lunes, 13 de febrero de 2012

LA CONTEMPLACIÓN DE TOBÍAS

Lo vieron desaparecer por el sendero y presuroso iba hacia su ermita ¿De qué contemplación se trataba la suya a la cual se iba tan solícito? Simplemente era aquella que significa habitar en el sitio y dejarse acompañar por quien ha pedido hospedaje en el elemento donde reside la persona: donde las cosas se desvanecen esfumándose en la medida que los rostros se concentran en su santa faz, grabada en nuestra memoria desde que dijo: HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO.
Si Él nos convoca en ese acontecimiento máximo toda tarde se vuelve el escenario de la palabra del ser, que se dirige a cada uno diciendo: hoy estás conmigo, no temas. Y esto es lo que aguardaba Tobías en la permanencia, volviendo desde las cosas definitivamente y yendo hacia Quien dice: quien me ama guarda mi palabra y yo lo amaré y me manifestaré a él yo mismo.
 Y no hay método alguno sino el de la obediencia a la palabra por la cual uno se pone a escuchar a sus pies No es uno quien busca sino quien es buscado. Ha llegado el momento absoluto, se decía Tobías, El ha querido estar conmigo y en mí. No voy yo sino Él viene a mí
¿Cómo Señor quien soy yo para que Tú vengas a mi? ¿Y cómo tú vendrías a mí? –decía. “Tú ya estabas en mí antes del cosmos Yo me acerco a ti cuando estás dispuesto a hospedarme ¿Me dais hospedaje?” –oía decir a quienes han escuchado sosegados en el sitio o permanencia.
Muy simple, se trataba de esperar dando gracias a tal visitante que moraba en quien se abandonaba a la mansedumbre tras largo ejercicio sobre la callada tierra. El aguardar en un largo permanecer era  la gran cuestión.
Y la ermita era el sitio donde comenzaba el cielo en la tierra, la concreción del padrenuestro tantas veces rezado y ahora meditado. Se ponía en la presencia de quien es por sí mismo “presencia”  y ha asumido todo el tiempo y todo lo que es y pedía, nada menos que hospedaje, a quien podía y quería dárselo. “Yo soy ¿me dais posada?
Mientras tanto los esposos capitaneados por ese tío, semejante al fiel Tobit,  se aprestaban a leer las lecturas del día en la marcha del año litúrgico tal como desde el origen lo propone la Iglesia como liturgia de la palabra que culmina en la eucaristía. Ellos allí solos sabíanse acompañados por el sacrificio del altar en todo el mundo además de los bienaventurados en el cielo que ven cara a cara a Jesucristo como dice el Credo.
 Y ellos por un milagro acaecido en muchos lo habían creído lo aprendido en la primera comunión,  quizás porque los espinos o la dureza de la roca no les impidió el crecimiento de la palabra enseñada. Debían estar alertas por su juventud por mor de la cizaña y para ello les había tocado el cura alemán y el tío que siguiendo la larguísima tradición de su tierra mallorquina rezaba por sus prójimos en una ermita.
Estaban ellos claustrados por ese muro serrano de viva luz zigzagueante. Flora de emoción en emoción observó:
“Estas lecturas del tiempo ordinario después de la fiesta del corpus cambian sólo en un año par o impar, pero el año es siempre el mismo: quiere decir que dentro de diez años andaremos el mismo año litúrgico y si estuviéramos en la isla de Robinson y no pasaran acontecimientos del mundo viviríamos plenamente en lo mismo creciendo en la comprensión de las palabras y en la experiencia de ellas. De la Navidad a la Pascua y de la Pascua a la Navidad”.
“Con un añadido que Robinson no tenía ni podía tener por estar perdida  en su cultura: la liturgia de la eucaristía que nosotros tendremos los domingos y fiestas y si el tío fuera autorizado a dar la eucaristía, como creo que lo estará, diariamente”, dijo entusiasmado Florencio. Aquí debería haber una capillita porque hay dos familias, nosotros y el tío, como la tenía la escuela y en el recreo largo se daba la eucaristía allá en Barcelona.”-
“También nosotros la teníamos, no somos menos que vosotros” dijo con voz tierna y cristalina- Y aquí tendremos música de capilla muy pronto…con aquellas partituras que me regaló el maestro que abarcan varios siglos ¡Música tan sencilla para la liturgia!”.
Con la idea de la circularidad del tiempo que como dijo bellamente Platón es la imagen móvil de la eternidad se solazaron en aquella cocina que ya necesitaba del fuego de jarilla para tomar alguna sopita que calentara los cuerpos en ese invierno que pronto comenzaría a declinar hacia la primavera, porque el tiempo de las cuatro estaciones era lógicamente circular y singularmente bello con sus cambios y transiciones: ¡como la música!
¿Qué sopa quieres?-dijo ella…él pensó: de perdigones de perdiz ¿tienes? -Tengo dedalitos dulce -susurró
Esta cocina y su intimidad conversada los acercaba suavemente y bullían sus mentes por lo que al día siguiente debían comenzar: Florencio su plan para la nueva “Bendición” y Flora edificar su hogar como quien cava imaginariamente  una cueva infinita, una mina llena de galerías cuya riqueza consiste en algo de lo que la mujer es sede: la sabiduría, según aquello de las letanías laurentianas: SEDES SAPIENTIAE.

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