sábado, 13 de abril de 2013

LA ESTÉTICA DE LOS TOMATES

Y llegaron los primeros días de enero cuando el verano cobra autoridad y los calores mantienen quieta la hacienda en la parte media del día bajo los grandes árboles, echados en círculo y rumiando después de bajar  al agua en los mediodías ardientes. Entonces con sombreros de ala ancha era cuando se vigilaban en las represas y bebederos pues solían darse caso de embichamiento. En lo que hace a las vacunaciones todas y cada una se iban haciendo en bretes que había a propósito en las aguadas a lo largo del año. La política era el mover lo menos posible a los animales," felices huéspedes de la verde selva bajo el Céfiro blando".
El cuadro de las pariciones lo tenía la misma Flora a la vista desde su galería y podemos decir que daban a luz las vacas escuchando los graduales, los motetes, las zarabandas, las gavotas que Flora ejecutaba en su armonio por las tardes.
El primer sábado se reunieron en el consejo de la Cooperativa y planearon lo que había de hacerse con las cosechas de legumbres y con los frutales ya viejos que daban fruto copioso: cuando harían los dulces, cómo, dónde y trataron acerca de la provisión de envases. terminada la reunión hacían media jornada de trabajo en conjunto. Ese día fue señalado como histórico ya había tomates que eran sacados bien maduros para el paladar privilegiado que pueda gustarlos como una fruta. La vista de la huerta con esas hileras de frutos rojos destacados sobre las acelgas, espinacas y lechugas y escarolas requería la paleta de un pintor impresionista. Sin embargo Florencio recordó la descripción del escudo de Aquiles, seguramente génesis para todo arte pictórico.
El entusiasmo de los esposos era máximo como si aquello normal en las granjas fuera algo extraordinario en el universo ¡Tan  lejos  iba quedando en la civilización que estaba cerca de los grandes estadios donde se disputa un efímero partido de fútbol! Aquí ganaban los jugadores fortunas y los partidarios se ven pagos con un triunfo. Allá ganaban los cultivadores que creciendo en la cultura de las manos se beneficiaban sustancialmente en sus economías, siempre escasas en familias numerosas o con enfermos en su casa.
Ellos consumirían y lo sobrante lo venderían y el exceso del balance anual lo invertirían en elementos de producción con los cuales podrían emplear a algún desocupado o menesteroso. La Cooperativa producía al andar tal gozo que parecía responder  con hechos a la primera bienaventuranza:

                                                     ¡BEATI PAUPERES!

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