sábado, 27 de abril de 2013

NO SÓLO DE PAN VIVE EL HOMBRE

En esas noches estrelladas se sentaban bajo las estrellas. Esa noche tuvieron una fiesta. Su radio con antena captaba los conciertos nocturnos de la cadena nacional. Les tocó la orquesta estable del teatro Colón con un director extranjero dirigiendo la Novena Sinfonía. El himno a la Alegría bajo ese techo de lucernas palpitantes no podía encontrar mejor escenario.
La noche y la exposición grandiosa beethoveniana los colocó por el sentimiento ante lo que el pensamiento se toma una vida para desenvolver. La naturaleza favorecía enteramente esa captación que en el sentimiento primero y luego en el concepto no varía en el nombre: libertad.
Estos jóvenes con aquella radio de dos bandas al amparo de la noche y favorecidos por la consagración de la cadena educativa de la radio nacional  tuvieron efectivamente la asistencia de la música arquitectónica de la libertad como absoluto.
Detrás al finalizar el concierto se escuchaba el mugido de alguna vaca en lugar del habitual contorno de tales conciertos. En las circunstancia de los esposos esta experiencia entraba de una manera  absoluta en su alma concentrada o sin diversiones. Asimismo les sucedía con las lecturas de la Odisea bajo un olivo viejo que estaba entre la huerta y la casa.
No sólo de pan vive el hombre. Esto tenían a mano y no lo desaprovecharon en lo mejor de sus días. Por el contrario los ocuparon "de claro en claro y de turbio en turbio" con las riquezas legítimas de la humanidad según habían sido amonestados por sus maestros e hicieron lo que estaba a su alcance a su vez para transmitirlo.

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