El final del capítulo XXXII del Eclesiástico repite todo lo que leemos en los salmos y en los otros sapienciales: el temor de Dios, la búsqueda de la ley, la retracción del pecador que se justifica en sus antojos, el valor reflexivo de la prudencia, el blindaje del soberbio y su condenación, la exhortación al joven para que siga el camino recto, el deber de seguir el dictamen de la conciencia y obedecer los mandamientos, la relación que hay entre el creer en Dios y atender a sus preceptos y finalmente el confiar en Él para que podamos obrar esta maravilla perdida en el pecado original.
No somos religiosos en el sentido mundano ni legistas de Israel, simplemente nos rodea la hipercrítica y desestructurante circunstancia actual que nos ahoga como los férreos brazos de la Inquisición en su peor época. Escuchamos al sabio, libres de todo compromiso “corporativo” y respira nuestra alma acosada por los aullidos de los lobos que en la música de cada día nos hacen sentir su imperio. Pero sigue el sabio:
AL QUE TEME AL SEÑOR NADA MALO LE SUCEDERÁ
No le podemos pedir que nos libre del frenesí que hace epicentro en los carnavales, donde todo es expresión coporal, barra que grita, aplaude, delira; donde todo es invitación, no a la danza como la séptima de Beethoven, sino al olvido de la interioridad espiritual. Ya Freud y Nietzsche habían cargado contra el espíritu confundiéndolo con las moralinas resultantes del verdadero olvido del ser y del sentido de la fiesta. Pero el estado de cosas ha liberado de la doctrina y de la oración que la despeja y establecido el derecho del fatuo:
QUE ES COMO LA RUEDA DEL CARRO
COMO EL EJE QUE DA VUELTAS
EN SU PENSAMIENTO
COMO EL CABALLO QUE RELINCHA
BAJO CUALQUIER JINETE
Pero todos los hombres fueron hechos del polvo como Adán. A unos los bendijo con la sabiduría sin embargo y a otros no porque
EL HOMBRE ESTÁ EN MANOS DE SU HACEDOR
EL CUAL LE DARÁ EL DESTINO SEGÚN SU JUICIO
y da sabiamente la esencia de lo creado: la finitud de los opuestos:
Pero una cosa es Pablo: Onésimo sigue siendo esclavo socialmente aunque sea en Cristo otro Pablo. Otra cosa es Rousseau: todos los hombres son libres por naturaleza. Allá en la gloria son santos e hijos. Aquí son iguales y ciudadanos. Distinguir es saber o bien saber es saber distinguir. El ¡ah es igual, es parecido! No pertenece a filosofía alguna. El dicho de Sancho: lo que va de Pedro a Pedro que no todo es hacer barbas.
CONTRA EL MAL ESTÁ EL BIEN
CONTRA LA MUERTE LA VIDA
CONTRA EL JUSTO EL PECADOR
ASÍ LAS OBRAS DEL ALTÍSIMO
LAS VERÉIS PAREADAS
Y LA UNA OPUESTA A LA OTRA.
Y a continuación le da el consejo al Rey Lear para que no se entregue a sus hijos pero inmediatamente habla del castigo al esclavo indolente y el cuidado para el siervo fiel .Es de un realismo (hablando del esclavo: antes de Rousseau se veía natural lo inmatura)l que repugna al hombre que está bajo la gracia (por ejemplo en la epístola de Pablo a Filemón) y por cierto a la humanidad libre revelada al paseante solitario y a los poetas de la modernidad. Así se ve la necesidad del tiempo pleno que revela lo que los justos y los profetas quisieron ver y no vieron y la necesidad de LA SABIDURÍA DEL NUEVO TIEMPO. Y también la revelación de la libertad como absoluto en la divina naturaleza. Tal cual ha sido en Rousseau (blasfemado por la ignorancia) Schiller (buenamente considerado poeta común) y Hölderlin (como loco).
Claro está: se pasaron de libertad a liberación y estamos en la enfermedad de la hemorroísa.
Por eso LA LOGOTECTÓNICA hace justicia con todo y nivela en la unidad de la paz: TRANQUILIDAD EN EL ORDEN DE LO PAR Y DISPAR.
Decimos: la revelación para la época media estatuye la Iglesia en San Pablo y el estado República en Rousseau y Schiller y la patria de la pura libertad en Hölderlin. Y los muertos que vos matáis gozan de buena saludo. Si le realidad es lo que existe, las instituciones existen, la Iglesia y el Estado mas su existencia inmediata no es filo-sófica. Es lo invisible en ellas lo que las hace y las hará existir por más que la an-arquía ocupe su lugar desestructurante.
Por de pronto las palabras hablan y la verdad indica. En todo caso no hay excluidos ni entenados.
SIGUE ANDANDO MAL EL TECLADO
ResponderEliminarQUIERO DECIR: LA SABIDURÍA ANTES QUE EL VERBO DE LA SABIDURÍA SE HICIERA UNO DE NOSOTROS Y PUDIERAMOS TOCARLO. SAN AGUSTÍN SINTETIZA LA RELACIÓN DE AMBOS TESTAMENTOS: lo que en el Antiguo Testamento late en el Nuevo está patente.
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