domingo, 26 de febrero de 2012

¿QUÉ CURA!


El cura alemán estaba sentado en la gran mesa de la cocina. Fue una suerte para los jóvenes tener un director espiritual que se interesara por ellos no bien salidos de sus escuelas donde el clima eclesial los envolvía. Habían vivido en el único ámbito monástico que existe entre las instituciones del mundo: la escuela. Eso no quiere decir que no exista allí lo que Freud llamara “el malestar de la cultura”. Pero educadores en contacto con las altas cumbres de la humanidad no pueden compararse con el fluir enajenante del “mundo real”, que cuanto más espeso se vuelve como en las ciudades más real y no escolástico es. La jerarquía de la vida intelectual que rige en la escuela más la fe en el caso de la escuela católica es por ende un ámbito irreal donde los padres envían a sus niños, los cuales de por sí vienen del cielo y tardan bastante en perder esto (si ya no se lo hace perder mas rápido las condiciones sórdidas económicas sociales).
Yera un sacerdote formado en el seminario donde enseñara el raro teólogo M,J Scheeben ¿Por qué raro? Solamente los que ignoran la complejidad de las épocas del pensamiento pueden creer que la Iglesia visible es algo homogéneo. La teología desde el mismo siglo XIII se ha vuelto teología natural con Scoto (mundanal con Suarez) y perdida la diferencia absoluta entre ser y ente avanzó con la Reforma a sus lados y el consecuente racionalismo cartesiano hasta la también explicable modernidad singular de los anti metafísicos Marx, Nietzsche y Heidegger.
 He aquí que en la católica Colonia floreciera en tiempos de Nietzsche, el profeta del siglo veinte, este teólogo que hizo hincapié en el MISTERIO SACRAMENTAL, en la diferencia de ver el sistema mundano donde la Iglesia opera y la misteriosa condición de su enjundia. Breve: es la doctrina de los padres griegos y latinos mas Santo Tomás pero de una forma libre y santificada. Esta teología no es natural ni mundanal: es teología pura. En ella se había nutrido Mateo y no quería otra, por más que sus colegas estaban ya en un proceso liberador como el mundo que los contenía. Por fortuna envueltos por esas sierras de alhucema, el simple misterio de sus lomas, laderas y cañadas los privaba de la ardua prosa de las confusas reivindicaciones de una Iglesia más y más exterior.
En su visita pastoral se encontró con su amigo Tobías y recibía el mate de Flora que parecía ya una experta en esa práctica, por lo demás sencilla.
 Mientras tanto Florencio se había enfrascado en una conversación con el tío acerca de las vacas inspeccionadas. Fue así que Mateo quedó aparte con Flora y sondeando su estado espiritual ya ella le pidió confesión, sabiendo que ese sacramento de la penitencia es la puerta del reino de los cielos que vino a ponerse en la cercanía de este mundo. No nos imaginamos cómo alguien con sensibilidad poética pudiera perder la oportunidad en establecerse de un modo tan sencillo en algo así como “el reino de los cielos” donde la palabra “cielos” metaforiza algo por lo demás gozoso, ubicado aquí mismo. Flora era de aquellas personas que no habían dejado escapar su niñez como para ubicarse en una realidad científicamente mundana. Y había practicado además la música de coro para niños.
Retirados a la sala de estar que tenía cuatro sillones, del otro lado de la cocina, que por cierto daba el calorcito de la jarilla y ahora de unas raíces de chilcas que Mateo les trajo de la sierra para probar, se sumergieron en una buena confesión llevada por las virtudes cardinales y sus precisas partes detrás de las cuales se esconden los pecados, que hay que conocer como las enfermedades para debilitarlos y erradicarlos si fuere posible según la filosofía moral del ángel de las escuelas.
La conversación del viejo y del joven iba animándose y Florencio le preguntó acerca de los elementos para hincar la huerta y el gallinero. Tobías que hablaba en alta voz dijo:
“Mañana estarán aquí, ya los he encargado”
“¿Pero cómo si no se ha movido de su ermita?” preguntó Florencio.
“Rosendo pasó anteayer a caballo y recibió mi pedido” respondió
“¿Pero tiene buen proveedor aquí?” dudaba Florencio
“El almacén de Ramos Generales consigue todo de la ciudad si no tiene en existencia y ¿qué no iba a tener esos alambritos?” afirmó orgulloso.
Florencio entonces se alegró y dijo: “El sábado comenzamos la Granja, Cooperativa don Tobías”
Estas palabras fueron escuchadas por Mateo cuando venía hacia la mesa:
“¿Granja, cooperativa escucho?” preguntó ansioso.
Y Florencio le explicó su proyecto de autoabastecimiento para vencer la miseria de los hombres ¡Cuánto más de los peones bien tenidos!
“Esto me hace recordar la expresión paulina en el primer capítulo a Los Romanos: inexcusable eres ¡oh hombre! Porque lo invisible de Dios se hace manifiesto por sus creaturas…trabajando así con ciencia, orden y cooperación se le arranca a la tierra sus frutos y los hombres no tienen que mendigar a las autoridades sino exigir sus derechos” dijo entusiasmado Mateo.
Y la conversación giró en torno de la experiencia cooperativa que producía el milagro del capital social brotado de la nada. La sabiduría que ponía en juego varias virtudes fundamentales empezando por la prudencia en el uso de una deliberación colectiva de un consejo que tomaba luego las decisiones democráticamente (no hay quejas luego porque hay democratización en las decisiones no en nombrar el jefe que las tome) y siguiendo por una justicia manifiesta en la distribución del excedente y en el reparto de la producción, en la paciencia de esperar que maduren las acciones y en no tomar algo fuera de tiempo, en la humildad de las pretensiones, premiada por el ensalzamiento del poder económico de la cooperativa. Y sobre esto pontificó entusiasmado el cura:
“Aquí se pone en juego la cercanía de las personas que codo con codo se ponen a hacer y que finalmente al buscar el reino de Dios (aunque no lo sepan), no poniendo su fin en el lucro sino en algo universal, se quedan con la añadidura”.
Esto merece una celebración y sacó de su bolso una botella de vino especial (parece que los curas siempre están propincuos a estas cosas, por regalos que les hacen) y una factura de cerdo que quebró el ascetismo de los presentes y produjo la declaración solemne de Florencio:
“ Tendremos nuestra propia producción en no muy largo plazo”.
Sonrió Mateo por el ímpetu del joven a expresar sus más caras ideas y dijo:
“Pues cuenta con mi ayuda”
“Para comerla” agregó Tobías
“No he dicho otra cosa” dijo graciosamente este cura lleno de vida y de doctrina, el cual nunca desaprovechaba la ocasión para hablar de Dios y menos en un encuentro de tal calidad.
“Miren, Dios se ha revelado hasta un grado máximo, se ha metido hasta la intimidad del hogar. Allí estuvo treinta años creciendo en gracia y sabiduría en cuanto hombre al ritmo de María y de José. ¿Y qué hacía? Pues lo que vosotros queréis hacer: todo lo que hace al hogar, intimidad pura. Dicen muchos que andaba por los caminos del mundo ¿Cuánto tiempo? En unos viajes que hizo a Jerusalén para predicar el reino sobre la tierra que ¡era éste: el hogar! Nos puso el  reino en la cercanía. Porque lo que hizo en el mundo lo hizo rápidamente: nos mostró quien era el Padre y qué haría para curar el pecado: fundó la Iglesia como gran   sacramento que obra la curación del hombre y lo pone en el camino hacia su Padre pero Él abrió con prisa ese camino, casi con impaciencia: caminaba hacia la cruz. Debía padecer por mano del mundo para abrir el mundo y los políticos lo condenaron a muerte de esclavo. Pero todo lo hizo con presura: quería volver al hogar, esta vez a la cercanía de las Personas Divinas haciéndonos allí lugar, habiendo hecho hogar con sus apóstoles en medio del desequilibrio momentáneo de su vida pública. Buscaba la intimidad con ellos como se vio cada momento: aunque era Dios y volvía a la casa del Padre, hacía amigos y sembraba hogar por donde, momentáneamente, pasaba. No debéis olvidarlo queridos jóvenes: treinta años contra tres muestra la balanza de la preferencia de nuestro Dios. Es el Dios Trino sustanciado en la intimidad. No es el de la nada indiferente, el de la paz sin persona, el del poder que sanciona el privilegio del placer individual. Si Dios fuera la paz de la nada valdría el ateísmo. ¡No! es el Dios de la cercanía del ser, es hoy para nosotros Paráclito…cuya alegría se ve en María…”.
Por fortuna de los que escuchaban se sintió y se vio la venida de un automóvil que sin duda venía a buscar al cura que según iba no se detendría hasta Navidad.
Entre los mugidos de las vacas pampas se escuchaba al auto que se llevó finalmente a Mateo. Ya oscurecía pero no en las sierras que se bebían los rayos de un sol particular ya que el nuestro se había hundido en las sierras chicas. Eran como Mateo: bebían una luz inextinguible y la refractaban con matices que dejaban huellas de amor en el alma.
En ese momento los niños traían las vacas lecheras al corral para encerrar los terneros y Flora salió corriendo a su encuentro para ayudar en ese manso arreo de costumbre adquirida.

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