¡Hay que sentir esa presencia no atenuada por ningún suceso! Todo movimiento en el interior de ese luminoso claustro en una vida que adopta la antigua simplicidad de ese viejo camino entre jarillas que llevaba hacia una vieja represa entre el espeso monte habitado por caballos que dejan senderos para llegar al agua y se vuelven por ellos en hilera disciplinados como estudiantes de una escuela ideal, la naturaleza.
La mañana era purísima como la mayoría en ese valle donde el cielo es un transparente cristal que espera los rayos del sol invernal para brillar como el éter de los dioses del Olimpo. Nada en el invierno es inhospitalario salvo el frío mismo que va cediendo hacia el mediodía y produce una tarde templada.
Florencio a caballo en el alazán sobre un apero cuya última pieza era un cuero de oveja seguía alborozado al bayo que parecía que apenas si ponía los cascos en el suelo. Tras pasar un claro con pastos de penachos blancos se divisó la casita de Rosendo con un pozo y molino con bebederos y a unos metros una represa alambrada bien rodeada de algarrobos, no como la anterior. Era un rancho bien arregladito con techo de chapas y como era usual con un patio bien aplanado señoreado por un algarrobo viejo. Detrás de la casa salía un camino que daba al que conducía al pueblo ya no muy lejano.
Llegaron. Los esperaban con unos mates y pan casero que al partirlo se veía suave y tentador. Se sentaron en la cocina en unas sillas con cueros de oveja que fue llenada por la alegría de sus moradores por recibir a este nuevo patroncito que ya les inspiraba confianza. Rosendo dijo entonces mientras pasaba el mate:
“Ahora ve Ud la aguada de este sector que tiene pasto. La represa tiene poco agua y por eso está cerrada para que no se haga pantano. Los animales toman agua de los bebederos del molino, tenemos aquí cien animales entre vacas y novillos chicos y van viniendo al.agua y los miramos y remiramos.
Otros cien hay en el cuadro vecino: en un rato iremos a revisarlo, también puro monte donde se conserva bien el pasto y los animales están abrigados. También hay otro al sur con otras cien y dando la vuelta hay dos cuadros más desmontados donde tenemos novillitos y los toros”.
“Hay que cuidar y andar entonces”, dijo Florencio
“Esa ha sido nuestra tarea junto con marcar y vacunar en la yerra. Tenemos buenos bretes”, contestó- Y esa ha sido nuestra vida y no conocemos otra. Para las fiestas de la Iglesia vamos al pueblo, tenemos un sulky y visitamos a algunas familias amigas y medio parientes”.
“Bueno, hay muchas formas de vivir en las ciudades. Pero tienden los hombres modernos a vivir buscando chucherías y a buscar problemas los desocupados. Mucho entretenimiento que los distrae y cuesta luego volver. Estar consigo mismo y con la familia se vuelve “aburrido” más y más para los citadinos, dijo el joven de Barcelona.
“Aquí no alcanzamos a aburrirnos: hay mucho que hacer. Y cuando estamos melancólicos (que a uno le viene sin saber porqué) mi marido toca la guitarra y mi hijo, cuando está, el bombo de cuero mientras nosotras hacemos alguna cosita con las manos. Pero eso cuando tenemos resto porque el sueño nos vence fácil aquí y rezamos antes de dormir. A mí me acostumbró mi abuela, mujer muy creyente y catequista.” dijo, Zunilda, mujer que se notaba muy firme. Y corrió a mostrarle sus libros de la Historia Sagrada ”.
Bien está eso, el conservar lo que nos ha sido entregado. Así “el futuro tiene sentido propio”, dijo Florencio aprobando. Él ya había llegado a pensar que el futuro que era la panacea de los hombres de las ciudades no era lo que se decía. El futuro no era nada sin el pasado que rebalsa sobre el presente. Es más: pensaba que era la dirección de lo que nos ha sido entregado. Él sentía que pasado y futuro eran presente. La sociedad ya se aceleraba hacia el futuro aborreciendo ostensiblemente el pasado.
La familia estaba encantada con la visita pero había que ir a recorrer y entonces subieron a sus caballos; el de Rosendo era un moro muy dúctil que prácticamente arreaba solo. Bernardo que se mantuvo callado partió hacia su casa y los dejó internarse en el monte de jarillas y algarrobos en dirección a la aguada del otro campo.
Entraron por un sendero y cuando estaban en el medio del cuadro Florencio se estremeció por la densidad soledosa. El vacío estaba pleno de pájaros y otros seres que se hacían invisibles al paso de los intrusos seguidos por los dos perrazos de Rosendo graciosamente manchados en cuerpo y cara. Más y más intimidad y aromas de los árboles que crujían por la brisa ¡Era cierto: el frío se atenuaba completamente y las vacas con las que topaban se veían en un paraíso! No se veían sufrientes por el seco invierno.
Llegaron a un molino con bebederos donde bebían algunas vacas y una yegua overa con su portillo, peludos por el invierno. ¡Si lo viera Flora! pensó.
Finalmente atravesaron los cuadros desmontados donde pudo ver media docena de toros de buen porte que lo entusiasmaron. Estaban solos sin las vacas preparándose para la primavera y pasar a servicio.
El cielo azul sin nubes les caía encima como un tul impalpable y ahora veía la sierra densa de un azul que crecía al violeta como la lavanda y pensó: ¿siempre me emocionará su presencia?
Habían andado mucho y comenzaba la tarde. Entraron por el campito donde cabalgaran con Flora, desde lejos se veía el humo que se elevaba de su casita y su corazón se ensanchó. Al llegar Rosendo se despidió y retomó el camino al galope de su moro y Florencio orgulloso (después de desensillar el alazán y largarlo al pasto entró a su casa donde encontró la mesa del té servida con una torta que había hecho Flora en el horno y bollos que había ensayado en su ausencia.
La profunda soledad se llenó con palabras que acercaron a los esposos, cercanía que es el objetivo de la existencia entre personas y fin último de la vida, que llaman “eterna”. Nada futuro sino presente y presencia.
Ellos estaban en el momento de la admiración pues veían todo por primera vez ¿Permanecerían siempre así? O mejor ¿perseverarían en la permanencia? Para ello el futuro debía ser ensanchamiento del presente. Y este tiempo así visto se llama amor
No hay comentarios:
Publicar un comentario