Parece que nuestros personajes se estuvieran escapando de la humanidad y cometieran la peor de las herejías. En realidad ellos seguían el impulso a la felicidad, la cual consiste en una plenitud, es decir a algo que nada se le puede agregar. Y efectivamente la suma de las cosas que los hombres van aportando prometiendo con ello la felicidad no entra en su concepto. La civilización es el proceso de ella y los hombres quieren realizarse en ella con las cosas que procura por necesidad, unos individualmente y otros socialmente con mayor o menor generalidad que no puede asimilarse nunca a la universalidad que es plena.
La felicidad pues procede de una medida plena y resulta de una actividad de lo mejor que posee el hombre, a saber su espíritu, razón y voluntad: aspira a la felicidad que lo santifica en la plenitud. Mas él no la ve por ningún lado pues todo lo que ve está en proceso y se le enseña que es proceso añadiendo a modo de cantilena: nadie es perfecto, queriendo decir no siquiera puede y casi ordenando: no debe.
La humanidad así desde hace ya muchas centurias más y más se socializa dentro de un "todos" de un santo "nosotros" y de la medida del "se dice", cambiante por la evolución de los tiempos. Se dice "todo cambia" y se cree "todo debe cambiar" dejando velado hacia adonde, pues la cosa esta en el deshacerse más y más de lo recibido.
Debe permitírsenos salir de esta hemorragia y con la hemorroísa tocar el manto de quien pasa llamando y determinando personas que como Saqueo ya son otros que los otros, es decir "personas". En esto dejamos a Flora y a Florencio que avanzaban en la noche en el placer de la dulce conversación como Ulises y Penélope tras la anagnórisis. Entonces lo deja Homero y ahora lo retomamos nosotros: donde nada pasa ya y no hay argumento más que el viaje hacia la infinitud de las personas que lo son en el vínculo de la paz .
A ellos los acompañaban las plantas, los prados, las montañas, las nubes, los ríos y los animales cautivos del presente, del hoy de quien es y los ha creado y los está creando en Él según aquello:
TÚ ERES MI HIJO Y YO TE ENGENDRADO HOY
Hay siempre un espacio más acá para recibirlo y sentirlo. Ellos habían elegido la mejor parte y no les sería quitada.
La felicidad pues procede de una medida plena y resulta de una actividad de lo mejor que posee el hombre, a saber su espíritu, razón y voluntad: aspira a la felicidad que lo santifica en la plenitud. Mas él no la ve por ningún lado pues todo lo que ve está en proceso y se le enseña que es proceso añadiendo a modo de cantilena: nadie es perfecto, queriendo decir no siquiera puede y casi ordenando: no debe.
La humanidad así desde hace ya muchas centurias más y más se socializa dentro de un "todos" de un santo "nosotros" y de la medida del "se dice", cambiante por la evolución de los tiempos. Se dice "todo cambia" y se cree "todo debe cambiar" dejando velado hacia adonde, pues la cosa esta en el deshacerse más y más de lo recibido.
Debe permitírsenos salir de esta hemorragia y con la hemorroísa tocar el manto de quien pasa llamando y determinando personas que como Saqueo ya son otros que los otros, es decir "personas". En esto dejamos a Flora y a Florencio que avanzaban en la noche en el placer de la dulce conversación como Ulises y Penélope tras la anagnórisis. Entonces lo deja Homero y ahora lo retomamos nosotros: donde nada pasa ya y no hay argumento más que el viaje hacia la infinitud de las personas que lo son en el vínculo de la paz .
A ellos los acompañaban las plantas, los prados, las montañas, las nubes, los ríos y los animales cautivos del presente, del hoy de quien es y los ha creado y los está creando en Él según aquello:
TÚ ERES MI HIJO Y YO TE ENGENDRADO HOY
Hay siempre un espacio más acá para recibirlo y sentirlo. Ellos habían elegido la mejor parte y no les sería quitada.
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