jueves, 18 de abril de 2013

RESPUESTA DESDE FRIBURGO

Así decía la carta que Martín envió desde Friburgo a Florencio:

"El entusiasmo por el verano es por sentirlo como propio por vez primera en vuestras vidas, sienten que el verano no pasa a lo largo vuestro sino que es para vosotros. Es así porque la producción que crece exponencialmente es un don estival así como el crecimiento de los pastos para el engorde de los animales. En ese mismo orden sentís las lluvias que en las ciudades llaman mal tiempo y allí no solamente son una bendición celebrada por los animales y las aves sino que comienza con manifestaciones de una belleza musical y pictórica notables con una conclusión poetizada en forma perfecta por el Salmo Pluvial de un poeta local: Leopoldo Lugones.
Las cosas son maravillosas por ese motivo: si servían para otra cosa tenían  al mismo tiempo valor por sí mismas por el ritmo de antaño. La concentración en el más acá radicaba en la desconexión del flujo o devenir de los sucesos ciudadanos que más y más semejaban el río de Cratilo en cuanto los individuos se transformaban en masas perdiendo en lo posible su configuración como individuos singulares alejándolos de la posibilidad de la persona, arduo fin de la esperanza cristiana.
La cuestión está en el ritmo, es decir en la suficiente permanencia en los tiempos que llaman los griegos armonía. Las cosas deben ser de acuerdo a su esencia en primer lugar y según sus accidentes en segundo lugar. Al ir desplazándose esa jerarquía y perdiendo la sustancia el ritmo se desvanece y comienza una lluvia de accidentes y sumisión a las apariencias como un retroceso del pensamiento que de ellas se elevó por vez primera en Parménides.
La diferencia radica ahora en el olvido del ritmo que debe regir las cosas eliminado finalmente por el enajenamiento de los aparatos que hechizan a los hombres que por añadidura no tienen espacios naturales propios.
Es así que doy gracias por vuestra experiencia. La mía es muy rara aquí junto a mi compañero observador tan fino cuanto denso es el filósofo que escuchamos en sus seminarios. Un abrazo de tu amigo Martín"
Esta fu la carta que llegó a manos de Florencio ya en tiempos de Epifanía

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