martes, 24 de abril de 2012
LA DIMENSIÓN DEL SER
Debemos decir que el mirar es admirar y el admirar se verifica bajo una luz maravillosa que ocurre en la theoría, en el advenimiento de lo maravilloso, por los helenos denominado THEÓS, divino,que a lo contemplado llamaron theorema; la theoría también se emplea como una procesión religiosa que se envía a un santuario como el de Apolo de la isla de Delos.
Al mencionar esta familia de palabras (jugosas para la literatura que consta fundamentalmente de ellas) se nos presenta el lenguaje usado por Romeo en el baile al acercarse y tomar la mano de Julieta: el sorprendente relicario o escriño con reliquias de santos, la mención de los palmeros en el beso y el "dear saint" posterior.
Toda aquella sacralidad, muy alejada del cotidiano acercamiento del "hombre psíquico que no comprende las cosas espirituales" es la que existía en las miradas sencillas que Flora y Florencio se destinaban en aquella sobremesa de invierno antes de retirarse la una a escribir una carta a su familia y el otro a reencontrarse con Bernardo para entrarse en aquellos campos de Dios.
Y en verdad aquél le estaba preparando el alazan al cual él mismo cinchó y partieron luego hacia el campo del sur en el mismo momento que se levantaba un vientecito de ese cuadrante que obligó a Florencio a cerrar su abrigo sobre el cuello
¡Lindo cielo y brillante pastizal se le presentó a la vista ¡Las tardes de invierno mientras el sol domina son perfectas, quizá no tanto como en otoño pero tienen esa contraposición de temperaturas o amplitud térmica que agrada porque no molesta el salir e impulsa a volver no bien el sol se pone. Ahora simplemente en pleno campo ofendía un poco el viento que de todos modos no era fuerte y sí lo suficiente para provocar el manto de nubes sobre la sierra que semeja al desplegarse de suaves algodones. La impresión de suavidad es enorme dada la extensión de la montaña y Florencio no era de aquellos a quienes les pasara desapercibido tal manifestación sensible de mansedumbre."Es una montaña tranquilizante",pensó y la paz reinó en la incursión a la aguada extrema del sur donde con tranquera cerrada se habían acumulado unas decenas de vacas, no muchas porque en invierno la sed no apremia.
¡Hermoso espectáculo sin embargo el verlas ingresar a los bebederos y empujarse para hundir los morros en el agua dorada diferenciándose de algún yeguarizo aristocrático que sorbía con delicadeza su hocico como si eligiera lo más limpio!
"El sentido de la belleza no podía sino aumentarse con este cuidado y se despertaba una profunda devoción al habitar pues esto seres no sólo eran vivientes sino aquerenciados y rebosaban precisamente sosiego y serenidad", pensaba. Estar distinguiendo animales con Bernardo que hacía comentarios en base a apelativos era una tarea poética. Él sin pensarlo expresaba:
"Esta es la chorreada y tuvo un ternero bayo", "esta otra es la S O S" por el dibujo borroso de letras blancas en el lomo y así de más coloradas a otras descoloridas les fue aplicando adjetivos significativos que descubrían un mundo abigarrado en lo que parecería monótono y repetido como las ovejas que saltaban el cerco del cuento de Sancho Panza a don Quijote la noche de los batanes
¡Ni que decir cuando aparecían las mulas y los caballos: cada uno tenía una historia de jinetes o antiguos dueños, edades y trabajos o desempeños propios donde descollaron como jugadores de futbol en la historia de este deporte. Sin duda que los equinos se prestan más a esta crónica por su servicio y permanencia y sobre todo el pelaje y rasgos de raza. Hubieran sido objeto de una lectura ilimitada.
"Es verdaderamente un privilegio tener tales compañeros en la vida" Y volvió a ver la madre con su potrillito y pensó en Flora, pidiendo que se trajeran al cuadro de la entrada. Las cosas simples son absolutas porque son eternas. Esto no era explotar una mina y desgarrar la tierra sagrada de la montaña más y más como él había visto en tierras de los países vascos.Estos eran animales de cría y auxiliares de trabajo que llevaban toda la energía del espíritu del cual eran signo. De Homero eran aquellas yeguas brillantes de Reso que sustrajeron Diomedes y Ulises y las de Tros que él mismo le quitó a Eneas, les dio voz en una ocasión a los de Aquiles y eran yeguas inteligentes las conductoras del carro que llevaba a la visión de la verdad de los signos del ente en el poema de Parménides que comenzaba:!HYPPOI TAI ME PHEROYSIN! Y las bellas tierras en Homero eran criadoras de caballos.
A Florencio lo llenó de satisfacción esta memoria y cuando emprendieron la vuelta las nubes que tendían a un tenue color rosado le parecieron dignas de Zeus y de los otros inmortales. Acercándose a las casas volvieron a suspirar al ver el signo de su intimidad: el humo de sus cocinas y chimeneas, siempre provistas de jarilla y algarrobo. Florencio imaginaba a Flora en alguna actividad que correspondiera con tal intimidad.
Al llegar y dejar libres los caballos en un corral grande con pienso y agua se ponía el sol y después de proponer algún trabajo para el próximo día se despidieron e ingresaron en los respectivos hogares.
Florencio comparaba estos trabajos con el consejo de su profesor de teología: "debéis leer San Juan catorce una noche sentados en la cama, y al día siguiente el capítulo quince, y al siguiente el diciséis y al siguiente el diecisiete. Pero entonces otro día reiniciamos la serie y así ad infinitum" Con esto pretendía mostrar la inagotabilidad de la misma lectura fundamental y la creciente impresión del rostro del Señor en el alma a través de estas extraordinarias palabras johánicas. Él se daba cuenta que cada vez que fuera a cumplir estas tareas nada monótono le pesaría a lo largo de los años sino la profundización del...ser.
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