miércoles, 29 de febrero de 2012

EL GRAN SACRAMENTO


La noche los encontró plenos. Flora había recibido el sacramento medicinal de la penitencia y hallábase en el cielo. Florencio le dijo:
No te pregunto cómo te fue pues se te nota y veo lo que es este cura que ha venido como una bendición después de lo que hemos dejado en nuestra tierra…
“Era bueno aquello pero esto es óptimo. No lo puedo separar de la sierra y el valle y la plenitud que aquí experimento”:
dijo con sentimiento Flora.
“No olvides que un sacramento opera lo que significa y hoy has recibido la penitencia y compartimos en este instante el del matrimonio que también opera lo que significa. Por eso el valle y la sierra son como el templo donde nos vivifica Quien es la vida. Y el cura nos dio una perspectiva del hogar que cambió todo: Jesús es el hombre hogar, el Verbo Divino se posesionó del hogar desde Belén a Nazaret ¡Dios se mostró en la intimidad del hogar! Por lo que dijo Mateo el acento siempre se ha puesto en la vida pública y Dios creó la vida nueva del hogar, fundamento de la intimidad…” explicó Florencio.
“Sí y cuando llegó a María sonó la bocina de ese Chevrolet, se lamentó la  joven devota de la virgen de Lluc. ¿Quien era?
Un taxista de origen irlandés creo, se veía gordo, dijo Florencio y agregó: creo que el cura nos hablará de la intimidad de María la próxima. Por ahora nos dejó confirmados en nuestra casita y dio a entender que el hogar tiene una profundidad sapiencial insondable”. Creo recordar el dicho latino: SAPIENTIA SIBI EDIFICAVIT DOMUN.
“Eso incluye unos  fideitos con aceite de oliva de la sierra con salvia” dijo Flora con ternura
Y comieron en una paz donde el tiempo se hacía denso como si no pasara, como el remanso vivo de agua que  sin moverse nos muestra su dinamismo.
 No olvidaron la lectura del día sin la cual no podrían ingresar en el tiempo sagrado de la liturgia, punto éste capital para quienes desde San Pablo hasta hoy han recibido la realidad de integrar el cuerpo místico de Cristo. Estos son los que se salvan…de la moralina de un Jesús moralista o político cada vez más hombre y menos Dios.
 La insistencia en la liturgia reside en la participación diaria en la realización de Dios en su creatura que pasa a ser efectivamente un hijo y otro hijo, cada : persona. El misterio se visibiliza en la relación natural de los padres con sus hijos que exige diaria comunicación.
Así se lee el acontecimiento de Jesucristo: no como quien nos salvaría si hiciéramos o salváramos nosotros transformando el mundo…sino como quien nos ha salvado ya por la participación en su cuerpo.
Esto sabían firmemente los esposos y  ahora tenían la visión del hogar de Nazaret como lenguaje elocuente del fundamento: la cercanía de los esposos y los prójimos en la así llamada vida oculta de Jesús. Lo contrario era la vida de “ir sobre los lejanos y no poder amar a los cercanos”, según la consigna: ir siempre más allá huyendo del más acá, donde  se verifica aquello de Agustín:” más adentro estabas tú y yo me derramaba afuera”.
Tal  la doctrina de aquel cura cuya misión era el hacer ver desde lo alto del Champaquí la amplitud de los Misterios del Cristianismo, poéticos como la poesía misma (¿quien puede separar la belleza de la verdad?) y desde el arraigo la cercanía de las personas: avance micrométrico que se vuelve infinito como la aporía de Zenón.
Era un cura “misionero”: fue enviado a esa misión: la de acercar a las personas que estaban puestas cerca para que se acerquen, a imagen de la Trinidad de acuerdo a aquella historia no contada del hogar de Jesús, José y María durante los treinta años más fecundos de la humanidad.
¿Mas  la permanencia alguien la ha poetizado? Nadie ha contado cuando nada pasa y menos donde acontece la gracia y la sabiduría, ofensivas a la idea establecida de que el hombre no puede ser perfecto ¡Y esto hasta se predica cuando el mismo Jesús cierra su discurso en el monte: SED PERFECTOS COMO EL PADRE CELESTIAL ES PERFECTO!
Era pues un cura “misionero” enviado a predicar la Buena Nueva: que el hombre a más de histórico, y antes de ello natural y animal; y artista por ser hombre y político y social, antes que todo esto (que se alcanza por algo llamado “razón”) es el hombre, imagen en el hijo de su amor: antes que fuera creado el cosmos (lo cual se alcanza diciendo sí al himno paulino) Es decir el hombre es cada uno un rostro ante su faz, una persona, un destino como cada hijo de una familia, que sin  embargo mundanalmente ( según han creído sus padres en ello firmemente) termina siendo abogado médico o músico o empleado de correos. Y después muere y nadie más lo conoce sino los que lo rodearon casualmente, pues para esto no queda más fundamento que el azar de los átomos democríteos.
Muy por el contrario les dice poetizando San Pablo a los Efesios:


                          BENDITO SEA DIOS PADRE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO
                          QUE NOS HA BENDECIDO EN LA PERSONA DE CRISTO
                          CON TODA CLASES DE BIENES CELESTIALES Y ESPIRITUALES
                          ÉL NOS ELIGIÓ EN LA PERSONA DE CRISTO
                        ANTES DE CREAR EL MUNDO
                           PARA QUE FUÉSEMOS SANTOS E IRREPROCHABLES
                          ANTE SU FAZ POR EL AMOR.
                          ÉL NOS HA DESTINADO EN LA PERSONA DE CRISTO
                          POR PURA INICIATIVA SUYA A SER HIJOS

La lectura era fundacional para los nuevos habitantes de la estancia “la Bendición”, que como respetuosos de la divinidad de la noche se introdujeron bajo el quillango invernal en su bendita habitación nupcial. Y siguieron leyendo, con los escarpines de lana puestos que les había  tejido la madre mallorquina, la gran novela de la humanidad. Las chilquas como azules carbones daban calor y las sierras abrazaban sus ilusiones matrimoniales que brillaban dentro del
Gran sacramento.                       

domingo, 26 de febrero de 2012

¿QUÉ CURA!


El cura alemán estaba sentado en la gran mesa de la cocina. Fue una suerte para los jóvenes tener un director espiritual que se interesara por ellos no bien salidos de sus escuelas donde el clima eclesial los envolvía. Habían vivido en el único ámbito monástico que existe entre las instituciones del mundo: la escuela. Eso no quiere decir que no exista allí lo que Freud llamara “el malestar de la cultura”. Pero educadores en contacto con las altas cumbres de la humanidad no pueden compararse con el fluir enajenante del “mundo real”, que cuanto más espeso se vuelve como en las ciudades más real y no escolástico es. La jerarquía de la vida intelectual que rige en la escuela más la fe en el caso de la escuela católica es por ende un ámbito irreal donde los padres envían a sus niños, los cuales de por sí vienen del cielo y tardan bastante en perder esto (si ya no se lo hace perder mas rápido las condiciones sórdidas económicas sociales).
Yera un sacerdote formado en el seminario donde enseñara el raro teólogo M,J Scheeben ¿Por qué raro? Solamente los que ignoran la complejidad de las épocas del pensamiento pueden creer que la Iglesia visible es algo homogéneo. La teología desde el mismo siglo XIII se ha vuelto teología natural con Scoto (mundanal con Suarez) y perdida la diferencia absoluta entre ser y ente avanzó con la Reforma a sus lados y el consecuente racionalismo cartesiano hasta la también explicable modernidad singular de los anti metafísicos Marx, Nietzsche y Heidegger.
 He aquí que en la católica Colonia floreciera en tiempos de Nietzsche, el profeta del siglo veinte, este teólogo que hizo hincapié en el MISTERIO SACRAMENTAL, en la diferencia de ver el sistema mundano donde la Iglesia opera y la misteriosa condición de su enjundia. Breve: es la doctrina de los padres griegos y latinos mas Santo Tomás pero de una forma libre y santificada. Esta teología no es natural ni mundanal: es teología pura. En ella se había nutrido Mateo y no quería otra, por más que sus colegas estaban ya en un proceso liberador como el mundo que los contenía. Por fortuna envueltos por esas sierras de alhucema, el simple misterio de sus lomas, laderas y cañadas los privaba de la ardua prosa de las confusas reivindicaciones de una Iglesia más y más exterior.
En su visita pastoral se encontró con su amigo Tobías y recibía el mate de Flora que parecía ya una experta en esa práctica, por lo demás sencilla.
 Mientras tanto Florencio se había enfrascado en una conversación con el tío acerca de las vacas inspeccionadas. Fue así que Mateo quedó aparte con Flora y sondeando su estado espiritual ya ella le pidió confesión, sabiendo que ese sacramento de la penitencia es la puerta del reino de los cielos que vino a ponerse en la cercanía de este mundo. No nos imaginamos cómo alguien con sensibilidad poética pudiera perder la oportunidad en establecerse de un modo tan sencillo en algo así como “el reino de los cielos” donde la palabra “cielos” metaforiza algo por lo demás gozoso, ubicado aquí mismo. Flora era de aquellas personas que no habían dejado escapar su niñez como para ubicarse en una realidad científicamente mundana. Y había practicado además la música de coro para niños.
Retirados a la sala de estar que tenía cuatro sillones, del otro lado de la cocina, que por cierto daba el calorcito de la jarilla y ahora de unas raíces de chilcas que Mateo les trajo de la sierra para probar, se sumergieron en una buena confesión llevada por las virtudes cardinales y sus precisas partes detrás de las cuales se esconden los pecados, que hay que conocer como las enfermedades para debilitarlos y erradicarlos si fuere posible según la filosofía moral del ángel de las escuelas.
La conversación del viejo y del joven iba animándose y Florencio le preguntó acerca de los elementos para hincar la huerta y el gallinero. Tobías que hablaba en alta voz dijo:
“Mañana estarán aquí, ya los he encargado”
“¿Pero cómo si no se ha movido de su ermita?” preguntó Florencio.
“Rosendo pasó anteayer a caballo y recibió mi pedido” respondió
“¿Pero tiene buen proveedor aquí?” dudaba Florencio
“El almacén de Ramos Generales consigue todo de la ciudad si no tiene en existencia y ¿qué no iba a tener esos alambritos?” afirmó orgulloso.
Florencio entonces se alegró y dijo: “El sábado comenzamos la Granja, Cooperativa don Tobías”
Estas palabras fueron escuchadas por Mateo cuando venía hacia la mesa:
“¿Granja, cooperativa escucho?” preguntó ansioso.
Y Florencio le explicó su proyecto de autoabastecimiento para vencer la miseria de los hombres ¡Cuánto más de los peones bien tenidos!
“Esto me hace recordar la expresión paulina en el primer capítulo a Los Romanos: inexcusable eres ¡oh hombre! Porque lo invisible de Dios se hace manifiesto por sus creaturas…trabajando así con ciencia, orden y cooperación se le arranca a la tierra sus frutos y los hombres no tienen que mendigar a las autoridades sino exigir sus derechos” dijo entusiasmado Mateo.
Y la conversación giró en torno de la experiencia cooperativa que producía el milagro del capital social brotado de la nada. La sabiduría que ponía en juego varias virtudes fundamentales empezando por la prudencia en el uso de una deliberación colectiva de un consejo que tomaba luego las decisiones democráticamente (no hay quejas luego porque hay democratización en las decisiones no en nombrar el jefe que las tome) y siguiendo por una justicia manifiesta en la distribución del excedente y en el reparto de la producción, en la paciencia de esperar que maduren las acciones y en no tomar algo fuera de tiempo, en la humildad de las pretensiones, premiada por el ensalzamiento del poder económico de la cooperativa. Y sobre esto pontificó entusiasmado el cura:
“Aquí se pone en juego la cercanía de las personas que codo con codo se ponen a hacer y que finalmente al buscar el reino de Dios (aunque no lo sepan), no poniendo su fin en el lucro sino en algo universal, se quedan con la añadidura”.
Esto merece una celebración y sacó de su bolso una botella de vino especial (parece que los curas siempre están propincuos a estas cosas, por regalos que les hacen) y una factura de cerdo que quebró el ascetismo de los presentes y produjo la declaración solemne de Florencio:
“ Tendremos nuestra propia producción en no muy largo plazo”.
Sonrió Mateo por el ímpetu del joven a expresar sus más caras ideas y dijo:
“Pues cuenta con mi ayuda”
“Para comerla” agregó Tobías
“No he dicho otra cosa” dijo graciosamente este cura lleno de vida y de doctrina, el cual nunca desaprovechaba la ocasión para hablar de Dios y menos en un encuentro de tal calidad.
“Miren, Dios se ha revelado hasta un grado máximo, se ha metido hasta la intimidad del hogar. Allí estuvo treinta años creciendo en gracia y sabiduría en cuanto hombre al ritmo de María y de José. ¿Y qué hacía? Pues lo que vosotros queréis hacer: todo lo que hace al hogar, intimidad pura. Dicen muchos que andaba por los caminos del mundo ¿Cuánto tiempo? En unos viajes que hizo a Jerusalén para predicar el reino sobre la tierra que ¡era éste: el hogar! Nos puso el  reino en la cercanía. Porque lo que hizo en el mundo lo hizo rápidamente: nos mostró quien era el Padre y qué haría para curar el pecado: fundó la Iglesia como gran   sacramento que obra la curación del hombre y lo pone en el camino hacia su Padre pero Él abrió con prisa ese camino, casi con impaciencia: caminaba hacia la cruz. Debía padecer por mano del mundo para abrir el mundo y los políticos lo condenaron a muerte de esclavo. Pero todo lo hizo con presura: quería volver al hogar, esta vez a la cercanía de las Personas Divinas haciéndonos allí lugar, habiendo hecho hogar con sus apóstoles en medio del desequilibrio momentáneo de su vida pública. Buscaba la intimidad con ellos como se vio cada momento: aunque era Dios y volvía a la casa del Padre, hacía amigos y sembraba hogar por donde, momentáneamente, pasaba. No debéis olvidarlo queridos jóvenes: treinta años contra tres muestra la balanza de la preferencia de nuestro Dios. Es el Dios Trino sustanciado en la intimidad. No es el de la nada indiferente, el de la paz sin persona, el del poder que sanciona el privilegio del placer individual. Si Dios fuera la paz de la nada valdría el ateísmo. ¡No! es el Dios de la cercanía del ser, es hoy para nosotros Paráclito…cuya alegría se ve en María…”.
Por fortuna de los que escuchaban se sintió y se vio la venida de un automóvil que sin duda venía a buscar al cura que según iba no se detendría hasta Navidad.
Entre los mugidos de las vacas pampas se escuchaba al auto que se llevó finalmente a Mateo. Ya oscurecía pero no en las sierras que se bebían los rayos de un sol particular ya que el nuestro se había hundido en las sierras chicas. Eran como Mateo: bebían una luz inextinguible y la refractaban con matices que dejaban huellas de amor en el alma.
En ese momento los niños traían las vacas lecheras al corral para encerrar los terneros y Flora salió corriendo a su encuentro para ayudar en ese manso arreo de costumbre adquirida.

viernes, 24 de febrero de 2012

LAS PAPITAS FRITAS DEL CHAMPAQUÍ

Evidentemente a la luz de la lámpara de kerosene o de las velas, cuya artesanía Flora dominaba por tradición, se acostaban  temprano, después de la lectura diaria de la misa del día, o sea la liturgia de la palabra, lo que es elemental en la vida de la Iglesia que es el Espíritu Santo cuya operación se concentra en la Eucaristía por cierto, que  completa la liturgia de la palabra y sin duda desde que sale el sol hasta al ocaso se verifica en cada meridiano de la tierra y uno la acompaña aunque no está en el templo y Él en realidad acompaña a cada uno según la transubstanciación. Hay que decirlo porque es así aunque no pueda  verse ni sentirse. No podía la Palabra volver vacía al Padre: ahora es, eucarísticamente, cabeza de un cuerpo que integra su ser: el ser al cual todos llaman “Dios”: aquí en máxima concreción.
Esto sabían ellos: sabían que no era fe en una idea sino en un misterio real. Y en este orden se comportaban. Tenían un plan, también, de lectura: sentados en la cama: comenzar por Génesis uno y seguir hasta el fina en el Apocalipsis como una novela ¡Los libros se hicieron para leerlos simplemente escuchando al autor!
Pero si miraban por la ventana se sentían como Abraham cuando Yahveh Dios lo sacó afuera y les mostró el cielo, como testimonio de sus herederos: ¡caían sobre ellos las estrellas brillando con una fuerza inusitada por la pureza de ese cielo! No sino parece que las cosas del hombre privan la vista de las de Dios.
Flora vuelta a la protección del quillango de la cama sentía que acompañaban en la vía láctea a las estrellas y que cada una era un hogar como el suyo, peregrinante hacia Dios.
En ese ritmo el alba los sorprendía ya descansados y el día se aprovechaba plenamente. Así ella comenzaba a trajinar alrededor de su casita y en esos días iba a sostener las ollas del ordeñe mientras Amelia y Bernardo ordeñaban dos vacas holando argentinas u overas negras especiales para ello. Ella se traía una olla llena de espuma y la hervía inmediatamente y así comenzaba el proceso con la leche. Más tarde la ponía en la heladera de kerosene e iba juntando la crema hasta que fuera suficiente para la mantequera manual y  la transformaba en una manteca especial. Tobías le había explicado todo y aportado los elementos. Los niños revoloteaban a su alrededor sirviendo de eficaz ayuda con la leña y con todos los pasos que daba en la mañana. Más tarde, Daniel y Mónica irían a la escuelita más cercana que estaba a unos cuantos kilómetros( a la hora de la siesta en invierno) y desde ahora Flora les controlaba los deberes. Tenían dos caballitos preciosos con sus aperitos ¡Daba gusto verlos salir bajo ese cielo de cristal siempre soleado! Ella se sentía en el centro de su felicidad, todo le parecía suyo porque sentía su pertenencia a todo ¡Ella que había nacido en aquella ciudad medieval en el mediterráneo!
Florencio esa mañana revisaba otros dos cuadros de campo hacia el oeste, que no había conocido, junto a Bernardo. Allí vio el resto de las vacas que se mantenían bien en el invierno porque estaban bien distribuidas y siempre quedaba pasto seco y aún vivo bajo las tuscas, espinillos, jarillas y piquillines señoreados por algún algarrobo de gran porte donde se protegían del sol en pleno verano. Ellas asomaban sus caras blancas a través del follaje con una mata de pasto en la boca y un gesto de curiosa extrañeza ante su paso, siempre estremecido el corazón, el cual sin duda cumple la función de sensible arpa pulsada por el misterio de la cercanía.
 Al salir al claro cada vez la sierra de un azul acerado se hacía sentir como un monumental poema, como los poemas homéricos, finitos, circunscriptos pero inagotables. Entonces recordó el verso 499 del canto primero:
                       DEL OLIMPO EN LA CUMBRE MÁS ALTA DE MÚLTIPLES RISCOS.
Como veía Bernardo que estaban fijados, el alazán y Florencio, mirando hacia un lugar de la cumbre dijo: “es el Champaquí más accesible por el otro lado ¡Desde allí sí que hay vista! Yo he trabajado allí de jovencito plantando pinos…había que ver esos atardeceres interminables…” y se calló como guardando lo que no podía decir.
Florencio quedó maravillado pensando qué era lo que tanto lo maravillaba conociendo él los Pirineos. Quizás fuera lo virginal de aquellos parajes: como si en lugar de hablar de batallas de caballeros andantes y moros, hablara la tierra misma en contacto con el cielo.
Y Bernardo añadió:” Alguno de estos días lo voy a llevar y nos comemos un cabrito allí arriba…sin movernos con unas papitas fritas…”. Pronunció la primera “a” como “e” sonando pues las papas como pepitas.
Le pareció maravillosa la combinación al joven Florencio de lo sublime con las papas fritas y el tiempo pleno. Bernardo apenas tenía unos añitos más que él y su esposa ya esperaba el tercer hijo. Volvió a sentir esa sensación del futuro sin más que el acontecimiento simple de existir y expandir la existencia en lo mismo.
Entre mugidos inocentes llegaron a las casas y se encontraron los esposos  tan entusiasmados por lo que habían vivido esa mañana que se atropellaban en la narración mientras comían una tortilla a la española con huevos caseros que los niños le habían proporcionado y una sopa que sabía al paraíso.
Flora le anunció con una voz de gozo inaudita que a la tarde tendrían visita: venía el cura Mateo y por supuesto Tobías que se arrancaba de su ermita.
Debía por tanto hacer una torta sencilla con los huevos que sobraban de la recolección de la niña Mónica, ya apegada a Flora en el dulce ámbito de su carácter franco y en el elemento de ese espíritu  de esplendente       horizonte

jueves, 23 de febrero de 2012

ERROR

Se acaba de imprimir aquí lo que pertenece a filo-sofiaenelclaro.

LA SABIDURÍA ANTES QUE EL VERBO

El final del capítulo XXXII del Eclesiástico repite todo lo que leemos en los salmos y en los otros sapienciales: el temor de Dios, la búsqueda de la ley, la retracción del pecador que se justifica en sus antojos, el valor reflexivo de la prudencia, el blindaje del soberbio y su condenación, la exhortación al joven para que siga el camino recto, el deber de seguir el dictamen de la conciencia y obedecer los mandamientos, la relación que hay entre el creer en Dios y atender a sus preceptos y finalmente el confiar en Él para que podamos obrar esta maravilla perdida en el pecado original.
No somos religiosos en el sentido mundano ni legistas de Israel, simplemente nos rodea la hipercrítica y desestructurante circunstancia actual que nos ahoga como los férreos brazos de la Inquisición en su peor época. Escuchamos al sabio, libres de todo compromiso “corporativo” y respira nuestra alma acosada por los aullidos de los lobos que en la música de cada día nos hacen sentir su imperio. Pero sigue el sabio:

                                    AL QUE TEME AL SEÑOR NADA MALO LE SUCEDERÁ

No le podemos pedir que nos libre del frenesí que hace epicentro en los carnavales, donde todo es expresión coporal, barra que grita, aplaude, delira; donde todo es invitación, no a la danza como la séptima de Beethoven, sino al olvido de la interioridad espiritual. Ya Freud y Nietzsche habían cargado contra el espíritu confundiéndolo con las moralinas resultantes del verdadero olvido del ser y del sentido de la fiesta. Pero el estado de cosas ha liberado de la doctrina y de la oración que la despeja y establecido el derecho del fatuo:
                               QUE ES COMO LA RUEDA DEL CARRO
                                COMO EL EJE QUE DA VUELTAS
                                 EN SU PENSAMIENTO
                                COMO EL CABALLO QUE RELINCHA
                                BAJO CUALQUIER JINETE

Pero todos los hombres fueron hechos del polvo como Adán. A unos los bendijo con la sabiduría sin embargo y a otros no porque

                               EL HOMBRE ESTÁ EN MANOS DE SU HACEDOR
                               EL CUAL LE DARÁ EL DESTINO SEGÚN SU JUICIO
 y da sabiamente la esencia de lo creado: la finitud de los opuestos:
Pero una cosa es Pablo: Onésimo sigue siendo esclavo socialmente aunque sea en Cristo otro Pablo. Otra cosa  es Rousseau: todos los hombres son libres por naturaleza. Allá en la gloria son santos e hijos. Aquí son iguales y ciudadanos. Distinguir es saber o bien saber es saber distinguir. El ¡ah es igual, es parecido! No pertenece a filosofía alguna. El dicho de Sancho: lo que va de Pedro a Pedro que no todo es hacer barbas.
                              CONTRA EL MAL ESTÁ EL BIEN
                              CONTRA LA MUERTE LA VIDA
                              CONTRA EL JUSTO EL PECADOR
                              ASÍ LAS OBRAS DEL ALTÍSIMO
                              LAS VERÉIS PAREADAS
                              Y LA UNA OPUESTA A LA OTRA.

Y a continuación le da el consejo al Rey Lear para que no se entregue a sus hijos pero inmediatamente habla del castigo al esclavo indolente y el cuidado para el siervo fiel .Es de un realismo (hablando del esclavo: antes de Rousseau se veía natural lo inmatura)l que repugna al hombre que está bajo la gracia (por ejemplo en la epístola de Pablo a Filemón) y por cierto a la humanidad libre revelada al paseante solitario y a los poetas de la modernidad. Así se ve la necesidad del tiempo pleno que revela lo que los justos y los profetas quisieron ver y no vieron y la necesidad de LA SABIDURÍA DEL NUEVO TIEMPO. Y también la revelación de la libertad como absoluto en la divina naturaleza. Tal cual ha sido en Rousseau (blasfemado por la ignorancia) Schiller (buenamente considerado poeta común) y Hölderlin (como loco).
Claro está: se pasaron de libertad a liberación y estamos en la  enfermedad de la hemorroísa. 
Por eso LA LOGOTECTÓNICA hace justicia con todo y nivela en la unidad de la paz: TRANQUILIDAD EN EL ORDEN DE LO PAR Y DISPAR.
Decimos: la revelación para la época media estatuye la Iglesia en San Pablo y el estado República en Rousseau y Schiller y la patria de la pura libertad en Hölderlin. Y los muertos que vos matáis gozan de buena saludo. Si le realidad es lo que existe, las instituciones existen, la Iglesia y el Estado mas su existencia inmediata no es filo-sófica. Es lo invisible en ellas lo que las hace y las hará existir por más que la an-arquía ocupe su lugar desestructurante.
Por de pronto las palabras hablan y la verdad indica. En todo caso no hay excluidos ni entenados.

Pero una cosa es Pablo donde Onésimo sigue siendo esclavo aunque sea en Cristo otro Pablo. Otra cosa es Rousseau donde todos los hombres son libfres por naturaleza. Alla en la gloria son santos e hijos en el Hijo. Aquí son iguales y ciudadanos. Saber distinguir es verdadero saber: sinó verlo en Platón.

miércoles, 22 de febrero de 2012

LA IMAGEN Y SEMEJANZA‏


¿Qué has visto?, preguntó Flora mirándolo a los ojos con ansiedad
Un mundo de  vacas, caballos libres y miles de pájaros posesores, en la mansedumbre, de los campos. Inclusive en una solitaria aguada bebía una yegua toda manchada con su potrillito blanco. Un espectáculo donde pareciera no haber nada de extraordinario sino el hecho de que representa perfectamente el paraíso descripto por el poeta bíblico. Los otros animales sin duda se escondían aunque es el camino usual de don Rosendo, un hombre en algún sentido originario. No tiene afán de “conocer mundo, así como sus caballos que parecen nacidos de la tierra como hijos de Poseidón” dijo enfáticamente Florencio.
“¿No leímos en el viaje aquello de “vaca que cambia querencia se atrasa en la parición”? dijo Flora
“Se llama querencia al lugar donde se habita y ciertos animales lo representan y algunos hombres que vivieron siempre ajenos al ímpetu las ciudades, cuyo querer es cambiar incesantemente” sentenció Florencio
¡Hay un misterio en todo esto! Dos tipos de hombre: el tradicional y el hombre que vemos emerger en las ciudades porteñas! ¿Es para elegir?” se preguntaba Flora sinceramente.
“No creo que haya elección: la sociedad humana es un torrente y los hombres parecen gotas de ese torrente que se funden con estruendo creciente. Su esencia no entra en cuestión porque los así llamados accidentes son lo que predomina: el cambio infinito, la dispersión sin fin” se lamentó Florencio
¿Y entonces nosotros, nos salimos de torrente?” se admiró Flora
“A nosotros nos ha traído un destino que tiene que ver con nuestra tierra de tantos monasterios cuyo destino permanece oculto. No es solo el oriente el así llamado quietista. Nosotros en Europa hemos iniciado desde su origen una relación real con Dios quien se ha acercado máximamente: se hizo hombre y cabeza de la Iglesia y en su cuerpo nosotros somos orantes o bien operantes o bien coadyuvantes. En ella vivimos ya la vida eterna en el tiempo litúrgico. Nuestro futuro es cierto: Aquel que ya poseemos, el cual sacramentado  nos lleva a las moradas del Padre celestial.”
“¿Pienso bien si digo entonces que el futuro es su Hoy desarrollado en nuestra vida con el alimento de su cuerpo?, dijo la del linaje de Llul.
“Sin duda no debemos esperar a otro, como decía mi maestro, el padre Juan Ramón que esto enseñaba en clases y sermones, todo lo demás es cuestión de detalle: los accidentes inherentes a nuestra condición material: cualidad, cantidad, relación, lugar, estado etc.”; muy urgentes pero accidentales para la sustancia que en nuestro caso es la persona, lo que somos cada uno de nosotros en nosotros mismos. Es bastante fácil ver que el impulso del mundo se ocupa de la satisfacción de las necesidades pero al mismo tiempo parece ir en detrimento del misterio revelado de la persona, en beneficio de una liberación comandada por las ciencias de la experiencia inmediata”, dijo Florencio, recordando a su maestro del colegio que más lo influenció. No debemos dejar la joya y quedarnos con el envoltorio”.
“Y de allí se induce a una creciente carencia de vida interior. Cada vez más un Ramón Llul es de un pasado pisado” dijo con pena Flora
“Y aún será pisoteado cuando las técnicas se expandan dándoles a los hombres todas las incitaciones a la distracción posibles e inimaginables. Las ciudades crecerán por eso mismo y la exterioridad de los accidentes o de las necesidades corporales irá en aumento. “Amonestado por ti entré en mi interior y vi una luz inconmutable, muy otra cosa que toda luz creada…¡oh cara eternidad! ¡oh eterna caridad: tú eres mi Dios! escribió Agustín en mi clásico preferido, las  Confesiones.”   decía Florencio siguiendo con su línea.
“¿Nosotros dos somos tan raros?”  y se estremeció Flora con su conclusión.
“Nosotros fuimos llamados –si ha de creerse en el Evangelio- a habitar, trabajando entre personas bien como pensamos en Jesús en Nazaret, lejos de las multitudes y de la vida política” justificó Florencio.
“¡Ah entre los pocos que nos rodean y están arraigados! Recuerdo las palabras: “siervo bueno has sido fiel en lo poco pasa al gozo de tu Señor” agregó Flora.
“Y nos precedió el destino –tan común en otras épocas- del tío Tobías. Ahora cada vez parece más raro lo que antes era admirado por los que no se sentían capaces: la contemplación. Las temporas de la Iglesia atraviesan nuestra historia y son su columna vertebral. Aquí se vive la Pascua que es el paso a la eternidad y la Navidad que es el ingreso en el tiempo de la eternidad. No inventamos nada: en todos los monasterios se ha vivido junto con las horas de San Benito por casi dos mil años” dijo Florencio con la convicción que tiene la vida joven cuando cree algo aunque sea tan opuesto al común sentir de las  gentes ya alucinadas por el así llamado progreso indefinido.
“Pero dejemos a quien nos puso en la existencia que lleve adelante sus designios insondables por las creaturas: dio la orden de marcha al decir: “Creced, henchid el mundo y multiplicaos” y antes: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza y varón y mujer los creó”. Miles de porqués no podremos explicar pero sí el nuestro: estamos aquí y echaremos raíces junto a nuestro algarrobo porque amamos al amor que nos hizo varón y mujer a imagen trinitaria (como comunión de personas), ahora para alabarlo entre sus creaturas, luego cara a cara” dijo consolándose Florencio.
Conversación programática tuvieron y Florencio recién se daba cuenta de algunos cambios que había en su cocina. Las novedades que Flora había colocado en las paredes eran regalos especiales de sus padres, implementos que habían sido de su familia y ahora lucían tan lejos de las cocinas mallorquinas. Debía acostumbrarse Flora a esa sensación de lejanía que la ponía perpleja; debía vivir la cercanía cuando es  Él quien los une y quien los deleita en la memoria.
Lo que va separando a las personas es la diversidad de las cosas que borra esa condición de cercanía, es decir el pecado como conversión hacia las creaturas. Aquí las personas no estaban giradas sino a una misma Persona: la que los hacía amarse y amarlo sin apoyo en las cosas efímeras tras las cuales corren las personas que no se conocen a sí mismas como tales. De ahí el: “dejad las cosas y seguidme”. Él: primero, porque es el principio de nuestra persona y por Él amamos infinitamente, es decir no por las cosas finitas y perecederas. Así era la doctrina aprendida en Palma medieval.
Flora espontáneamente vivía esto con sus padres, lo que no era tan claro en el caso de  Florencio o por lo menos tan intenso: sus padres eran más mundanos o amigos de las cosas.
Ellos gastaron lo que quedaba de luz en esta larguísima meditación, no común en jóvenes pero sí explicable en los que han concurrido a escuelas humanísticas verdaderas en el ejercicio del espíritu.
 Ahora el sol de invierno se hundía en las sierras chicas y  dejaba su ardor en las sierras grandes que daba el ritmo de la paz sin obstáculo alguno. Desde su cocina fueron paladeando el lenguaje de la luz dorada, roja, celeste acerado, otra vez rosada, luego morada, azul otra vez y todo los colores juntos, palideciendo hasta la sombra enorme que dejaban esas moles de pétrea antigüedad cuando el cielo mostraba algún lucero en un índigo brillante.
Se imponía un guisito de arroz en la amada  cocina a leña que hicieron entre los dos. En ese momento se creían en el paraíso. Y en verdad así estaba deliciosamente escrito:

                                VARÓN Y MUJER LOS HIZO
                                A IMAGEN Y SEMEJANZA LOS CREÓ

El quillango los cubrió en otra noche helada y el lenguaje natural y espiritual de los esposos fue todo uno.

domingo, 19 de febrero de 2012

PRIMERA RECORRIDA

¡Hay que sentir esa presencia no atenuada por ningún suceso!  Todo movimiento en el interior de ese luminoso claustro en una vida que adopta la antigua simplicidad de ese viejo camino entre jarillas que llevaba hacia una vieja represa entre el espeso monte habitado por caballos que dejan senderos para llegar al agua y se vuelven por ellos en hilera disciplinados como estudiantes de una escuela ideal, la naturaleza.
La mañana era purísima como la mayoría en ese valle donde el cielo es un transparente cristal que espera los rayos del sol invernal para brillar como el éter de los dioses del Olimpo. Nada en el invierno es inhospitalario salvo el frío mismo que va cediendo hacia el mediodía y produce una tarde templada.
Florencio a caballo en el alazán sobre un apero cuya última pieza era un cuero de oveja seguía alborozado al bayo que parecía que apenas si ponía los cascos en el suelo. Tras pasar un claro con pastos de penachos blancos se divisó la casita de Rosendo con un pozo y molino con bebederos y a unos metros una represa alambrada bien rodeada de algarrobos, no como la anterior. Era un rancho bien arregladito con techo de chapas y como era usual con un patio bien aplanado  señoreado por un algarrobo viejo. Detrás de la casa salía un camino que daba al que conducía al pueblo ya no  muy lejano.
Llegaron. Los esperaban con unos mates y pan casero que al partirlo se veía suave y tentador. Se sentaron en la cocina en unas sillas con cueros de oveja que  fue llenada por la alegría de sus moradores por recibir a este nuevo patroncito que ya les inspiraba confianza. Rosendo dijo entonces mientras pasaba el mate:
“Ahora ve Ud  la aguada de este sector que tiene pasto. La represa tiene poco agua y por eso está cerrada para que no se haga pantano. Los animales toman agua de los bebederos del molino, tenemos aquí cien animales entre vacas y novillos chicos y van viniendo al.agua y los miramos y remiramos.
 Otros cien hay en el cuadro vecino: en un rato iremos a revisarlo, también puro monte donde se conserva bien el pasto  y los animales están abrigados. También hay otro al sur con otras cien y dando la vuelta hay dos cuadros más desmontados donde tenemos novillitos y los toros”.
“Hay que cuidar y andar entonces”, dijo Florencio
“Esa ha sido nuestra tarea junto con marcar y vacunar en la yerra. Tenemos buenos bretes”, contestó- Y esa ha sido nuestra vida y no conocemos otra. Para las fiestas de la Iglesia vamos al pueblo, tenemos un sulky y visitamos a algunas familias amigas y medio parientes”.
“Bueno, hay muchas formas de vivir en las ciudades. Pero tienden los hombres modernos a vivir buscando chucherías y a buscar problemas los desocupados. Mucho entretenimiento que los distrae y cuesta luego volver. Estar consigo mismo y con la familia se vuelve “aburrido” más y más para los citadinos, dijo el joven de Barcelona.
“Aquí no alcanzamos a aburrirnos: hay mucho que hacer. Y cuando estamos melancólicos (que a uno le viene sin saber porqué) mi marido toca la guitarra y mi hijo, cuando está, el bombo de cuero mientras nosotras hacemos alguna cosita con las manos. Pero eso cuando tenemos resto porque el sueño nos vence fácil aquí y rezamos antes de dormir. A mí me acostumbró mi abuela, mujer muy creyente y catequista.” dijo, Zunilda, mujer  que se notaba muy firme. Y corrió a mostrarle sus libros de la Historia Sagrada”.
Bien está eso, el conservar lo que nos ha sido entregado. Así    “el futuro tiene sentido propio”, dijo Florencio aprobando. Él ya había llegado a pensar que el futuro que era la panacea de los hombres de las ciudades no era lo que se decía. El futuro no era nada sin el pasado que rebalsa sobre el presente. Es más: pensaba que era la dirección de lo que nos ha sido entregado. Él sentía que pasado y futuro eran presente. La sociedad ya se aceleraba hacia el futuro aborreciendo ostensiblemente el pasado.
La familia estaba encantada con  la  visita pero había que ir a recorrer y entonces subieron a sus caballos; el de Rosendo era un  moro muy dúctil que prácticamente arreaba solo. Bernardo que se mantuvo callado partió hacia su casa y los dejó internarse en el monte de jarillas y algarrobos en dirección a la aguada del otro campo.
Entraron por un sendero y cuando estaban en el medio del cuadro Florencio se estremeció por la densidad soledosa. El vacío  estaba pleno de pájaros  y otros seres que se hacían invisibles al paso de los intrusos seguidos por los dos perrazos de Rosendo graciosamente manchados en cuerpo y cara. Más y más intimidad y aromas de los árboles que crujían por la brisa ¡Era cierto: el frío se atenuaba completamente y las vacas con las que topaban se veían en un paraíso!  No se veían sufrientes por el seco invierno.
Llegaron a un molino con bebederos  donde bebían algunas vacas y  una yegua overa con su portillo, peludos por el invierno. ¡Si lo viera Flora! pensó.
Finalmente atravesaron los cuadros desmontados donde pudo ver media docena de toros de buen porte  que lo entusiasmaron. Estaban solos sin las vacas preparándose para la primavera y pasar a servicio.
El cielo azul sin nubes les caía encima como un tul impalpable y ahora veía la sierra densa de un azul que crecía al violeta como la lavanda y pensó: ¿siempre me emocionará su presencia?
Habían andado mucho y comenzaba la tarde. Entraron por el campito donde cabalgaran con Flora, desde lejos se veía el humo que se elevaba de su casita y su corazón se ensanchó. Al llegar Rosendo se despidió y retomó el camino al galope de su moro y Florencio orgulloso (después de desensillar el alazán y largarlo al pasto entró a su casa donde encontró la mesa del té servida con una torta que había hecho Flora en el horno y bollos que había ensayado en su ausencia.
La profunda soledad se llenó con palabras que acercaron a los esposos, cercanía que es el objetivo de la existencia entre personas y fin último de la vida, que llaman “eterna”. Nada futuro sino presente y presencia.
Ellos estaban en el momento de la admiración pues veían todo por primera vez  ¿Permanecerían siempre así? O mejor ¿perseverarían en la permanencia? Para ello el futuro debía ser ensanchamiento del presente. Y este tiempo así visto se llama amor

jueves, 16 de febrero de 2012

EL CAMPO GRANDE

  Después de la reunión fundacional su primer paso fue recorrer el campo. Flora lo despidió tambien con su tarea entre las manos. Modelar su casa: masd tarde vendrían los niños de Bernardo a ayudarla y orientarla en los contornos: la loma que estba a sus espaldas era un continente desconocido para ella y toda la cercanía de su casa poco o nada conocida.
Bernardo lo llevaría hasta lo de su primo Rosendo en el fondo este del campo. Tenía los dos caballos preparados: el bayo que era suyo, corcel de marcha y aspaviento, y el alazán que ya Florencio había monatado. Salieron derechito por el camino desde la puerta grande de los corrales hacia la represa del medio que captaba el agua de lluvia con acequias diversas que se perdían en el campo.Cuando llegaron entre un monte más bien ralo Florencio subió al borde de la represa y contempló toda la extensiónde la sierra de unos ciento veinte km de largo. Parecía una ola oscura (no había salido el sol por encima) que guardaba  aún l a noche divina de Homero.                     
 Se  le antojaba que estaba solo en  como un primigenio  colonizador          a disposicion del misterio: sin historia, sin pasado, sin futuro con un presente tan anchuroso que elpasado y el futuro no eran nada.
Si el alazán no se hubiera impacientado se hubiera quedado pegado a esa presencia o ser que se iba adjuntando a su ser sin poderse ya diferenciar. Y Bernardo clamó:
¡Esta es nuestra sierra da ganasde acarciarla como el lomo de un caballo!
Ante esa expresión se puso en marcha saliendo por una tranquera que abría el camino hacia la casa de Rosendo. Marchaban al paso del bayo que le pareció un hexámetro bien medido pues andaban sus patas traseras sobre la huella de las delanteras ¡exactamente! Ya el sol había salido e iban esparciendo pájaros a su paso. Recordó entonces aquellos versos de San Juan de la Cruz: "y pasaré los fuertes y fronteras". Su espíritu   "ibade vuelo".

miércoles, 15 de febrero de 2012

LA REUNIÓN COOPERATIVA

  Al día siguiente Florencio promueve una reunión con las familias y Tobías. Fueron viniendo y se ubicaron en la gran mesa de la cocina. Flora después de recibir a las mujeres con gran muestra de afecto se llevó a los chicos  a la sala y les mostró unos libros de cuentos que ellos ni en sueños imaginaran. Mérito de la literatura que se fuga de la realidad y de
la imprenta cuando estaba a su servicio.
    En la mesa comenzó a circular el mate que cebaba Zunilda con hierbas serranas. Entonces con cierta solemnidad propia de su edad y función Tobías tomó la palabra:
  “Éstos que veis aquí son mis sobrinos dilectos que  me heredarán y están decididos a vivir en este campo que nos cobija y es para nosotros una bendición del cielo. Dirán ustedes: Dios da a unos y otros no poseen lo mismo. Esto ha sido así desde que los hombres se conducen solos, fuera de Dios, porque al principio no fue así. Dios simplemente permite la desigualdad hasta cierto punto porque también da dones diferentes por los cuales unos saben una cosa y otros otra y a unos le toca mandar más y a otros menos, aunque cada uno manda en su casa y como suele decirse: debajo de mi manto al rey mato.
Lo que es fundamental en la vida es aprovechar los dones y los días que Dios nos ha dado antes de pasar a contemplar su rostro. Tenemos que saber (y lo sabemos en la fe) que hemos sido hechos por El, para Él y en Él. Si esto último es difícil de comprender (a mi me lo explica siempre el padre Mateo) no lo es que Dios es nuestro Padre y que en vez de huir de Él como muchos hijos hacen con su padre para seguir a sus amigos, debemos ir hacia Él, quien nos llama y nos atrae hacia Él y ha preparado para nosotros lo que ojo no vio ni oído oyó. Él pues es la estación terminal hacia adonde viajamos y queremos hacer de este tren lo que es: el convoy del paraíso. Nosotros por suerte vamos en ese tren.
Muchos, demasiados, no lo ven así o no lo quieren ver. Los hombres usamos de las cosas pero debemos gozar de lo que nos ha dado como don personal: en primer lugar: su imagen y semejanza, la persona que nos pone ante la que tenemos al lado como una copia mía, como “otro yo”.
Después viene la vida de la naturaleza en la cual estamos incluidos como amos de la creación. Los árboles, los pájaros y los animales que criamos. El caballo y el perro que nos acompañan solidarios hasta la muerte y esta sierra que nos abraza cada día y deja salir sus arroyos.
Después los bienes económicos con los que sustentamos a la familia y le damos casa. Y nos dio la ciencia y la educación para que nos ayudemos (el medico, el ingeniero, el mecánico).
Todo esto en una patria (que nos  da la pertenencia  a una tierra) lo usamos y lo gozamos  mientras vamos de camino; y para mejor asegurar la llegada tenemos la Iglesia que nos hace nacer anticipadamente a la vida del cielo y nos da los sacramentos que nos curan el alma y la alimentan.
Pero gozar obtener felicidad: eso lo podemos tener solamente en Dios. Mucho tenemos pues que hablar con El: ¡tenemos que ir hablando con Él, tenemos mucho que decirle! ¿Recuerdan a doña Berta? Mientras limpiaba la casa iba diciendo: “gracias Señor, gracias”. ¿Si esto le decía mientras barría qué no le diría a sus solas?
Todo esto se los digo porque si usamos bien de la Bendición sin desviarnos  por tanta cosa vana que vemos en la gente y escuchamos decir (¡lo peor es dar oídos a lo que “se dice”!), se nos allanará el camino de la felicidad tan dificultoso de por sí.
Tenemos suficiente aquí para la vida de todos, siempre que pretendan ser hombres simples de Dios. Y más cuando escuchen a este catalán, sobrino mío, que tiene su plan que con todo entusiasmo hago mío”.
   Entonces calló con la misma solemnidad y dejó la palabra al joven Florencio que vio en los rostros admirativos de Bernardo y Rosendo cuánta autoridad tenía el tío basada en el bien que había hecho con inteligencia en esos años.
   “Vosotros estáis arraigados en este sitio donde mi esposa y yo pretendemos enraizarnos. Nos miráis como gente rara de la ciudad y encima extranjera. Venimos, es cierto, con pensamientos quizás raros pero no malos ni egoístas.
     Yo he estudiado en una escuela donde se aprendía a producir en lugares no tan buenos como los que veo aquí.
  El hombre con tierra y agua tiene un tesoro si la cultiva en forma ordenada. Yo creo en el autoabastecimiento: podemos producir todo y cada cosa de lo que necesitemos y lo que nos sobre lo elaboramos y lo ofrecemos a la venta. Me refiero al huerto y a la granja que con ser el trabajo más bello nos dará confianza en nosotros mismos y sobre todo les hará ahorrar casi todo el sueldo. Para hacerlo ordenado hay que trabajar en cooperativa. Esta es la palabra rara que traigo y que he aprendido en  Cataluña: que varios poniendo la fuerza en un mismo punto salen de la miseria estén donde estén. ¡Así lo han hecho en el otro continente en malas épocas para los jornaleros!
Aquí vosotros tenéis cada uno una huertita y algún arbolito frutal y por suerte leche. Pero gastáis el noventa por ciento de vuestro sueldo en vituallas. Con nuestra cooperativa lo ahorraréis y además nos sobrará para darle a algún necesitado ¡Y en vez de leche sola venderemos dulce de leche! y los dulces más tradicionales. Pero mejor que vender dulce de leche es hacer nuestros alfajores ¡Hay tres mujeres, una jovencita y dos niños! Ya veo los alfajores  la Bendición” consumidos en los pueblos serranos y se me hace agua la boca porque no sabéis las recetas trae doña Flora.
Para ello le pediremos a la Estancia la Bendición el dinero para la fabriquita, los materiales: alambres para el gallinero perfecto, chiqueras para los chanchos, jaulas para los conejos, cercos para los gansos y patos junto a la acequia, otros para los pavos, corrales para las ovejas, arbolitos frutales también cercados. Pero lo haremos todo a pequeña escala. Con esto tendremos todo para la vida pero bien ordenado; y debatido una vez por semana en reunión de cooperativa donde cada uno de nosotros, varón o mujer tendrá voz y voto ¡Y el primer presidente está cantado: don Tobías! Es más así se llamará la cooperativa.
  Pero veréis: esto va paso a paso. Primero una cosa (decidida en el consejo) y luego otra hasta tener la Granja completa. Por otro lado están las vacas de donde les vendrá el salario a Rosendo y Bernardo que si se esfuerzan como veo les valdrá para más que para comprar sal.
  Primer paso será alambrar el lugar más adecuado y comenzar con una huerta que tenga por turno ¡todas las legumbres! Y digo todas de la A hasta la Z. He traído algunas semillas que quiero probar ya mismo. Mes de Julio hay que preparar los canteros que han de recibir los cultivos de primavera. Vamos a comenzar con la acelga, achicoria, alcaucil, apio, berro, cardo, cebolla, arvejas, escarola, espinaca, habas, lechuga, lentejas , nabo, remolacha, rabanitos y perejil. Pero hay que hacer una vidriera para sembrar ajíes, albahaca, tomates, melones, pepinos (los comemos nosotros en España), sandías y zapallos de Angola. Dirán ustedes ¿Ya, en pleno invierno? Le vamos ganando tiempo al tiempo.
   El sábado: primera reunión y ¡comenzamos! Pero primerísimo: las esparragueras. Nosotros no somos nada sin ellas. Veremos el lugar apropiado y ya veréis como os vale un pan por ciento. Y hablando de pan me gusta el casero que hacéis pero yo traigo más de diez recetas de panes que os habéis de comer los dedos. Veo un hornito detrás de casa que veremos cómo se desempeña”.
   Florencio terminó de hablar y dejó un silencio mayor que el de don Tobías. Había dicho tanto y dibujado todo mientras el alma se le salía por los ojos. Flora derramó una lágrima furtiva, admiraba la firmeza de su esposo ya demostrada en su vida de profesor, donde enseñaba en clases prácticas lo que acababa de exponer. Para suavizar el ambiente dejado por el discurso de un catalán nada mejor que la ternura de una mallorquina, devota de la virgen de Lluc.
“Así Zunilda y Amelia practicarán conmigo los alfajores que se comerán Daniel, Mónica y su prima…” dijo y fue efectiva porque irrumpió el más callado de los hombres de campo, Rosendo diciendo:
“¿Y qué, nos piensa doñita dejar debajo de la mesa a los dulceros? Anticipo que soy el mejor para comer como se ve arriba del cinto y Bernardo no irá muy atrás con ese tamaño. La suerte, don Florencio, es que Bernardo es el mejor trazador de acequias con pala en mano: tiene una adiestrada que hace la mejor acequia: ¡hasta subir la hace al agua!”
“Es cierto eso,-dijo Bernardo con cierta ironía, pero tampoco encontrarán un alambrador más práctico que Rosendo y no lo digo porque crea que se quita trabajo de encima con lo de la pala: ¡hay que verlo poner los alambres de tensión, que serán esas bagatelas para gallinero…!”.
Tobías vio que había sido elocuente su sobrino y que sus peces habían mordido el anzuelo.

lunes, 13 de febrero de 2012

LA CONTEMPLACIÓN DE TOBÍAS

Lo vieron desaparecer por el sendero y presuroso iba hacia su ermita ¿De qué contemplación se trataba la suya a la cual se iba tan solícito? Simplemente era aquella que significa habitar en el sitio y dejarse acompañar por quien ha pedido hospedaje en el elemento donde reside la persona: donde las cosas se desvanecen esfumándose en la medida que los rostros se concentran en su santa faz, grabada en nuestra memoria desde que dijo: HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO.
Si Él nos convoca en ese acontecimiento máximo toda tarde se vuelve el escenario de la palabra del ser, que se dirige a cada uno diciendo: hoy estás conmigo, no temas. Y esto es lo que aguardaba Tobías en la permanencia, volviendo desde las cosas definitivamente y yendo hacia Quien dice: quien me ama guarda mi palabra y yo lo amaré y me manifestaré a él yo mismo.
 Y no hay método alguno sino el de la obediencia a la palabra por la cual uno se pone a escuchar a sus pies No es uno quien busca sino quien es buscado. Ha llegado el momento absoluto, se decía Tobías, El ha querido estar conmigo y en mí. No voy yo sino Él viene a mí
¿Cómo Señor quien soy yo para que Tú vengas a mi? ¿Y cómo tú vendrías a mí? –decía. “Tú ya estabas en mí antes del cosmos Yo me acerco a ti cuando estás dispuesto a hospedarme ¿Me dais hospedaje?” –oía decir a quienes han escuchado sosegados en el sitio o permanencia.
Muy simple, se trataba de esperar dando gracias a tal visitante que moraba en quien se abandonaba a la mansedumbre tras largo ejercicio sobre la callada tierra. El aguardar en un largo permanecer era  la gran cuestión.
Y la ermita era el sitio donde comenzaba el cielo en la tierra, la concreción del padrenuestro tantas veces rezado y ahora meditado. Se ponía en la presencia de quien es por sí mismo “presencia”  y ha asumido todo el tiempo y todo lo que es y pedía, nada menos que hospedaje, a quien podía y quería dárselo. “Yo soy ¿me dais posada?
Mientras tanto los esposos capitaneados por ese tío, semejante al fiel Tobit,  se aprestaban a leer las lecturas del día en la marcha del año litúrgico tal como desde el origen lo propone la Iglesia como liturgia de la palabra que culmina en la eucaristía. Ellos allí solos sabíanse acompañados por el sacrificio del altar en todo el mundo además de los bienaventurados en el cielo que ven cara a cara a Jesucristo como dice el Credo.
 Y ellos por un milagro acaecido en muchos lo habían creído lo aprendido en la primera comunión,  quizás porque los espinos o la dureza de la roca no les impidió el crecimiento de la palabra enseñada. Debían estar alertas por su juventud por mor de la cizaña y para ello les había tocado el cura alemán y el tío que siguiendo la larguísima tradición de su tierra mallorquina rezaba por sus prójimos en una ermita.
Estaban ellos claustrados por ese muro serrano de viva luz zigzagueante. Flora de emoción en emoción observó:
“Estas lecturas del tiempo ordinario después de la fiesta del corpus cambian sólo en un año par o impar, pero el año es siempre el mismo: quiere decir que dentro de diez años andaremos el mismo año litúrgico y si estuviéramos en la isla de Robinson y no pasaran acontecimientos del mundo viviríamos plenamente en lo mismo creciendo en la comprensión de las palabras y en la experiencia de ellas. De la Navidad a la Pascua y de la Pascua a la Navidad”.
“Con un añadido que Robinson no tenía ni podía tener por estar perdida  en su cultura: la liturgia de la eucaristía que nosotros tendremos los domingos y fiestas y si el tío fuera autorizado a dar la eucaristía, como creo que lo estará, diariamente”, dijo entusiasmado Florencio. Aquí debería haber una capillita porque hay dos familias, nosotros y el tío, como la tenía la escuela y en el recreo largo se daba la eucaristía allá en Barcelona.”-
“También nosotros la teníamos, no somos menos que vosotros” dijo con voz tierna y cristalina- Y aquí tendremos música de capilla muy pronto…con aquellas partituras que me regaló el maestro que abarcan varios siglos ¡Música tan sencilla para la liturgia!”.
Con la idea de la circularidad del tiempo que como dijo bellamente Platón es la imagen móvil de la eternidad se solazaron en aquella cocina que ya necesitaba del fuego de jarilla para tomar alguna sopita que calentara los cuerpos en ese invierno que pronto comenzaría a declinar hacia la primavera, porque el tiempo de las cuatro estaciones era lógicamente circular y singularmente bello con sus cambios y transiciones: ¡como la música!
¿Qué sopa quieres?-dijo ella…él pensó: de perdigones de perdiz ¿tienes? -Tengo dedalitos dulce -susurró
Esta cocina y su intimidad conversada los acercaba suavemente y bullían sus mentes por lo que al día siguiente debían comenzar: Florencio su plan para la nueva “Bendición” y Flora edificar su hogar como quien cava imaginariamente  una cueva infinita, una mina llena de galerías cuya riqueza consiste en algo de lo que la mujer es sede: la sabiduría, según aquello de las letanías laurentianas: SEDES SAPIENTIAE.

sábado, 11 de febrero de 2012

LA CARTA

     El almuerzo fue animado por la parte de la conversación donde se destacaba la voz de Tobías en un discurso más abundante que el cocido de Flora.
¡Ah me recuerdas a tu madre y a la nuestra con este sabor! -dijo Tobías, interrumpiéndose un poco, quizás por nostalgia o por el recuerdo de su esposa. También Flora palideció un tanto al ver el rostro de su madre en la semejanza del tío y se propuso dejarlos hablar e irse a su habitación a escribirle.
   Florencio mientras tanto conteniendo toda tristeza con su firmeza dijo, mientras mojaba el raro, para él, pan casero serrano en la salsa:
Tío aquí tenéis un profesor de ciencias agrarias dispuesto a aprender y a aplicar lo que sabe en esta estancia que habéis llevado adelante tantos años…
Bien, contestó Tobías, pues te diré que aquí tenemos quinientos animales de raza Hereford, predominando las “polled”. Ese plantel que has visto allí han parido adelantadas, no sé si para recibirlos a ustedes. El cuadro donde están lo llamamos “la maternidad”, el campo tiene cuadros alambrados desmontados y otros con monte, unos más espesos que otros…
¡Ah son preciosas esas vacas con esos terneritos cara blanca, -dijo Flora oyendo, desde la pileta donde ya lavaba los platos mientras les hacía un té de poleo (lo había traído Danielito), la virtuosa historia de los antecesores vacunos de pelo blanco. Así les sirvió el té con unos chocolates y se fue a su habitación mientra ellos entraban en tema.
Su habitación con su ropero en la pared  tenía una mesita en la pared frontera, bajo la ventana, desde donde se podían ver las sierras lejanas del oeste y campos abiertos bordeados de monte. Se sentó allí, trayendo papel y pluma, y con raro estremecimiento comenzó a escribir, sin dejar de contemplar por su ventana ese mundo vacío lleno de hierba y árboles habitado por aves y algunas tropillas de caballos de preciados pelajes y vacas inclinadas sobre los entonces secos pastos de diversos tonos de amarillo y blancos penachos. La carta decía así:

Muy querida mamá:
                              Hemos llegado a la Bendición. El tío le ha puesto el nombre justo. Hay aquí un no sé qué que se respira desde que abres la tranquera y ves ese camino que conduce a nuestra casita entre dos campitos alambrados que se llaman  “la maternidad” porque allí tienen las vacas sus terneritos ¡En este caso tienen las caritas blancas y causan ternura! Los mugidos de las madres son nuestro ruido más estruendoso. Pero he aquí que se pierden por los montes de jarillas y algarrobos con sus ecos sincopados. No quiero pecar de ingrata con nuestras montañas, (ya que soy hija de la virgen de Lluc allá arriba y amiga de las gemelas montañas de mi tierra natal) pero estas sierras antiguas me han cautivado. No hay monasterios ni ermitas famosas como allá pero llevándolos yo dentro desde mi infancia me deleito en la iglesita colonial de nuestro pueblito de donde salió un cura alemán amigo del tío que es un pozo de sabiduría.
    Ahora están hablando los dos, Tobías y Florencio en nuestra cocina desde donde veo las vacas de cara blanca entre tres formaciones de sierras azules, muy azules, como nuestro mar. Al oeste la sierra grande que nos está cerca, al este, por el contrario, lejanas y así también al norte, las de Autaltina. El aborigen se ha mezclado con el serrano o simplemente ha desaparecido: no como en otras regiones.
    Por aquí se ve muy poca gente. Tenemos dos  pequeñas familias que trabajan en la estancia. Tienen niños y ya  soy su maestra natural.
    Todo es aquí pequeño en humanidad y grande en naturaleza libre y muy español pues están presentes en su enjundia quienes vinieron en siglos de conquista y colonización de América. Hay santuarios a la Virgen en cada pueblito. En ello me hallo como en casa. No hay dialecto mallorquín. Pero sí habrá empanadas en cuanto consiga los ingredientes.
    Sólo es que me faltas tú, madre querida. Y mi  padre a quien dejé herido como el que ama al amado, con los langores de amor  en el  “libro del amado y del amigo” de nuestro Ramón Llul , quien tan cerca de nuestra casa lo escribió en Palma. Pero ese amor que fue la experiencia y enseñanza de nuestro coterráneo es lo que me hace amarlos y amar lo que hemos recibido del tío y nos une de tal modo que están aquí, junto a mí en cada momento
   ¿Qué nos separa? Mares y extensiones de tierra que he navegado con ansiedad. Cuando nos subimos al tren con camarote pudimos ver otro mar inmenso: la pampa argentina. Cuando se detuvo y me asomé por la puerta del vagón se vino encima toda esa tierra fértil sin límite y me llené de lágrimas de felicidad. Íbamos leyendo con Florencio Don Segundo Sombra para prepararnos. Pero me envolvió súbitamente al respirar hondo, el manto de la pampa, mientras mi vista no hallaba donde detenerse, pasando de un montecito a otro más lejano y pensando que las nubes viajaban al paraíso celestial. A la madrugada me desperté un poco en esa camita y el tren se detuvo un rato en un pueblo de campo. Sentía al jefe de estación trajinar con la luz que se bambolea en su mano y la deliciosa campana que tañen y yo desde el ensueño volví a sentir el hálito de los campos infinitos en una fuga como las que he estudiado.
      Al entrar en este valle, ya de mañana, nos limitaron dos hileras de sierras pampeanas de un color que no alcanzo a clasificar : es  color de la alhucema.
   Pero ya estoy en mi sala y en mi cocina y colocaré las cositas que me diste. Deben saber tú y papá que no están en mi pasado sino que él irrumpe en el presente de tal modo que lo ensancha o alarga como el convoy del tren al cual se le agregara otro vagón. Venimos de un origen y vamos todos a un fin en una misma arca.
   Hablando de llegada del tren: cuando llegamos a la pequeña estación nos sentimos como en aquellas películas del Far West y el tío Tobías como una especie de John Wayne. Andamos en un Ford A que suena como un conjunto de instrumentos antiguos. Íbamos por un camino de tierra estrecho y el monte de jarillas se nos venía encima. Pero ya te dije: ingresar por la tranquera de “la Bendición” fue como entrar en una dimensión nueva. Y no sé más pero lo siento. Estaré en cada cosita contigo porque en realidad no me he ido sino que su mano me ha puesto y Él esta aquí y allí y nos dará el Espíritu que nos acercará más y más.
   Seguiría escribiendo hasta el fin del mundo, ya que a ello la abuela me acostumbró, amiga que fue de doña Emilia Pardo Bazán. Las sierras que tengo a mi espalda me llaman a que las mire en esta hora de la tarde cuando mejor se ponen pues los rayos del sol les dan más de soslayo y voy a controlar la conversación de tu locuaz hermano contemplativo que andará necesitando lo que aquí se toma todo el día: unos mates, que se pasan de mano en mano. La yerba mate es como el té para los europeos.
   Así me despido por un tiempito y otro tiempo y volveré a vosotros como dice nuestro Jesús que los guardará en estos días raros donde vuestra Flora se corrió un poco del espectro. Unos grandes mimos de vuestra hijita a papá en especial que sufre hiperbólicamente mi ausencia. Es presencia  la ausencia, papá”.
   Plegó las hojas y se fue a avivar el fuego mas encontró la tarea hecha y el mate como la pelota de tenis mientras  Florencio trazaba en un papel un gran mapa de la Bendición con diferentes lugares de producción. El tío aportaba su experiencia y la velada se terminaba porque la luz del sol se lo llevaba a su ermita cuando las sierras comenzaban a arder como  “llama de amor viva que tiernamente hiere del alma en el más profundo centro”.

jueves, 9 de febrero de 2012

LA PERMANENCIA

La noche fue helada. Florencio prendió la chimenea que daba a su pieza por medio de una plancha de metal que irradiaba calor  y le dejo un tronco de algarrobo seco. Ellos se metieron en la cama debajo de un quillango que había dejado el solícito tío y pasaron la helada de la mejor forma que pueda pensarse en el mundo: con el calor de esposa y esposo que homéricamente estaban en el íntimo acorde de un mismo pensamiento. El acorde es armonía de los sentimientos desde donde el pensar despliega sus alas. Cielo amplio no les faltaba para el vuelo que habían comenzado hace ya dos días e ingresaban en el tiempo pleno.
A la mañana siguiente no muy temprano, cuando el sol había salido por la sierra grande salieron hacia la ermita con grande curiosidad. El aire estaba diáfano y los talas brillaban. El sendero junto a la acequia los invitaba a caminar. Ellos bien abrigados (a la europea) subían alborozados. Sobrepasando el cerco de talas  se encontraron con un antiguo alcanfor y unas hileras de álamos al sur de lo que parecía había sido un rancho de adobe y paja y ahora era la ermita de Tobías. Lo había acondicionado a su necesidad. Claro está, delante, al norte, le había colocado una gran ventanal para tener luz (los ranchos solían ser oscuros). Desde allí se veía al tío tomando mate frente a una especie de leccionario. Cuando los vio les abrió la puerta de rústica madera. Se admiraron ante los horcones de coco serrano y pasando junto al añoso y aromático alcanfor ingresaron en un espacio pequeño donde se veía el lecho en la pared sur y el armario, biblioteca en las paredes restantes y en un vértice un bañito elemental. Junto a una mesa de algarrobo cerca de la cocina a leña donde se calentaba la pava les arrimó dos sillas con esterillas, al lado había un pequeño oratorio bajo una cruz de madera. Junto al sencillo ambiente existían dos piezas que hoy obraban de depósitos.
 “Este fue el rancho de unos antiguos puesteros en épocas tan distintas que dan escalofríos por la emoción, -les dijo ¡Qué soledades! ¡Qué autonomía que hoy calificarían de  atroz aislamiento! Han dejado la bendición para la ermita. Si ellos no fueron contemplativos tenían solamente en claro la historia sagrada. Yo los conocí en su vejez y sonriendo me contaban la Historia Sagrada en cuyas narraciones se distraían porque ella sabía leer mejor que él, pues había llegado hasta sexto grado. Lo demás lo pasaban entre miles de pájaros y mugidos de vacas, graznidos de gansos que se estaban junto a la acequia, patos, cacareos de ponedoras y exclamaciones de pavos. Y por supuesto dos perros que recuerdo se llamaban, graciosamente, “Respeto” y Sacudile, si el primero no lograba la detención del extraño el segundo lo zamarreaba mordiendo los guardamontes, en el mejor de los casos.
¡Entonces sí que no pasaban hambre! Dijo entusiasmada Flora.
¡Ni frío! –contestó indicando con el dedo una pila de cueros de oveja.
 Si algo no tenían los hombres antiguos en estas tierras feraces era hambre. Les faltaron medicamentos cuando todavía la medicina era más restringida. Pero les sobraron curanderos que los conducían con la vida sana que llevaban. Y si hacía falta: ¡al médico del pueblo!
 No se desconoce que los hombres están más expuestos a los vicios y que el de las campañas es en general el vino. Pero pocos otros se conocen además  del desborde de la potencia irascible. El aislamiento y una evangelización básica después del cura Brochero lo explican.
En cuanto a las vituallas hay que saber que participaban de los beneficios de la estancia que siempre tuvo una huerta, un tambito y un maizal. Y de vez en cuando se carneaba un novillito. Nunca faltaba alguien que hiciera factura de cerdo.
¡Lo que les faltaba era lo que nosotros llamamos formación! Pero Martín Fierro alaba la riqueza del gaucho antes que los conchabaran en las guerras. Esto pasó y ha pasado hasta ahora en el mundo pues entra en el capítulo primero de toda historia: el pecado original cuyo efecto primero fue que Caín mató a Abel” ¡Y cómo se sufre en la humanidad todo el tiempo!”.
Olvidó el orador pasarles el mate que recién entonces tomó Flora. Florencio le comunicó la necesidad que tenía de hablar de los temas de la organización de la estancia.
Esto no es moco de pavo- dijo Tobías. Tardaremos varios días en poner en marcha el nuevo régimen. Pero podemos empezar a hablar nosotros desde ahora.
Bueno está, -dijo Flora. Venga luego a almorzar con nosotros y siguen hablando hasta que se cansen aunque juzgo  que esto no será fácil. Mientras tanto yo me retiro a preparar todo y a comenzar a ordenar las cosas.
¡Hasta que lleguen las otras! agregaba Florencio refiriéndose al resto de las pertenencias que constaba de libros y del armonio de Flora, la cual ya había salido y empezado a caminar por donde había venido, no más de dos mil quinientos pasos de su casa.
La mañana seguía fría a pesar del sol radiante. Una brisita del sur estremecía las hojas de los talas y el campo libre era abrazado por un cielo brillante e infinito. Su corazón sin embargo era una brasa ardiente y la dicha desbordaba sus ojos. Recordó de pronto a su madre y pensó en escribirle: de la abundancia de su corazón hablaría la boca. Mientras se hiciera el cocido ella escribiría, pues era un ejercicio grato a su corazón en el cual, precisamente su madre mucho había insistido en su niñez y adolescencia. Escribir como se habla siguiendo las reglas de la gramática para terminar hablando como se escribe para deleite de los oídos interiores. Ella sabía esto por la música y el coro: no de cualquier manera sino con buen ritmo y armonía.
Antes de llegar a su casa se encontró con los dos niños de Bernardo y los invitó a su casa. Ellos contentos la acompañaron y le ayudaron a traer y ordenar
 la leña, a barrer y después ¡caramelos para elegir! Les hizo muchas preguntas para ir conociéndolo todo. Mientas cortaba la carne, las cebollas había hervido los garbanzos y Danielito le había traído algunas hierbas aromáticas para que eligiera.
Un firme propósito se iba formando en su mente aquella mañana, algo que nunca se contempla por sí mismo mientras se vive: ¡permanecer!

lunes, 6 de febrero de 2012

LA PALABRA HABLA

La tarde avanzaba en los campos dorados donde las vacas pacían como testigos de la pertenencia al sitio. Ellos habían vivido en catedrales, avenidas, teatros, edificios públicos, callejuelas antiguas y sobre todo en agitados puertos del mar mediterráneo pero se miraban atónitos al experimentar lo nuevo: LA PAZ, lo más antiguo de lo antiguo.
Pues las vacas inclinadas sobre los pastos con sus terneros retozando alrededor, vistas desde su cocina bajo el manto impalpable de las sierras los arrasó y en ese súbito vacío los hizo ingresar en la permanencia del tiempo originario. Solos, en su cocina sintieron la cercanía como un descubrimiento de un nuevo ámbito: era lo nuevo dado de nuevo, pues nada más banal para la civilización, que sigue su curso no pensado, que unas vacas comiendo en un campo, es asunto en todo caso, de fondo en un tapiz, un paisaje bucólico, un tema para niños en una composición, un asunto económico. Pero a ellos le había sido “dado” y lo vivían bajo una luz donde el “sol brilla con claridad más nueva”. Algún profesor les había explicado el escudo de Aquiles y eso no era bucólico sino originario.
¡Estaban allí ya en un tiempo no medido! El campo era de ellos (no por  la propiedad), las vacas y caballos, las sierras receptoras del cielo, todo era suyo porque ya ellos les pertenecían y bajo esa luz comenzaban a estar en el simple don de la cercanía. Y entonces conversaban como nunca porque sus palabras no denotaban las cosas del esquema de este mundo que va pasando sino las de la tierra donde hay movimiento como el del escudo de Aquiles, movimiento  en el interior del TELOS o meta, un movimiento alrededor del ser en lo simple que está en el arraigo. Lo estaba experimentando ella en puro sentimiento y dijo:
¡Mira aquel ternerito cómo busca a su madre y como retozan con sus caras blancas aquellos más grandes! Un acontecimiento sin duda que no podría interesar a crónica alguna llena de páginas con batallas o con noticias siempre iguales que nada tendrían que consignar ante el hecho de la admiración de Flora. Sin embargo había historia.
Mañana comenzaré a enterarme acerca de estas vacas y del lugar donde tan felices están, -decía él. Me parecen un vivo cuadro pintado por algún ángel  donde la paleta  del pintor mezcla sus colores en la sierra.
¿Has hablado con Tobías de tus planes?, pregunto ella con admiración.
¿Cuándo hubiera podido hacerlo? Ahora ya se escapó a su ermita. Mañana a primera hora lo iré a ver allá, dijo con cierta impaciencia.
Ella con entusiasmo manifestó el deseo de conocerla remontando la sonorosa acequia. Al fin y al cabo sólo conocían su casita sobre falda de la loma y lo que alcanzaban  a atisbar desde allí, desde su cocina, que sería el sitio permanente del theorema.
El frío comenzaba a apretar, los niños de Bernardo vinieron con dos hatos de leña para reforzar el abstecimiento. Ella les dio unos chocolates que había comprado en el almacén y él encendió primero la cocina económica. Pronto crepitaba la jarilla haciendo que la imaginación los pusiera en un barquito a vapor que navegar en el océano infinito. ¿No es el hogar como un arca sobre la aguas? Eso los juntó más aún. Salió la luna llena por la sierra y el estremecimiento de los jóvenes era máximo. El sol se ponía por las lejanas sierras del oeste y el campo de pronto se oscureció hasta que la luna lo fue bañando de luz feérica. Las madres hacían resonar sus mugidos que se perdían en el monte de jarillas. Ellos extáticos aumentaban su cercanía. Entonces ya avanzada la hora y con visible retraso por el estado de quietud ella dijo:
¿Qué quieres comer?
El frío hacia necesario algo caliente y además se les había pasado la hora del té. Aunque sus horas todavía no estaban establecidas. Hacía días que viajaban y recién ahora inauguraban el hogar.
Te reirás, contesto Florencio, pero lo que me apetece es el pucherito de rabo bien sencillito.
Eso pensé, dijo ella poniendo inmediatamente manos a la obra. Con el fuego a pleno la olla pronto comenzó a bullir y allí fueron los huesos, la cebolla, las papas, las batatas, zanahorias y el zapallo criollo que habían comprado (a excepción del grisáceo zapallo que le había obsequiado la cocinera del cura).
Mientras se cocían al compás de la jarilla Florencio pensó en leer la lectura litúrgica del día sobre la mesa de la cocina para lo cual había encendido una de las lámparas de kerosene y allí se sumergieron en  el tiempo ordinario: era la fiesta de Santo Tomás apóstol donde les impresionó en esa fundacional circunstancia la lectura del pasaje de la carta a los Efesios:

 YA NO SOIS EXTRANJEROS NI FORASTEROS
  SINO CIUDADANOS DEL PUEBLO DE DIOS
  Y MIEMBROS DE SU FAMILIA.
   ESTÁIS CIMENTADOS SOBRE EL CIMIENTO DE LOS APÓSTOLES 
   Y PROFETAS Y EL MISMO CRISTO JESÚS ES LA MISMA PIEDRA ANGULAR   
  POR ÉL TODO EL EDIFICIO QUEDÓ ENSAMBLADO Y SE  VA LEVANTANDO
  HASTA FORMAR UN TEMPLO CONSAGRADO AL SEÑOR.
  POR ÉL TAMBIEN VOSOTROS OS VAIS INTEGRANDO EN LA CONSTRUCCIÓN, PARA SER MORADA DE DIOS EN EL ESPÍRITU.

Sintiéronse ellos consagrados e integrados y vieron que el hogar era una morada de Dios en el Espíritu. Por eso se experimentaron tan juntos y vieron la familia que ya tenían: Tobías, Mateo, los niños y sus padres que desde ahora comenzarían a conocer. La palabra habla…