viernes, 6 de diciembre de 2013

EL FIRME PROPÓSITO

Jóvenes ellas, llenas de vida, asumieron el morir a las cosas de este mundo en una clausura que era simplemente un "estarse al amado amando". El resto sería dado por añadidura. Así el terreno elegido era en verdad una apertura a lo que las cosas multidiversas cierran y un dejar ser al alma entre las criaturas que a su vez proclaman la gloria de su creador en las tardes y mañanas del paraíso.
Ellas sabían que el pecado le correspondía a los hombres por libre elección y luego por congénita debilidad. Ellas habían contemplado a Jesús en el huerto y pretendían, aunque jóvenes, no escapar a la ofrecida cruz. El modo de hacerlo era disponerse a recibir la gracia que allí brotaba y que debía hallar un lecho por donde correr, un lecho material como el de la acequia que ahora escuchaban murmurar a su lado. Sentían que no sólo no podían desaprovechar el tiempo oportuno para ofrecerse como cauce sonoroso de la gracia sino que debían hacerlo correspondiendo al PLEROMA consumado.
Se les antojaba que la plenitud del tiempo anunciada en los Evangelios en esa sierra podría verificarse en cuanto las horas efectivamente volvían en lo mismo sin medirse desde fuera con hechos o sucesos que significaban la necesidad de los hombres, enajenados al paraíso, podemos decir ahora, voluntariamente ¡Creen los hombres que hay que hacer y hacer! Y así justifican su olvido de aquella plenitud anunciada que ellas esperaban experimentar entre los árboles, arroyos, verdes lomadas, vallecitos ocultos entre ellas, y en la pureza proverbial de las laderas y de la siempre convocante cima de la sierra que se une al éter.
El tiempo allí no se fugaría sino que las abrazaría en un crecimiento en lo mismo durante el rezo de los salmos y los himnos de su libro de oraciones y sobre todo en la adoración del santísimo en la ermita, cada día.
Así lo había hecho el hermano Carlos de Foucauld en los montes Atlas y así lo harían ellas cuando dieran con su cura párroco que les proporcionara la HOSTIA en las debidas condiciones.
Éste no sería otro que nuestro padre Mateo. 

martes, 5 de noviembre de 2013

OMNIA IJN FINEM

Nuestras sierras  son las verdaderas  protagonistas de esta novela (que si ya no nivola debería llamarse nuvola) y su aptitud era infinita en intensidad y nula en argumento sucesivo. 
La nuvola tiene un solo capítulo pues no es numerable en su viaje circular o tiempo sagrado de la navidad a la pascua  y desde la pascua a la navidad, tiempo que alguna vez se ha vivido y no en un cuento.
Bajo este ritmo sagrado una vez vinieron dos mujeres arriba de nuestro pueblo junto a la loma y se compraron un campo a pagar por mes por cargo de sus respectivos padres a quienes el precio les pareció ridículo por lo ingenuamente barato ¡Así eran todavía aquellos tiempos ajenos al turismo!
 Los viejos que les vendieron se lo mostraron de a caballo con gran entusiasmo de vendérselos a ellas cuando le dijeron para qué lo usarían: ¡para alabar y servir a Dios! Ellos eran de aquellas familias serranas que sólo sabían leer para leer la historia sagrada simplificada: así se llamaban Cristeto, Bersabé, David, Ezequiel, Esteban.
Ancianos ya vivían más cerquita del pueblo y recibirían una platita que les alcanzaría para el final de su existencia llevada a su fin por la mano inteligente y buena de nuestro médico, el Dr. Boniface, al cual por cierto adoraban.
Cristeto las recibió con alegría a estas mujeres alabadoras y a caballo recorrieron todo el campo por lo menos a lo largo. Pero no hasta el fin ¡porque llegaba hasta el filo mismo de la sierra! Campos antiguos pasados de generación en generación: en este caso un pedazo de sierra entero.
Las mujeres, que se llamaban Inés y Mariana, no cabían en sí de gozo y sentían a cada paso el temor de les fuera arrebatado por algún imprevisto ¡Tan apto era para su intención laudatoria!      
No fue así porque la familia serrana a nadie se lo hubieran vendido al conocer precisamente el motivo que tenían nuestras jóvenes mujeres. Se cree que la vida sigue y las personas se encuentran por algún negocio y luego se separan para siempre como si no se hubieran visto jamás. No así en este caso pues ambas partes conocían al autor de sus vidas y como a todos y a cada uno les esperaba un sitio junto al Padre celestial donde gozarían, amarían y alabarían eternamente, mientras dduraron sus vidas los acompañaron. 
A los serranos nada se les había dado en sus vidas de las glorias mundanas porque nunca conocieron más que la maravillosa sierra que llena de toda vida brillaba indeciblemente entre bosques, hierbas aromáticas y arroyuelos en tardes y mañanas 
Las mujeres que venían de la gran ciudad en poco la tendrían en adelante pues se consagrarían a alabar, habiendo sabido que la esencia humana estaba en su origen determinada por tal fin: la alabanza de la gloria. Y sin dejarse engañar, pues habían estudiado Santo Tomas en su tratado sobre la Caridad, sabían que así servirían perfectamente a su santo nombre  y a todos y sobre todo a cada persona que debía despertar del olvido del paraíso que significó el mundo de "los desterrados hijos de Eva".
Lo primero es el AGAPO, el recibirlo. Tal es el reino y lo demás es añadidura. Ellas habían sido llamadas a ello y seguras caminaron hasta su montaña.
Entonces se dedicaron a construir una habitación cocina y a elaborar la regla de su congregación o asociación de fieles y lo primero que las mantuvo en esto ocupadas era el saber qué nombre se pondrían. En ello pasaron el primer mes mientras dirigían a una familia de albañiles que comenzaron a levantar las paredes delante de un extenso cuadro de chilcas a un lado de la loma que por entonces poseía ya en su cima una cruz que coronaba un via crucis. 
¡Hay que experimentar siendo joven lo que es el comienzo de algo tan sencillo pero pleno como es el tener a solo Dios como meta!  Es como ir en espíritu hacia el horizonte que se ve desde las laderas sentado frente a alguna de las cuevas que tenían pastores antiguos en una mañana como ellas habían experimentado ya. Se mira y se mira y arrasado por lo visto no encuentra límites claros aunque es bello y más bello en el transcurso del mirar.
He aquí que ellas poniendo, quitando y añadiendo al fin decidieron llamarse hermanitas de la paz nombre que les sonaba de maravillas, mientras anhelaban concluir la obra de su casita elemental donde brillaban los molles en el viento que cada tarde baja de la sierra encendiendo el alma con un "no sé qué que se alcanza por ventura". 
Al lado descendía presurosa el agua de una acequia aunque ellas, ayudadas por una familia cercana de lugareños la tomarían de una fuente o manantial de los muchos que había en esas verdes soledades rocosas.
Sí, en un mes se dio cabo a la obra y se comenzó la construcción de un pequeña y sencillísima ermita bajo un grupito de molles un poco más abajo junto a la acequia. La ermita sería para "hacer desierto" aunque estaban en un desierto, bien que ameno y gratuito. Porque las gentes prefieren las ciudades o babilonias que no sin motivo han existido desde antiguo. Si hizo falta penitencia para Nínive cuanto más, pensaban ellas, se requería ahora penitencia de alabanza ante tantos bienes que deben ser bebidos de la fuente de la gracia viva den la Iglesia.
Así cerca de nuestros personajes se erigía este templo a la sencillez de la paz ¡Y a fe que aunque ellas no lo sabían habían de encontrarse con una ayuda fundamental para su empresa laudatoria!
El cura alemán de nuestro pueblito les vendría como anillo al dedo y nuestro matrimonio les sería familia en cuanto los conocieran, cosa que no tardaría pues la Misa daría la perfecta ocasión.
La providencia es la razón que conduce todo hacia el fin.

jueves, 31 de octubre de 2013

EL GRAN SACRAMENTO

Si más y más avanzaban en aquel verano liminar era cimentando el castillo de sus vidas que si bien pasaban como todas, imperceptiblemente en la dulce juventud, en este caso lo hacían en lo mismo, como si estuvieran en el cielo. Ahora sí podían aspirar al cielo de la gloria porque estaban en la tierra de la paz. Tal cual cantaron los ángeles para todos los que tuvieren oídos para oír.
Ellos gozan de una felicidad cierta porque estaban sin pecado y esto porque conociendo los sacramentos los empleaban. Puesto A se sigue B si se quitara A luego se comprometería la presencia de B.
Florencio y Flora no sólo se amaban sino que podían conservarlo por la efectividad del sacramento del amor

martes, 22 de octubre de 2013

¡QUE BUEN VASALLO Y BUEN SEÑOR!

El cura sentía que a imagen del buen pastor debía acompañar a sus ovejas ¿Serían diez, el doble o el triple? No lo podía saber. Pero el seguimiento era una tarea artesanal y no una producción en serie. Requería el rescate de las personas que en el mundo despiertan, cubiertas de escombros como luego de un derrumbe. 
Ya Platón se había dado cuenta que el alma debía ser conducida desde su informidad circunstancial a la forma de su primitiva naturaleza y no conoció el primer capítulo de la epístola a los Efesios ni menos la existencia real de un salvador.
Rescatar implica atender la unicidad que cada persona denota y connota. El cura desde su saber trinitario obraba bajo esa precisión: existen las personas y las cosas son accidentes, que lógicamente había descubierto Aristóteles. Se cree que únicamente valen los descubrimientos físicos o médicos.
Así Mateo acompañaba a quienes toleraban ser ovejas y apuntaban hacia la puerta del salvador y ocasionalmente salía lejos a buscar alguna espantada. Él amaba el evangelio por su belleza y lo tomaba en su significación plena sin diluirlo en la teologías que más y más pululaban. Y es cierto hoy en día, que lista la doctrina conquistada con la sangre de los mártires y el esfuerzo de los padres griegos y latinos las palabras de San Lucas, San Pablo y San Juan sobre tal fundamento siguen hablando a los hombres de buena voluntad, en quienes se forman fuentes que saltan a la vida eterna. En lo que hace a la doctrina su linaje de Colonia le daba firme fundamento.
El padre Mateo pensaba que hacer resonar esas palabras incesantemente y acompañar a quienes las recibían era su tarea artesanal como siervo bueno en lo poco. Esperaba que en el hacer resonar se despertara la persona. 
Y acompañar implica amparar y esto a su vez orar por sus ovejas a lo largo de sus vidas. Porque nada vale, pensaba, cuidar una oveja hoy y mañana y luego dilapidar ese trabajo para ir hacia otras nuevas dejando abandonadas las primeras. Hemos mencionado su comprensión del "id y predicad a todas las naciones". Id y quedaos con mis ovejas y servidlas  dando la vida por ellas como yo. Id y permaneced...esto significaba.
Así Mateo había llegado al pueblito serrano y era su corral y lo fue profundizando hacia adentro sin diluirse o perderse en acequias lejanas donde se seca el agua.
¡Ah que gran servicio es el acompañar las vidas de quienes han de crecer madurar y envejecer entre las cosas de este mundo que sin la gracia llegarían a la muerte casi sin dejar huella! Tenéis por fruto la santificación y por fin la vida eterna, sentenciaba Pablo y el cura estaba abocado en conducir este proceso siendo fiel en lo poco. El vencimiento del mundo significaba para él de parte de Jesucristo la guarda de las personas. 
Así lo hacía con Florencio y Flora ¡Qué buen vasallo si oviesse buen señor! Y aquí se cumplía-

sábado, 19 de octubre de 2013

LA CLAVE DE LA PERMENENCIA

El primer verano que pasaban en su estancia, y estaban llenos de esperanza. No estaban ellos muy conscientes de qué y si se les hubiera preguntado hubieran respondido: simplemente de estar. En realidad dos jóvenes en tales circunstancias tienen esperanzas en el futuro por las cosas que piensan conseguir. Ellos instintivamente habían eliminado el futuro y las cosas y estaban en el espacio puro -plenos de cosas para habitar-  de las personas. 
Para ello contaban con el apoyo providencial de dos personas singulares: el tío que les había dado el campo, que ellos no veían como un bien económico o sí lo veían como un oikos cuyo nomos debían aprender medida por medida; y el cura que basado en la pureza de la filosofía cristiana, es decir de su legítima doctrina, partía desde el ser de Dios, desenvolvía las Personas, comprendía la razón de la creación, veía claro el cómo la creatura se asimilaba a su creador y el camino por el cual se volvía hijo legítimo y se santificaba para recibir la herencia. 
Muy claro, demasiado claro cuando se lo ve en pureza sin mezcla con el mundo y sus sociedades procedentes de la torre de Babel. Sin embargo adicionalmente la purificación, si ya no es fácil conservarla en la Iglesia, hundida en el mundo, era la tarea propia de la Filosofía y para ello tenían un amigo que había ido a estudiar como tantos a Friburgo (o bien a  otras universidades europeas que se llenan de afanosos estudiantes que buscan el saber) y había hallado a un joven profesor ex alumno de Heidegger que ejercía tal obra purificadora en el pensar.
 En el mundo había necesidad de reconstruir la riqueza de lo pensado. Fuera del mundo o lejos de sus centros carecía de necesidad perentoria cuando se poseía la doctrina cristiana ya purificada por un sucesor de Scheeben como era el padre Mateo.
¿Qué hacía allá ese cura? Cómo había llegado hasta tan remoto lugar teniendo en cuenta su ciudad natal no tiene explicación para nosotros en esos tiempos en que ocurrió. A veces se ve la mano de la Providencia cuando hay ausencia de plan sistemático.
El hecho es que con sus ojos azules miraba como su casa la azulada sierra sin ser amigo del folkore regional especialmente. La pureza mencionada en la teología que poseía explicaba que estuviera en un lugar puro lejos del mundanal ruido del mundo de la mezcla y de las grandes invenciones mundanas que dentro y fuera de la Iglesia más y más llamaban la vanidad de los hombres.
El hecho es que entre todas las posibilidades que se dan en el mundo una es la del quedarse al margen y habitar sobre la tierra. El Padre Mateo creía que tenía un excelente predecesor en esto de vivir al margen de los centros: Jesús de Nazaret.
Ocurría pues que lejos de las cosas que se apartaban del habitar progresivamente por la expansión orgullosa de la técnica con su necesidad intrínseca de avanzar en el descubrimiento y la operación se desnudaba el descubrimiento del protagonista verdadero: LA PERSONA.
De ello era muy consciente el cura y ese era su laboratorio. Además de sus dos hijos espirituales se le acoplaban el profesor y el médico del pueblo donde se crecía hacia adentro entre pocos y donde los frutos del Espíritu Santo tenían espacio para recibirse: CARIDAD, GOZO Y PAZ.
Nuestros esposos ya no verían un cambio en sus vidas sino un avance hacia lo mismo que no será raro si notamos que así ocurre en las palabras del Verbo en su discurso sacerdotal: TÚ EN MÍ PADRE Y YO EN ELLOS. Parecen Ellos venir sobre quienes saben permanecer.

viernes, 18 de octubre de 2013

HOLOGRAMA POÉTICO

He aquí que Florencio aquel verano leía los apuntes de su amigo en medio de aquel espacio ocupado por seres que suelen llamarse seres vivos, que llevados hacia la física son masas y micro partículas pero que nosotros decididamente los denominamos "poéticos", más que hologramas cósmicos donde los ubicarían los novísimos. 
Si ahora ellos recién estaríanse arribando a las ideas (procedente del determinismo newtoniano) nosotros sabemos que aquellos árboles fragantes, hogar de tantas aves y techo de tantos animales felices son poesía pura dirigida a los oídos y a los ojos del alma.
¿Que diría de las extensas serranías que ya hemos notado su condición más que holográfica, más que onírica, como una realidad discente, como una holokallía.
Florencio leía delante de ellas en aquella galería y compartía con Flora la serenidad a la cual no se habían resistido. "No temáis, en la casa de mi Padre hay muchas moradas, si no os lo hubiera dicho" dice Jesús. ¿Por qué habría mencionado el temor? Por lo que veo nada teme más el hombre que la GELASSENHEIT y se arroja a lso fenómenos con desesperación de perder el último tren.
Si Dios no existiera porque el BIG BANG no tiene causa porque no había entonces "tiempo" como dice Hawkins (sic) luego ya se cumplían para nuestros esposos las palabras johánicas en el "espacio tiempo" lleno por el habitar.
Florencio y Flora seguían con su jardín conociendo las gerberas de varios colores y las fresias. La huerta rebosaba de tomates y legumbres. Los frutales de ciruelas, duraznos y  damascos.
Y así se iban convirtiendo según pasaban los años en "habitativos". Mientras el mundo técnico se expandía y ellos avanzaban en sentido contrario o paralelo. Porque hay más en el universo de lo que sueñan los científicos, que como decía el pensador de Friburgo, "no piensan".  

lunes, 23 de septiembre de 2013

EL ALIMENTO EPISTOLAR DE FLORENCIO

Finalmente llegó la carta desde el semestre de invierno alpino fresca de pensamiento nuevo.
"Querido amigo: Los aires de la esperanza de la verdad lleguen hasta tu casita serrana mientras yo los aspiro diariamente en los seminarios que voy haciendo con tanto gozo en estos días con mi nuevo maestro que avanza con pies de paloma sobre el terreno de la historia. 
Se ven en el horizonte montañas y nubes gloriosas que se ofrecen como lugares para habitar, claros, límpidos, fértiles, coaptados para la Gelassenheit. 
Se ve la estancia en la verdad que requiere pureza, la de los altos montes donde las Musas tenían sus altares junto a las fuentes originales de las aguas, la del refugio donde el amigo nos llama amigos en la correspondencia de la caridad bajo la brisa constante del Espíritu, que mueve las nubes coloreadas de Dios, la de la belleza de la libertad que en sí reside y por sí se determina, espíritu. 
Voy de cumbre en cumbre, de contemplación en contemplacíon, de theorema en theorema 
¡Qué tal gozo de la verdad haya podido emerger en nuestro tiempo!  Ver lo que ha sido en la historia de la verdad; ver lo que hoy ha querido ser y debe esperar de un futuro que avanza hacia el origen exigiendo la cosa del pensar; esperar nosotros lo que ha podido ser y debe ser desde las sabidurías que nos siguen hablando desde su fuentes que manan y corren. Me refiero a Homero, a Pablo, a Hölderlin en la pureza incondicionada de sus poemas. Todo se ordena y mi maestro va viendo la trama de su construcción. 
Allí estoy y estaré sin obstáculos como quien quiere saber, quiere saber más quien quiere saberlo todo. ¡Y puedo! como dijo San Agustín de la verdad eterna que conoció por la caridad. Aparte te envío las clases que he copiado acerca de Parménides, de Agustín y de Hegel. Tú veras y admirarás la precisión y claridad.
Me regocijo con tu Bendición y te envío mi gozo. Un saludo a Flora y a tu cura alemán a quien quiero conocer. Un abrazo de tu amigo."
Florencio se restregaba los ojos al leerla y recibir el hálito de tal plenitud. La Filosofía le daba lo que prometió en sus altas cumbres y ahora renovaba en un tiempo que requería ser visto con pureza para recoger tal promesa de la verdad que fue su comienzo parmenídeo. Muy cerca de donde ellos vivieron Ulises avizoró aquel lugar donde un pastor podía ganar doble salario, donde se acercaban los caminos del día y de la noche, las puertas que le fueron abiertas al que pudo ver a la bien persuasiva verdad de quieto corazón. Digo bien cerca pues aquello, como vio la tradición, se realizó en estrecho de Bonifacio entre Córcega y Cerdeña. Y ellos habían navegado en esas aguas cuando jóvenes.
Los caballeros andantes tenían sus sitios fantásticos la Metafísica apeló al hexámetro de la Odisea donde Homero, cuando Ulyses iba hacia Telépilo hizo aquella alusión al fantástico sitio y Parménides copió tal verso para describir su viaje a la visión del ente perfecto e inmóvil y perfecto. Allí estaban las puertas broncíneas de los caminos del día y de la noche por donde su alma aspiraba a entrar ¿Cómo resistirse a conocer la verdad cuando se es invitado y enviado a ello?
Ahora Florencio ante sus sierras podía ver alimentado en su mente por la Filosofía. Leer aquellas clases en aquel sosiego movido por el entusiasmo de su amigo era un don inestimable que formaba su alma gratuitamente. Por lo demás siempre había sido así: todo se transmite, también lo pleno.

martes, 17 de septiembre de 2013

LA QUERENCIA DE LOS ESPOSOS

El tiempo los encerraba como las sierras. La plenitud de los tiempos los incluía con el acontecer de la gracia. La madre de Dios los amparaba con su gracia plena. Sabiéndolo ellos y queriéndolo y sobre todo decidido el escritor a narrarlo a pesar de toda ausencia de lectores ante un caso como éste, lógico por consecuencia de algo real y efectivo, bello por indicar el resultado de la bondad del dador de la gracia, providencial por la sabiduría infinita de quien dejó que todo cayera en lo malo para hacerlo sobrenadar en la bondad de su misericordia.
Florencio y Flora recién absueltos por la gracia sacramental, que en ellos todavía era medicina preventiva, navegaban libres, henchida la vela por el céfiro en un estío vivificador.
Caballos y arreos, vacunación y vigilancia por los campos floridos y aromáticos, sierras que hendían con sus azules silencios el valle, luz y más luz como la que pedía Goethe, gratis, dada a los hombres de buena voluntad. El tiempo de Epifanía los llevó por enero de tal modo que parecía denso e impenetrable. Por lo demás casi ni se daban cuenta que estaban en febrero porque la mismidad no daba medidas externas al tiempo que simplemente avanzaba hacia el origen, hacia el fin último en medio de lo que legítimamente podemos llamar "felicidad, dicha, o buen destino", en griego EUDAYMONÍA.
Algo entendían ellos de esto porque desde el semestre de invierno el estudiante del doctorado les escribía como se verá a continuación. 
Habitaban ellos en su casita y como las tropillas de caballos no necesitaban otra cosa que su "querencia"

jueves, 12 de septiembre de 2013

LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS

Serenidad delante de estas sierras y dirección espiritual más sacramentos eran el buen destino de estos jóvenes que atravesaban su primer verano bajo poderosas nubes que se erigían gigantescas sobre las cumbres, blancas, rosadas, olímpicas. 
La presencia de vacas y caballos moviéndose imperceptiblemente en los campos hacía pleno el vacío de actividades y cosas que llenan las vidas de los hombres en los centros urbanos. 
Quien ambas circunstancias ha probado le resultará increíble que los hombres se aprieten en las ciudades y abandonen la cercanía dulcísima de una majada de ovejas cubriendo un prado, símbolo de la paz.
Es quizás la explicación freudiana mencionada la que justifica que los hombres escapan a la paz por un impulso inconciente. 
El árbol, el algarrobo en especial, lo está diciendo siempre: soy en este sitio; y miles de aves en los bosquecillos ponen en olvido el "cetro y el oro"; 
y sobre todo esos aires irisados por las sierras que refractan los rayos dorados de la tarde vibrando entre todas las cosas: el chañar, el tala y la tusca; y esos pastizales susceptibles a las brisas, todo esto llamaba más y más a lo mismo.
El cura llamó a Florencio que revisaba en esos momentos los árboles brotados con Tobías que se llenaba de gozo con estos trabajos del huerto como quien se ejercitaba en la oración salutífera y por lo tanto podía recibir con pureza "lo que es".
No es un ideal idílico. Tobías se contristaba con lo que debía hacerlo y cómo debía hacerlo: contemplando la pasión de Cristo revivida en la Misa que el recitaba cada día y luego el corazón así levantado hacia el Señor podía alabar. Los días de ese modo se integran en el día eterno.
Así se confesó el joven mientras aquel seguía paseando con su sobrina entre los frutales nuevos y los nogales, juntando alguna fruta de los antiguos, acompañados de los niños que los ayudaban.
Verano era sinónimo de duraznos dorados, rojas ciruelas, damascos, tomates y mazorcas de maíz: el arrancarlos y ponerlos en canastas es lo más gozoso que pueda experimentarse y el alimento nutre alma y cuerpo porque se poseen entre las cosas del habitar.
Mientras, envueltos en sus aromas inefables, los llevaban a la cocina se encontraron con Mateo y Florencio y tomaron una merienda en la galería luego coronada con algunas partituras elegidas por el docto cura alemán quien permaneció con ellos hasta el atardecer cuando lo vino a buscar su taxi.
El tiempo en el ámbito del ser daba en el vacío y simplicidad del camino del campo la plenitud que es no sólo posible sino necesaria y exigible en la así llamada "plenitud de los tiempos".
El cura iba hacia la Misa, "summa res".

martes, 3 de septiembre de 2013

LA PARTIDA DE AJEDREZ

Y llegó el momento de las confesiones dentro del sacramento de la penitencia. El padre alemán no dejaba pasar las semanas sin cumplir este servicio fundamental encomendado por Cristo: "perdonad los pecados". Quien puede quitar tal lastre del alma, quien puede dejarle a Cristo su yugo y tomar el suyo, ligero y suave ¿cómo dejaría de hacerlo sin revelar en ello una sumisión al "thanatos" descubierto por Freud en el fondo del "Ello", este despersonalizado contradictor del "yo", que es el borde de la nada en donde flotamos, decía siempre Mateo. Nos podemos dejar ir hacia abajo y topamos con ese borde o bien nos convertimos hacia el alma que une los elementos de nuestra corporalidad y que en sí se halla en el espíritu, de espaldas a la diversidad de lo sensible. 
Aquí reina la paz y la gran posibilidad de recibir la gracia viendo y queriendo lo que procede del principio: a quien era en el Principio, el Logos y al Don hypostático, que procede de quien origina y de su imagen perfecta ¡Felices los menesterosos con respecto al espíritu! agregaba, con su personal traducción del griego en la primera bienaventuranza, este sacerdote que había cursado filosofía en Universidades alemanas donde pudo leer en griego a Plotino, como se ve. Y en verdad creía que sin él se desgajaba San Agustín quedando las consabidas moralinas que se multiplican como las ranas en los arroyos. 
Ahora con la caridad, gozo y paz de los frutos que recibía por su esmerada preparación y buena disposición según la autoridad de San Pablo, fuente fundamental para él, la tenía a la dulce joven mallorquina cuyos ojos eran como los del mediterráneo que la rodeó en su patria.
Sembrada esa tierra con la semilla del reino de  los cielos le tocaba a él proteger en ella la gracia. Flora había tenido aquel sueño donde se veía atacada por adversarios que tenían armas para distanciarla primero de Florencio y luego hasta separarla a través de aparentes razones individuales. La pesadilla llevaba esta situación progresiva a través de los años a un aislamiento que remataba en la soledad más abrumadora de la vejez.
Ella le contó este sueño.
Mateo resopló y dijo:
Mira como el adversario te ha puesto las piezas para que puedas neutralizar sus jugadas y pasar al ataque-
¡Ay padre, eso me angustió mucho! Yo creía estar unida a Florencio de tal modo que no fuera yo sola quien jugara una partida con el diablo!- dijo Flora.
Y el cura presto respondió: ¡sí está muy cerca en unidad sacramental pero son dos personas que pueden imperceptiblemente ser alejados! En el mundo hay mil cosas para hacerlo y aquí muy pocas pero aquí puede trabajar el contradictor y calumniador como lo hizo en el jardín de Edén: volviendo la persuasión  en contra de la verdad al disfrazarla.
¡Ay padre entonces deberé jugar sola esa partida! ¿Cómo puede dejarnos Dios así? lloró Flora.
Fácil la respuesta- dijo el cura- "Bástate mi gracia". No estás sola: El está en ti. Si no lo supieras, no lo recibieras en los sacramentos, no quisieras encontrarte con el Señor Vivificante en tu intimidad no podrías estar cerca de Florencio, como ocurre con quienes se van aislando por carencia de su soplo avivador y acercador de personas. Hay una procesión infinita entre tu persona y la de tu esposo así como por carencia hay un alejamiento progresivo.
¿Bien pero cómo tomarlo si es invisible? -se quejaba Flora.
¡Ah hija, ya ves que la turbación te separa del Señor, más íntimo que tú misma! -contestó sonriente Mateo- porque olvidas lo elemental. Hay una mano para tomarte en la presencia de su ser infinito, no por ello menos sino más presente. Y como sabes es el sacramento donde el hombre Dios está en su carne tangible a mano. Ahí tienes su cuerpo que es contemplable y comible. Él, Verbo encarnado, te toma cuando tú lo comes. Ese alimento es un sostén que, valga la redundancia, te sostiene en el infinito de su ser simple. Él es en realidad tu esposo en primer grado por su unión carnal y el sacramento del matrimonio sólo despliega tal unión. No estás sola: estás super unida o unida en la consumación de la unidad como dice San Juan al final del discurso de la cena. Mira hija cómo viene la sexualidad matrimonial a ser un signo de la consumación en el ser y con el ser.
¡Entonces Padre que me perdone la falta de fe, de esperanza y de caridad!  Dios es quien está tan íntimo conmigo y de quien escapo para refugiarme en Florencio, el cual al no poder darme lo que ofrece el Señor Vivificante, el amor del Padre y del Hijo, se resbalará de mis manos anhelantes -dijo Flora estremecida con su sensibilidad femenina hecha a la lectura de Antígona y Electra.
Así hija tú harás como penitencia una lectio diaria de aquello que rezas, el Magnificat. Sola tomarás un verso por día y lo meditarás mientras haces tus tareas. Y ahora EGO TE ABSOLVO IN NOMINE PATRIS ET FILII ET SPIRITUS SANCTI, AMEN.
Esta fue la primera confesión de la tarde en la estancia la "Bendición". Florencio y Tobías habían revisado la huerta y comentado acerca de cada cantero y cada surco. El campo azulado por las sierras que brillaban en aquella tarde estival de tal manera que avergonzaban al firmamento, los rodeaba. 
Sin embargo el enemigo está más presente en el paraíso.

viernes, 9 de agosto de 2013

EL ALMUERZO BENDITO

Los dos finalmente eran esperados para el almuerzo en casa de sus queridos jóvenes que los recibieron con una mesa llena de los productos de la huerta: la máxima diversidad de ensaladas posibles dada la estación: varias clases de lechuga, cebollas, puerros, chauchas, papas con perejil y huevos, zanahorias tiernas y olorosas, repollo, brócoli y enormes tomates con albahaca, que eran orgullo de los cooperativistas de la Bendición. Todo esto se acompañaba con unas jugosas chuletas de lechón ¡Todo surgido del mismo esfuerzo cooperativo!
Quedó maravillado el cura al ver la mesa mesa servida en esa cocina que día a día se volvía más maravillosa por mano de Flora que le iba agregando cosas propias del habitar. Los estantes nuevos se iban llenando de frascos y latas con dulces y frutas desecadas. También tomates confitados y también transformados en salsa para las otras estaciones. Los aceites que compraban y más y más comenzaban a canjear en la sierra ya por dulces de propia factura. Predominaba el rubio color del durazno en los frascos y le seguían varios matices del dulce de leche pero la ciruela no faltaba tampoco. Todavía era poca la cantidad pero estaban en camino de considerable aumento. Además carneaban pavos, conejos, lechones que eran objeto de canje. Le seguían las botellas del vino regional de las soleadas sierras.
 Bernardo y Rosendo estaban muy activos en todo esto con sus familias. Y lo que  hay que destacar eran los fines: desterrar toda miseria, enriquecer la pobreza, promover la salud por los buenos y variados alimentos y sobre todo engordar la autoestima con cada nuevo producto añadido. Claro está: el fin último había sido señalado por Tobías y Florencio: el hogar y su plenitud.
"Bien y verdaderamente veo" -dijo Mateo con entusiasmo- que la miseria es producto de la falta de organización cooperativa, medida por el verdadero bien. La predicación en favor de los pobres debe ser llenada de contenido: cómo hacer la promoción humana de los pobres está a la vista porque ya ha sido practicado en el mundo (cooperativismo de la primera Europa) pero que fue cayendo en el olvido conforme las ciudades fueron creciendo junto con la gran industria ¡Qué índole liviana la de los hombres que por un progreso destinado a subvenir a las necesidades demográficas hayan de olvidar todas las artesanías y el habitar que las sostiene!
Para no hablar de la técnica moderna que provoca la esencia del hombre y de la naturaleza -dijo Florencio- según me le explica mi amigo desde Friburgo.
¡Ah tu amigo estudió con Heidegger! -contestó Mateo- Yo le he conocido antes de partir: es mi compatriota, de quien he confirmado no pocas cosas de mi pensamiento regido por la fe.
¿Pero cómo podrá ser tal cosa? -dijo extrañado Tobías- siendo él ateo?
¡Así es sin embargo! -contestó Mateo mientras iba probando cada una de las ensaladas con agradecimiento al creador que todo lo hizo bien- Pero nada hay fuera del Verbo en el universo como sabemos por Dante. Además su padre fue sacristán de la iglesia de Messkirch y él tocaba de niño sus campanas.
Mi amigo con todo tiene un maestro que fue discípulo del gran pensador de este siglo que es una maravilla de precisión y justicia con los pensamientos de cada filósofo y viene avanzando con pies de paloma y por cierto que es católico -dijo Florencio.
¡Buena la tenemos aquí en nuestro rincón! Bien abastecidos de todo podemos navegar hacia el glorioso fin para el cual hemos sido creados -dijo con entusiasmo el cura mientras terminaba con su costilla acompañada con un pan casero hecho por Amelia que era insuperable.
A los postres, un flan casero con el dulce de leche de la Bendición, bendijo y se retiraron a la siesta obligada por el calor que aumentaba por momentos.
Flora recogió todo ayudada por su esposo satisfecha por el agasajo a su querido tío y admirado confesor. 

viernes, 26 de julio de 2013

LA NOCHE DE TOBÍAS

Como muchos días entre semana el padre Mateo iba a la "Bendición" en calidad de pastor: tres ovejas escogidas requerían su atención. En primer lugar y a primera hora: Tobías.
Llegó al campo entre mugidos en dilatado coro que se perdía adentro de los montes llenos de vida en el estío. El aire de la mañana lo envolvió con esa maravilla de los campos llenos de la enjundia de la creación exaltada por el libro original de la Biblia, objeto de tanto maltrato prosaico. 
Mateo se olvidó que era un teólogo y sintió simplemente la belleza viva del campo que podía tocarse con la mano. Habitaba poéticamente y así vivía su teología y así se gozaba. Pero primero lo envolvía la sabiduría del Verbo y a su vez la de la naturaleza también objeto de mucha prosa desecante. No, ella misma lo acariciaba esta mañana mientras se encaminaba por el sendero de talas y chañares a la ermita de Tobías que lo esperaba con el mate ansioso ya que hacía más de una semana que no hablaba con nadie y la expectativa de recibir la visita de un sacerdote lo conectaba con la visibilidad de la Iglesia donde moraba.
Lo vio llegar sentado en una silla antigua con un vellón de oveja y tenía otra preparada para el cura. Quien se haya sentado en ellas alguna vez lejos del mundanal ruido sabrá el inigualable gozo que se experimenta.
Mateo le dedicaría toda la mañana al viejo y luego almorzarían en la casa de nuestros jóvenes.
"Bueno hasta la hacienda baguala cae al jagüel en la seca" se anticipo a decirle el cura.
"Aunque aquí es el cimarrón el que viene al trote como si nunca hubiera visto a su compadre" le contestó al vuelo Tobías.
"Bien vengo a escuchar confesión de un santo eremita y eso aprovecha al confesor y lo santifica", decía el cura lisonjero.
"Venga Ud. a remediar a este viejo solo que no está todo sano", respondió el eremita.
Y aunque la confesión es secreta la narración se introduce en sus personajes aunque sepa ser discreta. He aquí que el viejo le contaba sus pecados y a fe que tenía espacio y soledad para examinarse además de inmovilidad que deja brotar lo que el ajetreo cubre. Deja acercarse a Dios y esto no está exento de riesgo. No es aquel de la moralina.
La fe se pone a prueba: ¿Oh hombre por qué dudaste?
"Mire padre en primer lugar debo decirle que peco contra la fe pues me toma un temor a la nada, a la muerte que me sumergiría en ella, a la pérdida de todo lo que he tenido, como si no fuera evidente que ha sido un camino que avanzaba hacia aquí. Y sin embargo he venido directamente a morir a esta ermita a encontrarme preparado" dijo el viejo atribulado.
Mateo le contestó con bastante seguridad: "Sí: ahora echo de ver que su camino en la ermita está dando buenos frutos. Precisamente la nada es lo que debía encontrar y ha sido la única manera de tenerla ante sí en medio de este vacío que se ha procurado. Ahora sufre lo más áspero de la noche, experimenta la ausencia de todo consuelo, se zambulle en la oscuridad de la fe sin más. Ahora se suspende todo en vista de la purificación del espíritu. Si Ud. persiste en ello vendrán la esperanza y la caridad, una para auxilio y la otra para refrigerio. Ahora la primera parte de la noche es la la que lo embarga con la tristeza de haber perdido la luz y el gusto por las bellezas creadas que lo rodean. Se acostumbrará a la noche y sus ojos comenzarán a ver luces "más claras que el alborada". Yo estoy orando por Ud. para que sienta de alguna manera la comunión de los santos como animadores. Va por buen camino repasando las angustias del salmista y clamando en medio de estos árboles que le hacen la mejor compañía. Pero una tregua le hará bien y saldremos a campo abierto y almorzaremos con sus sobrinos. Más yo le absuelvo de la desmesura del temor y de la falta de fe en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo"
Tras el pronunciamiento de la absolución se confirmó el alma del viejo penitente, comprendiendo la alusión a la Noche Oscura del alma y pensó en sumergirse en ella seguro de encontrar todo allí y de ahí en más tomaron mate y gozaron de esa mañana que era preludio, sin duda, de la gloria.

miércoles, 24 de julio de 2013

UN ABISMO LLAMA A OTRO ABISMO

Me es raramente gozoso avanzar en un tiempo que no avanza sino en el origen de una decisión: la de la verdad presentida por esto dos jóvenes a quienes les seguimos el rastro de un espacio donde no nos es dable ver el movimiento.
 Estamos en verano donde el día solar es más largo pero la sierra aporta su mismidad. Arde como llama de amor tierno con fuego que consume y que no quema del alma en el más profundo centro en un mismo día.
Una cosa es ir por una carretera eludiendo automóviles o estacionando en una ciudad a la hora del atardecer entre las múltiples cosas del sistema de las necesidades y muy otra recibir la totalidad de la sierra encendida en una llama sin obstáculo alguno en el ritmo de antaño con el coro de los mugidos y el concurso de un millón de pájaros de la orquesta estable de la Bendición, patria de pastizales y algarrobos, talas, chañares, quebrachos, jarillas, tuscas, breas, y piquillines.
La sierra llagaba el corazón de Flora y Florencio bajo un cielo ya rosado y este renovado atardecer duraba extensamente en ese espacio vacío y lleno de todo lo que puede sazonar la existencia que sin embargo habían detectado ellos mismos como tocada por la finitud que debía ser objeto de atención.
En el vacío se experimenta el vacío. Y no valen moralinas para decir que el amor lo llena porque termina siendo una fuga del gran llamado de la Palabra del ser precisamente a ser...personas.
Florencio y Flora estaban en esa estela que llamamos tiempo. Admirados contemplaban el discurso de su vida matrimonial y seriamente se preguntaban cómo ser personas sin sucumbir al torrente de los entes en su arrastre creciente cuya aceleración habían visto en las ciudades que crecían en orgullo.
Y qué encontrarían entre ellos para trabar este viaje hacia sí mismos en su ser recibido. El cura y su ámbito debían ayudar.

viernes, 19 de julio de 2013

EL GRAN DESAFÍO DE LA EXISTENCIA

La plenitud de sus tareas, como sabemos, terminaban en la oración. Esa tarde después de regar la huerta delante de los colores intensos de sierras y nubes que avanzaban por las cumbres rezaron el rosario caminando hacia la tranquera. Flora tocó el armonio para los niños con alegría. Luego llegó el momento de los salmos que fueron cantados y musicalizados. Luego vino la lectura del día y más allá la comida de tanta variedad de verduras y huevos como tenían. Después el dulce de leche con nueces. La naturaleza creada es pródiga si hay inteligencia y trabajo ordenado.
Después venía el sentarse bajo las estrellas y conversar en los cielos. Así era su vida y sin embargo aún debían vencerse a sí mismos. La fe es ardua en cualquier hombre que sea ya que debe alcanzar la caridad que debe asentarse en una perfecta disposición y orden del alma, por su parte sensible a cualquier desorden.
Tenía razón Flora: cada uno está solo por más cercano, ya que tiene flancos por donde se cuela la grima. Hay pues una disputa en lo invisible y esto requiere una purificación de la fe. 
Lo bueno era que los esposos lo sospecharon desde el principio y tenían por suerte con quien tratarlo. Los santos habían acumulado gran experiencia de todo esto. Ellos tenían el ejemplo de Tobías a quien hacía una semana que no veían: ¡tan ensimismado estaba el viejo!
Ellos hablaban despacio de todo ello como quien captura estrellas una a una en la inmensa noche. Cara a cara con el universo estaban dispuestos a hacerle frente a las noches del espíritu y no tenían intención de distraerse ni siquiera con el arte. Lo primero era lo primero y era el fin último.
Era bello el verano pero sentían la mordedura de la existencia. Entonces bajo aquel infinito recordaban la pregunta de Jesús:

                   ¿DIOS MÍO DIOS MÍO
                     POR QUÉ ME HAS ABANDONADO?

miércoles, 17 de julio de 2013

EL COMBATE ESPIRITUAL

El primer mes del verano pasaba. Esto lo notaron porque sus nuevos amigos concluyeron sus vacaciones y partieron. Siempre esto indica la finitud de nuestra existencia aquí pero al mismo tiempo que estamos hechos para otro estado mas lisonjero. La felicidad misma ahora produce dolor ¡cuanto más producirá la infelicidad!
Así lo decía Flora una mañana:
"Soñé que te gritaba y que perdíamos esta armonía que ahora poseemos".
Florencio contestaba:
"Creo que debemos preocuparnos por los días de las vacas flacas cuando el Señor nos dé las noches. Toda experiencia indica que a mayor plenitud espiritual le corresponden. Hay virtudes que adquirir y gracia que impetrar y penitencia que frecuentar".

"Y juntos recibir la eucaristía: que para ello fue instituida" dijo Flora consolada.
"No hay que confiar en la bondad natural porque se deteriora pasito a pasito sin que se note y adentro de uno anidan imperfecciones pequeñas que crecen. De todas formas el ataque vendrá, llegará el día en que seremos tentados para que desconfiemos uno de otro. Hay un especialista en ello según el cuento más conocido del mundo", decía con solidez Florencio.
"Y sobre mí vendrá según se acentúa en el relato" decía temerosa Flora.
"Sí, tu sueño te indica el comienzo. El sueño es un remedo de la nada de donde venimos o mejor de donde no venimos pues ya éramos en Él", decía el amigo del filósofo.
"A mí me compete la piedad directamente, no la filosofía" contestaba Flora
"Seguramente como hija de María que muestra el sacramento de la piedad" decía agudamente Florencio.
"De todas maneras no estamos solos como Adán y Eva en el paraíso. Tenemos la visibilidad del orden sagrado, a nuestro padre Mateo. A él me asiré yo para que no me aleje de la madre de Dios" decía la delicada Flora.
" A eso iba -contestaba el esposo- : no hay salvación sin sacramentos completos porque la furia del contradictor no requiere menos. Además decía mi amigo que la existencia en su condición de tal es como un juego de ajedrez y nuestro opositor juega con fichas negras con cada uno de las personas buscando jaquearlas. Hay una película de Bergman donde el caballero juega contra la muerte a quien sin saber le ha confesado como sacerdote sus secretos. No hay para qué personificar a la muerte si tenemos al homicida que busca aniquilarnos como dicen los apóstoles".
"Ah querido y cada uno juega su propia partida. En eso no estamos juntos. Parece que el jugador de negro está moviendo las fichas por momentos" dijo Flora con cierto desaliento.
"Somos uno sacramentalmente pero nuestras personas nos hacen únicos y separados. Nuestra relación no debe interrumpirse pues quedaríamos aislados. Estamos uno frente y hacia el otro. Pero sí puede lograr aislarnos. Y no basta jurar: ¡no lo dejaremos! Sin el auxilio de la gracia quizás no pudiéramos", dijo con buen conocimiento su esposo.
"Pues entonces no nos perderemos el auxilio de los sacramentos y ahora "cada día tiene su afán" le contestó Flora mientras salía corriendo al encuentro de los niños que traían las vacas al ordeñe.
Florencio seguiría con su tarea mañanera de control junto a Bernardo lo cual exigía montar a su alazán e internarse por los senderos aspirando el aroma indefinible de los árboles y arbustos del monte.
El trabajo de cada día indicaba sin duda al pan que había que comer con el sudor de la frente. Una lucha consigo mismo como ya la conoció Platón en el Laques.

domingo, 14 de julio de 2013

CERCANÍA PERFECTA

"¡Que cosa amigo que puedas ver el camino del campo, tú en Friburgo y yo en el mismo campo! Por lo que a nosotros hace querido compañero la luz del claro da sobre nuestra casita tal como la dibujábamos cuando éramos niños. Parece que tuvimos la dichosa ventura de vivir en un cuento. Primero cuando éramos niños y te conocí en nuestro barrio natal. Tú con tus padres, hermanos y tías. Yo lo mismo. Las navidades plenas de ellos en tu casa y en la mía. Pura luz no sé si era para nosotros o todas la gozaban. Muy simple luz. Los juegos, luego nuestros campamentos a la montaña, nuestros maestros humanistas, luego esos viajes de estudio por el mar de Homero...
Yo vi esa luz en unos ojos un día y con la dote del ermitaño americano llegué a un espacio amplio y despejado donde no veo meramente como allá las montañas: se me vienen encima ellas mismas y me envuelven en medio de mis trabajos sobre mi alazán, en la huerta, en la galería de mi casa, en las noches cuando salgo a poner leña en el calefón, en este mi primer verano cuando bajo las estrellas forman un muro de indecible vida concentrada. Y me quedo ensimismado al verlas en cada ocasión que abro los ojos.
Ahora tú con tu nuevo maestro pareces tener lo mismo: una fuente interminable de riqueza fértil. Enhorabuena. Ojalá yo pueda compensarte con la misma riqueza que tú me das con tus cartas"
Tal fue la respuesta de Florencio en la mejor vía de comunicación que pueda pensarse: la carta escrita.

jueves, 11 de julio de 2013

NUEVA CARTA

"Es un camino simple y extraordinario el que seguís en el camino del campo ¿Cómo puede serlo? Porque no es sino un camino estrecho, el de la persona que suena o es un resonancia de las Divinas Personas las cuales han quedado en la cercanía -y tal es el reino- con la encarnación del Verbo y el cumplimiento de la promesa en la plenitud de los tiempos. 
Esto rompió el cerco del mundo con la predicación paulina pero el mundo cayó sobre los primeros predicadores transformándolos en mártires y siguió oprimiendo con las herejías hasta que éstas se hicieron finalmente el modo de ser del mundo en general, como una suerte de diluvio por donde debían navegar las personas si las hubiere: es decir si hubieren espacios ya despejados donde alcanzaran a resonar los mansos efluvios del Espíritu, surgiendo en correspondencia el agua cristalizada de la persona que será diamante de la vida eterna.
Luego es simple porque no hay nada más sino ella misma.Cada cosa que se le pega es una escama obturadora que va privando de la luz y del calor que proviene del misterio de las Personas, las cuales son de por sí procedentes, es decir vivas. 
Cada cosa en cambio que procede de la finitud del mundo va enlazándose con los significados y se enreda con las otras formando un torrente arrastrador. Mas esto lo hace en forma cautivante como las presentaciones del Becerro de oro de quienes quedaron lejos del monte de la teofanía que exigía pobreza y vacío. Hay realidad en los ídolos e irrealidad en la divinidad que se esconde detrás de la gloria. Por una razón tan misteriosa como la de la gloria misma los hombres prefieren las danzas del becerro  y temen el rostro glorioso de la persona.
Y de aquí viene el nacimiento del pueblo que se protege en la ciudades. Como será así que Sodoma hoy en día por el escritor francés Proust esto se va haciendo el estandarte de los formadores de la sociedad. No hay que darle el nombre de mal y de hecho este nombre designa hoy toda limitación a la liberación y el de bien a la mismísima transgresión. 
EL asunto es que el pueblo cuanto más amuchado es más pueblo y menos se ve aquel diamante de la persona consonante con las Personas.
Tal es lo que siento tras los seminarios que lleva a cabo mi profesor acerca del tratado de la trinidad de San Agustín."
Esta carta recibió en sustancia Florencio de su amigo que se doctoraba en Alemania y le dio de pensar: tanto que se la leyó al padre Mateo cuando éste vino por la dirección espiritual. 
Mucho la alabó el cura y le dio en su explicación más amplitud. "La pureza posibilita", dijo, "que el pensamiento vuele directo y sin enmarañarse. Pero lo breve se vuelve oscuro y lo luminoso ciega. Nos ha dado materia para nuestra conversación que con gusto tomará esta carta de tema".

viernes, 5 de julio de 2013

LA SIMPLE CERCANÍA

De las novelas de caballería don Quijote traía ante sus ojos el reino. Los hombres afirman en nuestros días querer cambiar el mundo pensando que ellos son mundo y están hechos de él y para él. Sobre esto y por debajo está aquello de "el reino se ha acercado cambiad de mente".
Nuestros personajes sin proyectar nada se arrojaron a la búsqueda del reino y se hallaron en medio de él como don Quijote en la cueva de Montesinos y el mundo vino a ser la añadidura. Tenían una cooperativa donde gozosamente estaban venciendo la pobreza para ellos y para quienes antes se resigaban a un salario mostrándose ahora el camino autosuficiente para quienes ni siquiera lo tuvieran. 
Sus nuevos amigos más que esto: andaban por una avenida de trabajo industrial produciendo sembradoras en un emprendimiento familiar que daba trabajo a muchas personas y gozo a ellos mismos por su creatividad. Lo que no existía ellos lo ponían en la existencia y no sin esfuerzo y contradicciones.
Ahora, conociendo la estancia "la Bendición", veían además  el sendero estrecho que lleva a la vida, la angosta puerta de la diferenciación de sí mismos que los entraba en el secreto de las personas. 
Florencio y Flora dirigidos por el padre Mateo y apadrinados por Tobías se vieron en el reino de los cielos en la cercanía anunciada.
Esta narración continúa aquellas palabras escritas con autoridad hace ya poco menos de dos mi años. En esa urdimbre existente tejían nuestro esposos sus días desde aquel primer verano donde la cosecha de duraznos los puso a hacer dulce y guardarlo; los puso a envasar los tomates de salsa, las abundantísimas chauchas, los repollos preparados, las arvejas mientras consumían la enorme variedad de legumbres con las delicadas carnes de conejo y pollo las cuales fueron conservadas también en escabeches.Mientras se preparaban la carnes de los cerdos para el invernal jamón en base a un maizal proficuo.
El verano caluroso y soleado daba fuerzas gigantes a la naturaleza, a la physis, que los brazos de Rosendo, Bernardo y sus familias asociadas en la cooperativa aun con el vecino dirigían hacia un almacén que les daría aquello que siempre han necesitado las familias para el sustento ¡Y aquí había excedente!
La sabiduría había precedido esta situación provechosa y quien la había acercado ahora rezaba en su ermita buscando su tránsito a la así llamada otra vida ¿Era distinta y diversa o simplemente lo que aquí es más cercano a la materia allá es simplemente espíritu? El reino que se había claramente acercado llegaba a su consumación en la casa del Padre celestial ¿Qué otra podríamos decir sino lo ya dicho?

martes, 2 de julio de 2013

EL GOZO DE LA VERDAD

El primer verano de Florencio y Flora ya comenzó a ser  fecundo en la amistad. Ya sus amigos se habían pegado a ellos pasando de unas saludables vacaciones serranas en aquel hotel de ensueño a la salud del habitar y su fundamento.
Sí, volvieron al hotel de la loma pero no permanecieron ya como simples veraneantes que respiraban aire puro de la sierra: no sólo habíanse iniciado en su misterio de contemplación sino también en la profundidad de su llamado a habitar que ejercitarían cada uno de los días del año.
 Ahora tenían con quienes compartirlos. Ya no vivirían solamente la enjundia de la gran familia que integraban en su pueblo agro industrial sino que seguirían el camino hacia adentro del hogar entrevisto en la casa de los jóvenes que habían venido del "ponto divino" (Homero) a este valle bendito cobijado por las sierras en medio de aquellos montes que respiraban el ritmo de antaño. 
Además estaba el cura de Colonia, íntegro en la Filosofía cristiana religada a la sabiduría del Verbo que habla y despierta las personas que han sido elegidas "antes de la fundación del Cosmos"
Hermíone había captado todo esto con su sensibilidad literaria y Hugo organizado en su mente de ingeniero el sistema de un saber que crecería en el espacio de los años subsiguientes.  
Nosotros gozamos al narrarlo por aquello pronunciado 
en el himno a la caridad: gaudium de veritate. La historia de estos dos hogares serían como dos panales que darían su miel de acuerdo al plan de la providencia la cual, velis nolis, tiene en su mano el bien, el fin de sus creaturas. 
Reconocemos otro universo separado a éste que se ríe de algo semejante. Allá van leyes do quieren reyes.

lunes, 17 de junio de 2013

VERANO EN LA ESTANCIA

El milagro de la noche en el lugar donde los cielos absorben lo que tocan, por falta de obstáculos que impidan su caída sobre las personas y las cosas, tomó a los esposos visitantes con la magia de los campos que laten al ritmo puro de la naturaleza y de las costumbres de antaño ¡En los siglos de los siglos (años medidos por millones) la noche se posaba sobre montes y praderas, claustrados por los muros vivientes de aquellas sierras, sin muestras de notar lo que llaman el paso del tiempo: siempre era la misma noche para sí misma y levantaba en los veranos ese movimiento "allegro maestoso" de la sinfonía que iba avanzando con brío al largo del otoño, dando tema a Vivaldi que así percibió musicalmente el giro del año.
Nuestros huéspedes sentían pues en la pureza de aquella situación la inclusión en aquel misterio donde el hombre estaba, acaso como un tardío invitado a la fiesta del más acá de todo lo que se tiene por urgente entre los hombres, como se ilustra en la parábola de los invitados a la boda.
La cercanía, el sosiego, la mansedumbre, la serenidad: a ello han sido invitados los recién llegados, las personas del sexto día de la creación configuradas a imagen y semejanza del creador y destinados al séptimo día, llevando en sí las primicias en la persona.
El hecho en su pureza podía experimentarse en "la Bendición" dadas las condicionantes que allí llegaron a ser. Hugo y Hermíone se felicitaban de sus nuevos amigos porque habían recibido por medio de ellos gracia sobre gracia. Se diría que esa noche tuvieron por cierto que eran ellos una las estrellas vecinas del cosmos que navegaban junto a Florencio y Flora de cuya plenitud participaban, entrando más adentro en la espesura del hogar. 
Quizás ellos no habían visto más que la dimensión horizontal de la familia que integraban con gozo en su pueblo. Ahora se abismaban en la vertical y sin el temor de estar solos ¡Veían claramente que el cielo era un luminoso acorde de cercanía! El viaje tenía un término sabido en la fe pero ahora veían que ese término ya era "ahora" y era intenso y extenso.
Les faltaba sin embargo, después del sueño reparador, aún amanecer en el campo, ver el sol salir por la sierra sentados en el brete del corral, sintiendo el despertar de la vida de todos los animales, desde los pequeñitos a los grandes como la grandiosa alabanza de lo simple. El verano era el momento para tal espectáculo.
Compartir el ordeñe con Flora y los chicos los maravilló y el desayuno finalmente los hizo tomar una decisión: quedarse hasta la mitad de semana en la estancia. Una cosa eran las vacaciones que gozaron en la sierra y otra entrar en la gracia de los trabajos y los días de "la Bendición" y acompañar a sus amigos en esa cotidianidad.
Así se los veía tanto tomar el azadón en la huerta como acompañar Hugo a Florencio en sus recorridos de vigilancia y vacunación y Hermíone a Flora en el ordeñe y elaboración de dulce y labores manuales.
Los esposos más jovencitos se sintieron honrados y comprendieron que la plenitud del hogar era gloriosa al ser compartida. 
Claro, esto llegó a su culmen con la usual visita de los miércoles del padre Mateo y el encuentro con Tobías. El cura sintió un aumento de gloria con asociar a otro matrimonio a su pastoreo. Y a fe que pidió que durara toda la vida porque odiaba lo efímero. No creía que el pastoreo de hombres, personas eternas, consistiera en un paso incesante en medio de individuos a quienes se predicaran abstracciones y voluntarismo sociales como si se repartieran estampas multiplicadas por la imprenta. Por el contrario: una persona es una unidad única que nace ante el apóstol con el cual se queda religado para siempre como otro yo, como un Onésimo a un Pablo a despecho de todos los Filemones que hubiere.
Así ese día fue para los nuevos y para los de antes una novedad de gozo. Mateo se superó a sí mismo: cumplió con su misión sacerdotal confirmando el sacramento grande de la Iglesia y allegando los instrumentos para su plenitud.
No sólo confesó a todos sino que sus palabras penetraban por los entresijos del alma y del espíritu que suele aflojarse en su unidad sin la sabiduría del maestro quien adoctrina como mártir de la verdad, dando vida a la vida joven.
La narración de este hecho del espíritu adviniente sobre la pura naturaleza hace estas líneas beatíficas como podrían haber sido las de Homero si hubiéranse continuado con la vida de Penélope y Ulises en el palacio de Itaca cuyas costas son besadas por las ondas divinas del mar jónico que se adentran en sus profundas bahías bajo un sol que orifica enteramente cielo,montaña y aguas dejando vibraciones interminables en las almas; por no hablar de la vida de Nausikaa si hubiérase encontrado con Telemaco en aquel hogar contemplado por el náufrago aquella infinita mañana en la inefable isla de Corcyra, abrazada por los azules del poema de Pedro Salinas. 

jueves, 13 de junio de 2013

LA AMISTAD, NECESIDAD PERENTORIA

Salieron los cuatro a caballo. Bernardo les ensilló dos de sus caballos y para Flora una yegua mora muy mansa. Al paso salieron hacia el oeste bordeando un alambre y teniendo a mano derecha un amplio prado de altos pastos poblado de vacas con terneros ya grandes por destetar. Más allá un monte espeso de todos los árboles oriundos que asombraban a los visitantes cuando cruzaron el campo entre las vacas y se metieron en el monte por un sendero que llevaba a una aguada. Chañares, piquillines, breas, y jarillas nunca vistas los llenaron de aromas intensos.
Llegaron. Florencio inspeccionó la acumulación de vacas en la puerta de la aguada y las dejó entrar. El regocijo de los animales entrando a las aguas les hizo a todos recordar los salmos que mencionan esta sed de las almas nobles. Ellos subieron al borde de la represa y desde allí veían por encima del monte emerger las sierras en toda su extensión, que abraza el valle y lo cierra por el norte con una sierra más baja y de un color más claro que guardaba los rayos del sol por más tiempo en el ocaso. Allí baja el río que da a la Villa del cura gaucho y cruza una tierra de promisión.
Todo esto le explicaba Florencio a sus amigos que llenaban sus ojos de la gloria de la tarde expandida en el follaje inmenso, en los prados y haciendo su obra  el sol en las sierras que latían  emanando suavísimos efluvios de color en los aires del valle cubierto por un cielo de un celeste tan puro como lo requerían los rayos dorados para atravesarlos y formar una gigantesca corona estival.
Pronto el cielo se iba tornando rosado y las sierras se encendían de carmín y sobre ella el celeste se intensificó en una banda que se levantaba como un telón dividiendo el cielo con un rosado que aún se pintó por encima, tan intenso que los visitantes creían soñar. Por momentos la sierra cambiaba la intensidad de su fuego hasta decrecer en la  azulada ceniza, acentuándose el rosado en la bóveda del cielo.
Un espectáculo era de verdes que brillaban en los montes de árboles dando sus líricos cantos finales del día, de sierras que volvían a pasar a un carmín más débil ahora en un larguísimo poema épico que abarcaba todo el horizonte, del cielo que divinizaba todo como el espíritu que reposa sobre la tierra. Toda esta sinfonía era acompañada por indecible regocijo de miles de alas habitantes que son como los innumerables ángeles, cima de la creación.
Los visitantes y Flora después de pararse frecuentemente sobre los estribos y girar de sur a norte sus cabezas mirando el amplísimo arco de las benditas montañas y saciarse de esta vista sublime descendieron del borde donde estaban, al punto que Florencio con gran destreza empujaba a las vacas fuera de las aguas y cerraba la tranquera.
Emprendieron la vuelta a la casa envueltos en maduros colores crepusculares. Allí los esperaban los niños de Hugo y Hermíone, que así se llamaba su esposa (su padre le había gustado ese nombre al leer una obra de Bernard Shaw) Ellos estaban cuidados por Amelia, Mónica y Daniel quienes les mostraron la granja donde pudieron arrojarles maíz a las gallinas y alimento a los conejos. Estaban por cierto fascinados como todo niño que puede experimentarlo.
Llegaron y Bernardo se hizo cargo de los caballos ayudado por los varones. Las dos mujeres se ocuparon de la comida, otra vez improvisada. El calor era agradable y los campos emanaban su frescura mientras las estrellas comenzaban a navegar por un cielo de oriental zafiro enviando esos mensajes de íntimos navíos que si el poeta no descifra sin duda los atesora como lenguajes del “signo indescifrado que somos”.
Comieron en la galería un escabeche de vizcacha con pan casero y ensaladas recién cortadas con una jarra de naranjas serranas y vino regional, mientras las sombras avanzaban por los senderos llevándose las sierras chicas los postreros resplandores morados del ocaso.
No hay que decir el gozo de Hermíone y Hugo que no sabían medir cuánto procedía del estar con sus nuevos amigos cuánto del sitio especial en que vivían. Esa noche a su vez serían hospedados por Flora en la pieza de huéspedes, donde iniciaron una costumbre que nunca se interrumpiría durante sus vidas que ardieron desde entonces por contigüidad como los carbones.
La conversación fue el camino que emprendieron, que aquella noche de verano se extendió por la abundancia de aquellos jóvenes corazones. Hablaron de todo lo que los llenaba en aquel estado puro de la virtud teologal de la esperanza. Salió la conversación acerca de Mateo y sobre todo de Tobías cuya vida maravilló a los nuevos amigos.
La noche daba para la música especial de Flora. Allí se abrió el armonio y ejecutó las antiguas y raras composiciones litúrgicas que poseía de maestros de capilla que por desconocidos no eran menos dignos de apreciarse. En esa soledad sonaron con profundísima intensidad. Nueva admiración y nuevo gozo de todos que en realidad ampliaban sus almas con la necesidad más perentoria de la vida: la amistad.

Saciados de ella se retiraron a sus habitaciones no sin rezar al compás de aquellas estrellas que hacían cercana su pureza a través del inefable cielo del despejado valle.    

sábado, 8 de junio de 2013

DOMINGO EN LA GRACIA

El domingo partieron todos del hotel a la misa monumental que cantaba el teólogo alemán de Colonia, por maravillosa providencia residente en aquel pueblo serrano del país del fin del mundo. Efectivamente, esta colocación da un vértigo que motiva a cosas sublimes para quien viene de la vieja Europa. En este caso se trataba de la sublimidad de lo más simple y no de la aventura: es el habitar, el hogar, que hace cercano lo lejano, es lo contrario del Ulises inglés, es Odiseo urgido por el AGAPE, por ser recibido por su esposa, rey, no ya reina del claro del ser, como le dice Ulises mendigo.
El ímpetu del río voraginoso que salta rocas y es origen de la energía eléctrica es la semejanza para el industrial y comerciante moderno. La energía del espíritu, la vida permanente que es al mismo tiempo inmanente, la del tiempo pleno como entelequia, como fin perfecto es la ecuación del habitar.
Decir que gozaron la Misa es decir algo lógico, ya que ella es objeto de fruición pura para que así se realice la catharsis del fiel y se verifique el acto portentoso de la redención. Sí, una misa dada con tanto sentido por nuestro cura envolvía a los bien dispuestos en la belleza supra trascendente de Dios, al par que los fijaba en Él según el pedido que el sacerdote para siempre dio en la última cena: PADRE TE PIDO QUE SEAN UNO COMO NOSOTROS SOMOS UNO.
No se puede dejar de maravillarse hasta un grado infinito ante tal sacerdocio que toma el celebrante en sí como representación sacramental. El sacramento del orden sagrado era creído por nuestro cura Mateo con toda fuerza, sabiduría y responsabilidad. Se trataba de comunicar sacramentalmente la gracia y no de una acción social. La sociología no haría mella en el seminario de Colonia plenificado por la santidad de un Scheeben.
Los jóvenes bebieron la gracia y luego de la Misa saludaron al cura y partieron hacia la Bendición porque mucho les quedaba por ver a Hugo y a su esposa de la estancia: ver y andar a caballo que es como recibir el misterio de la tierra.
Así llegaron e improvisaron una comida con lo mucho que había en esa huerta por arrancar y los huevos que había que juntar en la granja ¡No era cosa sino de estirar las manos y tomar de los dones que la Providencia estatuyó para las criaturas racionales!
Uno piensa: ¡qué lástima la rebeldía que se aleja de tales dones simples! Los hombres más y más los toman como medios e instrumentalizan como producción técnica lo que es objeto de sabiduría y es por sí mismo.
No todos sin embargo desobedecerán la fe y dejarán pasar los dones de la simplicidad. Esto último comentaban los nuevos amigos al juntar una docena de huevos y de un golpe llenar una canasta. La junta de tomates y choclos eran cosa de entusiasmar a hombres de buena voluntad. El don de la bondad de un Padre que siendo la bondad misma la comunica en la fluencia de la naturaleza, la cual vio Él que era buena.
Comieron, descansaron, ensillaron caballos y salieron al milagro de los senderos, de los prados y de las vacas las cuales en su querencia transmiten (como se experimenta cada vez) paz.

viernes, 7 de junio de 2013

INCURSIÓN EN LA SIERRA

Saciados por el momento de palabras y después de tomar el té en aquel sitio acogedor salieron a caminar por un sendero de la sierra que Florencio y Flora tanto admiraban desde su campo. Ahora se deslizaban en su regazo, en uno de los repliegues interiores e infinitos de estas sierras, lleno a su vez de rincones que invitaban a sentarse y habitar y parecían más bellos cuanto más se subía. Todo esto era una maravilla de árboles que se agitaban con el viento que comenzaba a venir de la cumbre, de acequias que humedecían las hierbas aromáticas que profusamente se extendían entre las piedras brillantes por el sol y expresivas desde sus antiquísimas vetas.
Las lomas a un lado y otro producían una suave opresión y sumían al alma en graves sentimientos. Por debajo el valle se azulaba hasta las últimas estribaciones de las sierras del oeste las cuales parecían buques que navegaran hacia el horizonte en una escuadra triunfal.
Los nuevos amigos llenos sus ojos de luz si miraban abajo y su alma de impresiones densas, despertadoras de místicas intuiciones mirando hacia arriba respiraban y suspiraban. Desde la cumbre, llamaba el Verbo y el Espíritu tañía el espíritu de los jóvenes bien dispuestos para ello en su formación familiar.
La esposa de Hugo era maestra y estudiaba literatura y lengua; su alma estaba preparada a las resonancias puras como un instrumento de cuerdas. Flora sentía la música intensa que manaba de las montañas. Hugo seguía a su esposa pendiente de sus ojos y tendiéndole la mano para pasar por rocas o acequias que salían al paso. Florencio no podía dejar de escuchar en su interior aquello que el carmelita descalzo modelara en su alma en la oscura prisión:

                                                Mi amado las montañas
                                                Los valles solitarios nemorosos
                                                 Las ínsulas extrañas
                                                  Los ríos sonorosos
                                                   El silbo de los aires amorosos.

El místico y poeta atravesando los pecados del mundo veía y sentía cómo la tierra recibía el cielo y se hacía celeste a despecho del gran desarreglo de los hombres y la envidia efectiva del diablo, “homicida desde el comienzo”.
Ellos llegaron a un sitio, detrás de una loma que les salió al paso, todo verde y cortado al ras por las ovejas que a la sazón ingresaban en un corral de piedra. Las sensaciones bucólicas de la humanidad se concentraron en ese instante que quedó grabado en el alma de los caminantes quienes no sin pena y entre grandes alabanzas retomaron el camino para volver al hotel donde les esperaban los niños y la cena.
Flora y Florencio se quedaban a dormir aquella noche de sábado. No habían tenido nunca esa experiencia pues se habían casado y embarcado hacia su destino donde comenzaron su vida familiar. Sus corazones latían por la novedad.
Conpartíeron con muchísimo agrado la cena con sus nuevos amigos y hablaron hasta tarde en aquel ambiente íntimo, encerrados por la profunda noche de la sierra cuyo misterio les tocaba de tan cerca por vez primera.
Esa noche quedó sellado aquel feliz encuentro donde de una a otra familia se comunicaban lo propio del hogar donde habitaban con admiración.
¿Se llegaría así hasta la vejez? Se preguntaban los jóvenes.

“En el mundo tendréis tribulaciones pero no temáis porque Yo he vencido al mundo”, recordó Florencio antes que se retiraran a sus dormitorios después de largo tiempo de conversación donde los esposos tuvieron que describir sus respectivas patrias tan lejanas.

martes, 4 de junio de 2013

SERVABO FIDEM

"Mis abuelos vinieron al pueblo de Fuentes desde la Umbría como muchas familias italianas de aquel entonces tan llenas de necesidades y capacidades cuanto de esperanzas y con sus conocimientos armaron un tallercito él y un almacén ella trayendo ahorros  de aquellas gentes ordenadas por costumbres regidas por la fe de nuestros mayores que según tengo entendido han tenido más de un milenio de formación. Muchos monasterios, parroquias y Basílicas que desde Roma fueron alentadas y centralizadas a despecho de los avatares de la vida política porque entiendo que nunca se dejó de alimentarse con la Eucaristía  ni impartir los sacramentos a lo largo de los siglos.
 Si esto no produjo riqueza material sí alimentó la espiritual en el centro de la verdad. El arte de aquella Italia da testimonio de ello. Sé que el mundo moderno llegó a caracterizarse por lo que le brindó el desasimiento de la doctrina abriendo con la riqueza el optimismo de lo que ahora se llama capitalismo. Una ética estricta y seca lo produjo dentro de una concepción mundanal. Nuestros países se vieron inundados por las ciencias (que tan positivas nos parecen) y  fueron detrás de los reformados que llevaron la delantera con su sistema bancario. Nosotros dentro de esta atmósfera progresista hemos sido formados sin embargo bajo el ritmo de la campana y la liturgia. 
Nuestros abuelos con este espíritu vinieron a estas tierras sintiéndose como en casa aunque alertados por el creciente desorden de sus compatriotas,  inmigrantes o no, y por el mundo circundante que a esto tiende en sus manifestaciones que amenazan desde su apariencia con una vida sin sabiduría. Eran concientes de lo que el desarraigo trae consigo pero sabían que éste ya se producía por el mundo actual complejo aunque uno se quedara en su tierra. La doctrina social de la Iglesia los amparaba y educaba socialmente  en el orden de la caridad, el cual si no llegaba a todos afirmaba a algunos. Ni León trece ni Pío once habían vivido en vano y sus encíclicas no se escribieron para eruditos sino para hombres de buena voluntad.
Así se afincaron y tuvieron seis hijos: tres mujeres y tres varones que al calor del hogar fueron imbricándose en las tareas del taller y del almacén de Ramos Generales según sus gustos  y pronto día a día, domingo a domingo, misa a misa y fiesta a fiesta se amplió el negocio y el taller y de técnicos pasamos a ingenieros y administradores de la empresa familiar. Allí crecimos y habitamos. 
Mis hermanas se casaron con paisanos que también habían emigrado con similares costumbres y mis hermanos y yo hicimos otro tanto. La unidad de la familia dentro de un pueblo apacible rodeado de campos en una extendida tierra fértil la hizo próspera bajo aquel ritmo original que tuvimos la gracia de conservar. "Conservad la fe" amonestaba San Pablo y esto nos trajo hasta aquí: ahora con una fábrica de cosechadoras que hemos ido innovando y que sigue un camino sin término. Todos los nietos trabajamos en ella más algunos de nuestros vecinos y hemos capeado todos los temporales de la economía. Nuestra vida es trabajo y familia. Creo que la gracia de los sacramentos la vuelve ordenada y aceptablemente dichosa con sus mases y sus menos".Así hablo Hugo dejando admirados a Florencio y a Flora en aquel salón del hotel serrano.

domingo, 2 de junio de 2013

EL HOTEL DE LA LOMA

En el siguiente encuentro  Flora y Florencio llegáronse hasta el hotel de la loma pues tenían deseos de conocerlo. No conocían la sierra aún y esa visita los aproximaba a su misterio. Pasaron el pueblo y subieron por un camino cada vez más empinado, al ver el cartel entraron y sintieron el misterio del sitio que parecía un monasterio natural. La loma los cerraba por el norte, por debajo pasaba una estruendosa acequia de piedra con el agua que venía de las cumbres. Hacia arriba la montaña con bosque de molles y hacia abajo el valle que brillaba como un tesoro de diamantes y detrás otra loma boscosa cerraba el claustro. En ese recinto estaba construido el hotel.
Cuando aparecieron los nuevos amigos que allí se alojaban en sus vacaciones los llevaron a caminar un poco hacia arriba y se refrescaron en un arroyo con grandes piedras. Ellos se maravillaron de la pureza del lugar y sus corazones hacían una promesa de fidelidad como ante un santuario al cual se peregrina.
El almuerzo lo tuvieron en el enorme comedor del hotel con mucha madera lustrada junto a una sala con grandes ventanales que daban al jardín con mesitas,sillones y una gran chimenea. La comida típica de la sierra era el cabrito que en este caso fue hecho al horno de tal manera que se deshacía y deshuesaba al mínimo toque. Luego de un plato preliminar con paté casero y fiambres también hechos en el hotel acompañada de panecillos especiales pasaron al cabrito serrano y este perfecto almuerzo concluyó con varios postres entre los cuales la torta de chocolate Selva Negra fue la reina. Los dueños eran un matrimonio de una mujer dinamarquesa con un húngaro.
Después fueron a sentarse en los sillones y allí se expandió la conversación donde Hugo contó la historia de su familia. Con buena voz y semblante que traslucía una noble emoción comenzó de la siguiente manera:

sábado, 1 de junio de 2013

SIN MEZCLA EN EL ESPACIO LIBRE

Y así era aquel comienzo. La juventud es semejante a una fuente que mana su pureza en lo alto de la montaña para despeñarse con fuerza a través de las rocas que dan sonoridades inefables en las tardes y mañanas del paraíso.
Así lo estaban experimentando nuestros jóvenes esposos que no podían embancarse en bajos cenagosos porque habían dejado la sociedad compleja de la gran ciudad y se habían arrojado a la comunidad simple de la Estancia la Bendición con sus aledaños en medio de una Cooperativa gozosa porque tendía al autoabstecimiento, base de la bella libertad.
Ellos comían de lo propio y ello les provocaba un gozo infinito, algo que trascendía la utilidad y residía en la obra que produce el arte. Los tomates, las diversas clases de lechuga, las acelgas, las chauchas, los repollos, las cebollas, los ajos, los pimientos  (hasta una experiencia con una plantas de papa que se iban enterrando y seguían produciendo) les daban, junto al monte frutal que iba creciendo poco a poco y los huevos, leche y carne de conejo, pollo y cerdo, la más grande alegría que habían experimentado en sus cortas vidas.
Y no había más espectáculo visual que las delicadas y cambiantes sierras y otro auditivo que los campos y montes llenos de pájaros y mugidos y relinchos.
La obra de arte espiritual era la Misa y la lectura llenaba sus noches de turbio en turbio. Los días de lluvia o de viento se desquitaban con lecturas de las altas cumbres de la literatura sin cuya lectura dudosamente se podrá alcanzar a ser hombre. Por lo menos la educación que le es muy necesario al hombre para serlo consiste en conquistar lo que se ha heredado. Cierto que el hombre tiene en sí la fuente que es su propia persona que en el sosiego puede emerger en el ritmo de la paz.
Todo esto fue de parte de nuestros jóvenes comunicado en su primer encuentro en la Bendición con el matrimonio visitante. La comida en la galería de su casa junto al algarrobo se prolongaba con el deleite de la conversación como si estuvieran -dado el olvido del paso o sucesión de las horas- en las moradas que Jesús nos anticipara.
  Ellos por su parte comenzaron a contarles su actividad en el pueblo de donde venían en otra provincia que fue lo que se dirá en otro capítulo

martes, 21 de mayo de 2013

LOS SEGUIDORES DE LAS MUSAS

No era una selva pero sí un monte. No era pues húmedo y tropical pero siendo seca la atmósfera la vegetación era subtropical. Llovía en los veranos y así el agua era suficiente para criar pastos para la hacienda que se beneficiaba por una buena sanidad. Tenían sombra en verano y un calor seco y en invierno mucho sol y cielos despejados. Era un valle cobijado por las sierras, saludables para los pulmones, lo cual atraía veraneantes de otras zonas de la pampa húmeda y de las ciudades grandes.
La sierra tenía vegetación de árboles como el molle que formaba bosquecillos y tenía aquellas lomadas con vegetación más bien baja de duraznillo, chilca y hierbas aromáticas como la genciana, peperina y muchas otras buscadas por medicinales. Más arriba de los bosques había pastizales abiertos y laderas con vegetación, es decir: no eran áridas sino amenas. En las cañadas  se escondían tabaquillos que cubrían alguna pequeña cueva y quedaban cocos en los blancos pastos duros y algún arroyo bajaba por ellas, como el que proporcionaba agua al pueblo generosamente ruidosamente despeñándose en cascadas deliciosas.
Esto atraía a personas de otras regiones que incursionaban a veces en el pueblo donde se alojaban en un único hotel que estaba a un lado de la mencionada loma redonda. Si uno venía de una gran ciudad se enamoraba inmediatamente a su llegada y ya quería siempre volver. A veces planeaba venirse a vivir otras veces se conformaba con una casita de vacaciones.
Aquel año había llegado al hotel un matrimonio joven de la zona progresista del gran río Paraná que había fundado con sus hermanos una empresa que fabricaba cosechadoras. Iban avanzando con esa pequeña y virtuosa industria. Se tomaban los hermanos vacaciones por turno pues trabajaban muchísimo y con gran  inteligencia y voluntad, porque no tenían las circunstancias un fomento adecuado par tales emprendimientos o lo tenían por momentos y luego les eran quitados por una suerte de ceguera ideológica de los gobiernos. Pero ellos como muchos otros capeaban los temporales con amor a su empresa, que lejos de ser utilitaria  era teórica en el sentido aristotélico de la palabra: trabajaban por amor a la producción y al perfeccionamiento de las cosechadoras, es decir que obraban por el gusto de la obra misma productiva y por el bien que resultaba en las siembra,empleando y capacitando a sus numerosos empleados. Amaban pues el bien con inteligencia y se capitalizaban por el ascetismo que debían ejercitar en las épocas de malas políticas agropecuarias y económicas. La economía ciencia de un delicado equilibrio heraclíteo no tolera rigideces y orgullosas actitudes.
Este joven , Hugo, venía con su esposa y un niño de cuatro años y otro de dos al hotel y tenía la costumbre de ir a Misa los domingos. Por ello bajó aquel domingo y siguió la hermosa Misa a la cual asistían los habitantes de la Bendición como acto máximo de la oración semanal que con tanto gozo practicaban.
A la salida bien impresionados por la forma tan pura de decirla que tenía nuestro teólogo alemán fueron a entrevistarlo y la bonomía de él y la juventud admirativa de la familia veraneante los llevó a encontrarse en la casa parroquial con Florencio y Flora, los cuales les brindaron hospitalidad con el gusto de su padre espiritual. Una jugosa conversación entre los jóvenes matrimonios que tanto tenían para contar, más acerca de sus proyectos de vida que de lo que poseían al presente, llenó la jornada pues congeniaron los jóvenes Florencio y Hugo. De cooperativa a empresa familiar se fueron narrando sus emprendimientos que rebozaban todo aquello que Hesíodo había escrito hacía 2500 años en los llamados: TRABAJOS Y DÍAS.
Prometieron visitarse: el veraneante iría a conocer con gran gusto la Bendición y el recién llegado iría con Flora a conocer el hotel junto a la loma. Lo semejante busca lo semejante. La juventud enérgica es como una fuente que surge vigorosa en la pureza de las cumbres, es por decirlo en el ámbito de Hesíodo conforme a las Musas. Tienen ellas que ver con el obrar y las obras en armonía y pureza.