La noche los encontró plenos. Flora había recibido el sacramento medicinal de la penitencia y hallábase en el cielo. Florencio le dijo:
No te pregunto cómo te fue pues se te nota y veo lo que es este cura que ha venido como una bendición después de lo que hemos dejado en nuestra tierra…
“Era bueno aquello pero esto es óptimo. No lo puedo separar de la sierra y el valle y la plenitud que aquí experimento”:
dijo con sentimiento Flora.
“No olvides que un sacramento opera lo que significa y hoy has recibido la penitencia y compartimos en este instante el del matrimonio que también opera lo que significa. Por eso el valle y la sierra son como el templo donde nos vivifica Quien es la vida. Y el cura nos dio una perspectiva del hogar que cambió todo: Jesús es el hombre hogar, el Verbo Divino se posesionó del hogar desde Belén a Nazaret ¡Dios se mostró en la intimidad del hogar! Por lo que dijo Mateo el acento siempre se ha puesto en la vida pública y Dios creó la vida nueva del hogar, fundamento de la intimidad…” explicó Florencio.
“Sí y cuando llegó a María sonó la bocina de ese Chevrolet, se lamentó la joven devota de la virgen de Lluc. ¿Quien era?
Un taxista de origen irlandés creo, se veía gordo, dijo Florencio y agregó: creo que el cura nos hablará de la intimidad de María la próxima. Por ahora nos dejó confirmados en nuestra casita y dio a entender que el hogar tiene una profundidad sapiencial insondable”. Creo recordar el dicho latino: SAPIENTIA SIBI EDIFICAVIT DOMUN.
“Eso incluye unos fideitos con aceite de oliva de la sierra con salvia” dijo Flora con ternura
Y comieron en una paz donde el tiempo se hacía denso como si no pasara, como el remanso vivo de agua que sin moverse nos muestra su dinamismo.
No olvidaron la lectura del día sin la cual no podrían ingresar en el tiempo sagrado de la liturgia, punto éste capital para quienes desde San Pablo hasta hoy han recibido la realidad de integrar el cuerpo místico de Cristo. Estos son los que se salvan…de la moralina de un Jesús moralista o político cada vez más hombre y menos Dios.
La insistencia en la liturgia reside en la participación diaria en la realización de Dios en su creatura que pasa a ser efectivamente un hijo y otro hijo, cada : persona. El misterio se visibiliza en la relación natural de los padres con sus hijos que exige diaria comunicación.
Así se lee el acontecimiento de Jesucristo: no como quien nos salvaría si hiciéramos o salváramos nosotros transformando el mundo…sino como quien nos ha salvado ya por la participación en su cuerpo.
Esto sabían firmemente los esposos y ahora tenían la visión del hogar de Nazaret como lenguaje elocuente del fundamento: la cercanía de los esposos y los prójimos en la así llamada vida oculta de Jesús. Lo contrario era la vida de “ir sobre los lejanos y no poder amar a los cercanos”, según la consigna: ir siempre más allá huyendo del más acá, donde se verifica aquello de Agustín:” más adentro estabas tú y yo me derramaba afuera”.
Tal la doctrina de aquel cura cuya misión era el hacer ver desde lo alto del Champaquí la amplitud de los Misterios del Cristianismo, poéticos como la poesía misma (¿quien puede separar la belleza de la verdad?) y desde el arraigo la cercanía de las personas: avance micrométrico que se vuelve infinito como la aporía de Zenón.
Era un cura “misionero”: fue enviado a esa misión: la de acercar a las personas que estaban puestas cerca para que se acerquen, a imagen de la Trinidad de acuerdo a aquella historia no contada del hogar de Jesús, José y María durante los treinta años más fecundos de la humanidad.
¿Mas la permanencia alguien la ha poetizado? Nadie ha contado cuando nada pasa y menos donde acontece la gracia y la sabiduría, ofensivas a la idea establecida de que el hombre no puede ser perfecto ¡Y esto hasta se predica cuando el mismo Jesús cierra su discurso en el monte: SED PERFECTOS COMO EL PADRE CELESTIAL ES PERFECTO!
Era pues un cura “misionero” enviado a predicar la Buena Nueva : que el hombre a más de histórico, y antes de ello natural y animal; y artista por ser hombre y político y social, antes que todo esto (que se alcanza por algo llamado “razón”) es el hombre, imagen en el hijo de su amor: antes que fuera creado el cosmos (lo cual se alcanza diciendo sí al himno paulino) Es decir el hombre es cada uno un rostro ante su faz, una persona, un destino como cada hijo de una familia, que sin embargo mundanalmente ( según han creído sus padres en ello firmemente) termina siendo abogado médico o músico o empleado de correos. Y después muere y nadie más lo conoce sino los que lo rodearon casualmente, pues para esto no queda más fundamento que el azar de los átomos democríteos.
Muy por el contrario les dice poetizando San Pablo a los Efesios:
BENDITO SEA DIOS PADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
QUE NOS HA BENDECIDO EN LA PERSONA DE CRISTO
CON TODA CLASES DE BIENES CELESTIALES Y ESPIRITUALES
ÉL NOS ELIGIÓ EN LA PERSONA DE CRISTO
ANTES DE CREAR EL MUNDO
PARA QUE FUÉSEMOS SANTOS E IRREPROCHABLES
ANTE SU FAZ POR EL AMOR.
ÉL NOS HA DESTINADO EN LA PERSONA DE CRISTO
POR PURA INICIATIVA SUYA A SER HIJOS
La lectura era fundacional para los nuevos habitantes de la estancia “la Bendición ”, que como respetuosos de la divinidad de la noche se introdujeron bajo el quillango invernal en su bendita habitación nupcial. Y siguieron leyendo, con los escarpines de lana puestos que les había tejido la madre mallorquina, la gran novela de la humanidad. Las chilquas como azules carbones daban calor y las sierras abrazaban sus ilusiones matrimoniales que brillaban dentro del
Gran sacramento.