiosas de la paz llamadas en un mismo llamado a Nazaret. La admiración del cura consistía en este camino hacia la plenitud de la intimidad donde la diferencia unía en la paz.
Y se guardó estos pensamientos en la decisión del guía de este carisma eclesial que se abría en el silencio: precisamente por corresponder a él delante de estas sierras.
Veía moverse la estrella aunque estaban en la cuaresma ya cerca de la Pascua.
La oración de Simeón que se canta en los laudes quedaba impresa en la almas y el día era iluminado con el sol espiritual que daba sentido al sol sensible que en ese instante extendía sus rayos sobre las vacas que salían a pastar desde los montes de árboles que les sirven de techo y despertando las montañas que respondían a la impalpable luz con azules brillantes.
El padre fue requerido por las monjas a que les diera un sermón especial de cuaresma. Y él dijo en consecuencia: "La muerte se adelanta hacia nosotros como el sol de la mañana. Es su muerte, la de Jesús, quien se ha adueñado de ella sacándola de la nada con la cual ella se cubre.
Asumida así por su Pasión cobra un rostro doloroso pero es quinta esencia de toda belleza. Ella adquiere también una figura, así como la verdad cobra voz y dice:"Yo soy". La paz se vuelve concreta en esta cercanía de la Palabra en cruz diciendo: EN VERDAD TE DIGO QUE ESTA TARDE ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO.
La caricia del ser en la ternura de la Pasión envuelve pues la soledad cósmica de las cosas que son y el Verbo se hace viático y camino para los obedientes. La eucaristía del pan de vida asumiendo la muerte es como el sol, hermanas, que hoy nos cubre con sus rayos dorados". El padre mientras hablaba dirigía sus azules ojos al campo frontero donde se desperezaba la mañana.
Quedaron un rato en silencio los oyentes y después pasaron a narrarle lo conversado en torno a la fundación de la familia de la paz. Así bendecían a Dios porque, jóvenes, les diera un carisma que los guiara como la estrella de Belén a la intimidad del hogar de Nazaret.
El cura leía en el propósito de esta familia inicial de la paz el prodigio de la diferencia en tal buscada intimidad. Los esposos recién bautizados en ella fueron iluminados por el carisma en la intimidad de Nazaret en lo diferente de las hermanas religiosas de la paz llamadas en un mismo llamado a Nazaret. La admiración del cura consistía en este camino hacia la plenitud de la intimidad donde la diferencia unía en la paz.
Y se guardó estos pensamientos en la decisión del guía de este carisma eclesial que se abría en el silencio: precisamente por corresponder a él delante de estas sierras.
Veía moverse la estrella aunque estaban en la cuaresma ya cerca de la Pascua.
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