miércoles, 12 de diciembre de 2012

LA FIRMEZA DE FLORENCIO

La carta que Florencio escribió a sus padres fue la siguiente: Queridos padres: Mis estudios agrícolas se pueden llevar a la práctica en estas tierras de gandes extensiones. Varios centenares de cabezas de ganado aquí a nadie llaman la atención porque ha sido y es un país de grandes estancias. Nosotros estamos en una zona modesta, encerrada entre sierras y que no pertenece al núcleo de la zona más productora. Pero tiene en cambio  un encanto propio y puede albergar cantidad suficiente de vacas y novillos de invernada que después se venden a campos de engorde.
Yo, como sabéis, inserto aquí mi plan de autoabastecimiento que le hará ahorrar a los empleados (dos familias) gran parte de su salario, que se duplica o triplica cuando vendamos los frascos de dulce. Porque habéis de saber que es zona donde acuden muchos de las ciudades en sus vacaciones y por razones de salud. Las sierras son benéficas en esto: clima seco pero no con exceso, hay mucho sol pero mucha sombra y muchos arroyos. ¡Sí que en nuestra estancia se puede cabalgar sin ver a nadie que no sean vacas o tropillas de caballos y miles de pájaros.! Si es mucho el trabajo es totalmente regulable, porque ni nadie nos corre ni nos dejaremos apurar por nadie. Ni queremos más de lo que necesitamos ni necesitamos más de lo que nuestro trabajo gozoso sea capaz de producir. En la medida en que veamos nuestras legumbres frescas, nuestros animales de granja de los cuales podamos echar mano para nuestras comidas sin ir a comprarlos no será la cantidad de nustras necesidades sino la calidad de lo que consumamos lo que cuenta ¡Yo pienso en sembrar peces en nuestro laguito y combinar mejor nuestra dieta todavía! Tengo sembrados canteros de la A a la Z. Creo que nuestro ejemplo puede cundir entre nuestros vecinos que hacen cosas parecidas pero sin método alguno.
Bueno todo esto me tiene ocupado y aún entusiasmado pero la vida delante de estas sierras me mantiene fascinado, junto con el habitar en nuestra casita que será objeto de ampliaciones en su momento adecuado. Allí vamos pero aprendiendo a vivir en un presente que no depende del futuro sino del estar. Por cierto que no olvidamos nuestra vida que hemos vivido en nuestros hogares. Esta abierta la puerta para que nuestra vida antes y ahora se fije en el habitar al cual  os invitamos. Dios es quien abre los caminos y los ilumina. Yo comencé mi matrimonio con Flora en su camino eclesial: hemos asumido un sacramento y tenemos asistencia en esto. Aquí cerca está nuestra parroquia y como el Señor es nuestro pastor nada nos puede faltar. Les mando un grande y nostálgico abrazo pidiendo que estas líneas sean ligaduras que nos mantengan junto a vosotros y a vosotros aquí en la Bendición. Florencio. 

LA NOSTALGIA

Flora escribía de manera fluída, como se habla, como si fuera al dictado, a la manera mallorquina, ligera como era su alma. Decía: "Querida mamá: Ya estamos aquí muy cerca del verano en pleno tiempo de Adviento, que aprovechamos muy bien gracias al padre Mateo, el cual dice de la Iglesia lo que su maestro de Colonia: es viva y temporaliza la eternidad. Bueno esto lo repito ya que es arduo. Pero me es muy grato escuchar a mi esposo y a tu hermano Tobías meditar en mi cocina acerca de lo que ellos dicen  es lo más digno de ser pensado. Llegó mi armonio con el resto de las cosas, entre las cuales me he apresurado a usar las ollas de hierro que son tan imprescindibles como las meditaciones porque o bien abren las sesiones o bien las cierran. Sobre todo para el tío me son útiles porque en base a nostalgias familiares, al reconocer los sabores come con gusto porque está hecho un anacoreta completo y sólo se distrae con nosotros. Lo cuidamos bien y él a nosotros nos sumerge en nuestras raíces con narraciones que ensanchan nuestras vidas y salvan ese pasado que los de hoy van pisando más y más.
Sé que papá está bien y que me extraña y que no vale decirle que lo amo porque no se lo puedo demostrar, salvo en el hecho de que amo a mi esposo y lo veo en él y a ambos en el Padre celestial. Un día esto se juntará y la felicidad será plena. Aquí tenemos una cosa y no tenemos otra. Papá debería haber tenido otra hija y religiosa. Pero sería aún peor porque estaría más abosrbida en su amor. Te tiene a tí y eso es tener lo más hermoso, mamá. Yo te tengo junto a mí en cada tarea en esta mi cocina y espero que algún día no muy lejano la conozcan. También a mi potranca con su potrillo y a mis lecheras. El huerto viene a todo verano verdeciendo y dejando lo efímero de sus flores, que llenaron mis floreros estas semanas. Florencio ya tiene la cooperativa en marcha y va en pos del autoabastecimiento, que dice él, le dará la victoria sobre el mundo, por seguir a Jesús. Veremos lo que Dios vaya indicando en lo que al futuro respecta porque el presente solo es nuestro y suya la eternidad.
                                            Un abrazo a papá, a mis hermanos y a tí mi corazón. Firmado: FLORA.

martes, 11 de diciembre de 2012

EL TIEMPO ERA DE ELLOS

La vuelta a su estancia fue cosa de media hora con el armonioso Ford y fue a la hora del atardecer. Venían conversando animadamente con el tío Tobías de la conversación iniciada en “A LA BÚSQUEDA DEL TIEMPO PERDIDO”. Los había tocado el asunto de la novela contemporánea.
“Tío, dijo Florencio, creo que estamos en la cosa aquí en la Bendición, pero no queremos que se nos escape el tiempo que empezábamos a ver  que sucedía en la ciudad europea”.
“¡Sí pero nosotros fuimos educados por el mar mediterráneo donde está el secreto del tiempo!” dijo  Tobías sentencioso, quien se iba a internar en su ermita a rumiar la Misa como siempre hacía. Ese hacer memoria suya y comer el pan de vida transformándose en Él no lo podía dejar pasar sino hacerlo concentrar con la horas que durante treinta años había atesorado en el campo.
“Aquí está el secreto del tesoro escondido: compramos el sitio donde está enterrado” contestó Florencio entusiasmado.
“Aprendimos allá en el mar de Homero y él nos hizo venir a enterrar el remo” dijo a su vez el tío.
Tobías había avanzado en la posesión de ese tesoro que ahora aumentaba compartiéndolo con los jóvenes que le brindaban gran consuelo en tanto los veía crecer hacia el fundamento de la verdad.
 Era la piedad, era la Iglesia como gran sacramento que le proporcionaba tal plenitud. Eran las palabras de San Pablo que habían hecho camino por varias décadas. Era la gracia aprovechada en la simplicidad. Es decir el mar de San Pablo y el de Homero. Mientras se llenó la cabina del Ford con tanta solemnidad llegaron y Flora se bajó a abrir la tranquera, cosa que le encantaba.
Ahora, ya en la casa,  después de saludar con afecto a sus sobrinos se entró por el sendero del monte para alcanzar su ermita. Ellos lo llenaron de cálidos abrazos de consuelo.
Florencio dejó a Flora en la casa y dio una vueltita por la huerta y vio si estaban encerrados los terneros. Todo estaba en orden y la familia grande se había ido de paseo con perros y todo en la jardinera.
Revisar los sembrados pareció necesario pero, más aún, era un hábito gozoso que llenaba su alma de belleza. Los canteros ya brotados y en orden producían paz. Mientras tanto Flora preparaba las cosas de su casa y disponía la modesta colación y cuando todo estuvo listo cada uno se puso a hacer una tarea en la gran mesa de la cocina pero muy cerca uno del otro como si no quisieran perder ni un minuto para “estar” y respirar el mismo aire.
Como era domingo escribieron respectivas cartas a sus padres al modo paulino para acercar lo lejano y poner un punto de encuentro: aquel que el Señor les prometía en comunión y que todos debían ejercitar con buena voluntad. Sólo ella, la buena disposición, podía aportar lo imprescindible para la existencia: la paz.
Las sierras venían a su encuentro y se bebieron el zumo intenso del ocaso. En silencio dejaron que la noche cayera sobre ellos y los arrebatara con su enorme procesión de estrellas. Ellos no temían aquella pluralidad de luces palpitantes. Estaban incluidos cada noche y vivían el misterio y en el misterio que Pablo llamó “misterio de la piedad”. Allí más adentro y más cerca cada día  sus personas integraban el matrimonio que hacía cinco meses habían contraído y parecía ya de toda una vida, quizás por la sensación de profundidad del sendero estelar que tenían ante sí en la soledad de aquel campo bendito.
La conversación final  e integral del lecho cerraba el círculo del día donde dos se hacían uno en la serenidad suave del espíritu que recibe al Espíritu.

jueves, 6 de diciembre de 2012

DOMINGO VERDADERO

La reunión en la amplia cocina del cura entre el médico y el profesor del pueblo a más de provechosa para los esposos era en sí misma una posibilidad humana que se dejaba fluir en aquella paz de ese lugar donde lo simple y siempre nuevo y donado de nuevo acaecía en ese tiempo pleno: el camino de conversación. Ninguno de los allí presentes tenía puesto corazón fuera de aquel modesto lugar serrano y sin embargo la humanidad se realizaba en la medida en que ellos eran beneficiarios del habitar. Hasta el cura había sacudido de sí aquel impulso a la predicación extensiva para ingresar en la predicación intensiva. Entendía él que cuando Jesús dijo: id y predicad por todo el mundo...no había dicho que cada predicador se fuera incesantemente por todo lo mundo cambiando de sitio sino que cada uno cubríría un sector de esa extensión y allí haría morada haciéndose él mismo morada del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos los que tomaban el mate en esa cocina en aquel domingo tenían eso en común, lo cual no era poco porque los hombres tienen esto por falta de perspectiva y contrario a una naturaleza humana que consistente en el ser otro y el estár siempre más allá del lugar donde habita terminaría con ella misma.
Lo demás lo hacían las sierras que parecían adelantarse con sus cañadas y lomas a darles un abrazo que los incluía en su dulce misterio que no es otro que el de la ccercanía
Cuando cada uno volvía a su casa sentía esta mutua pertenencia bajo este amparo. Vivamente daba muestras la sierra de este misterio de comunión, misterio de cercanía que Jesús había ejercitado en su propio hogar treinta años.

jueves, 22 de noviembre de 2012

LA PUREZA SERRANA

"Amigos" dijo Boniface, "me introduzco en un diálogo de Platón, según parece". Él todo lo relacionaba con su favorito. Como sabemos leía exclusivamente "La Construcción de l'idealisme platonniciene" de Moreau en lo que hace a Filosofía.
"Algo cercano a él" dijo el literato- "hemos desenbarcado en la isla de los Feacios donde Ulises contempló con admiración el hogar en la mujer ética, según ha narrado el navegante del mar de Homero aquí presente. Porque yo presentaba mi actual lectura de la novela de Proust y se dibujó pronto ante la presencia de los jóvenes y su tío mallorquín la narración odisaica, madre de toda novela. Y como don Tobías ha conocido aquella isla, y no sé si los jóvenes también, ha surgido ante mi vista la escena y el escenario".
"Ah gracias por tu resumen" contestó el médico-"creo que Platón nació en aquella belleza resplandeciente del mar que todos hemos contemplado alguna vez y que ahora adjuntamos a la de nuestras inefables sierras".
"Ya lo creo, dijo el literato, "el poeta Hölderlin lo dice así en su Hyperión: sin belleza no hay Filosofía sino mecánica del pensamiento".
"Menos mal que haces concienzudamente esas lecturas, porque tus colegas ven las cosas muy de otra manera: la Filosofía es para ellos ensayo e ideología, izquierdista que es casi sinónimo" dijo el cura.
"Sí y más aún: hacen pie en el hueco que deja la belleza después de haberla arrojado de sí Baudelaire", dijo el experto en literatura que se había sumergido en las sierras lejos de las universidades pero no de la Universidad.
"A mí me da la impresión, -dijo timidamente Florencio, "que los modernos tienen un patrón: contraponerse a la tradición. Si belleza y proporción entonces contra belleza y caminos de discordancia...".
"Bueno hay que ver que la caída de la doctrina cristiana los va llevando más y más a un propio universo donde resucita todo lo que fue domado por la forma y las sabidurías, sea orientales o la de nuestro mundo. Proust lo expresa: resucita Sodoma. Nada debe perderse. Mi Scheeben tocó la época de Nietszche y vivió sin embargo en los Misterios del Cristianismo en forma pura, es decir sin mezcla como exigió Platón en el Fedón del alma que ve las ideas", explicó el cura.
"Así es: Sócrates, el último día de su vida se dedicó a pensar sobre la naturaleza del alma y de las ideas despejando el ámbito de la pureza donde se debe pensar...otro que los razonamientos de la opinión propios de los hombres", decía el médico con entusiasmo.
Flora servía mates y la tarde avanzaba delante de esas sierras que los acogían en la serenidad inmensa de su azulado resplandor. La tarde no podía avanzar de mejor manera.

viernes, 16 de noviembre de 2012

LA CLAVE DE BÓVEDA DE LA HISTORIA

En la mesa del padre Mateo se comió una carne a la cacerola con papas, sabrosa como su cocinera era capaz de hacerlo. En esos tiempos espesos de la sierra los esposos, por otra parte, todo lo hallaban maravilloso. Era cuestión de permanecer en el gozo que brinda el Señor teologalmente en la esperanza andando "la jornada de la vida sin errar". Para ello como hemos ponderado cada vez ellos habían recibido al director espiritual, hombre consagrado y confirmado en la Iglesia. Bueno fue para ellos haber comenzado su matrimonio así porque un error en el comienzo es más tarde grande y luego abismal. Y bueno para el cura tener en quienes emplear el carisma central de la Iglesia que es un gran matrimonio cuyo esposo es Cristo. Esta fluidez de su concepción eclesial paulina alimentada por los teólogos de Colonia, alumnos de Scheeben era el tesoro de Mateo que en esta tarde se vería probado.
En efecto vino a los postres el profesor del pueblo especie de relojero de la literatura según leía escrupulosamente las obras, desarmando y armándolas de nuevo. Tiempo para ello no le faltaba. Cumplía con sus clases mañaneras y se sumergía en su escritorio que daba al misterio de la sierra. Había estado leyendo en los últimos meses nada menos que "EN LA BÚSQUEDA DEL TIEMPO PERDIDO" de Proust, clásico de la modernidad contemporánea.
Quizás un poco conmovido por tal movimiento sísmico venía a recibir el claro del padre Mateo sobre sus oscuros llenos de sutilezas leídas y analizadas en un resbalar constante por los tomos de dicha obra. Y encontró allí inesperadamente a los jóvenes con su tío.
Bueno, ya llevaba varias sesiones con el vigoroso discípulo de Scheeben y heredero de Pablo y ahora el núcleo de sus inquisiciones lo configuraba la presencia del claro inocente de Florencio y Flora. Precisamente el matrimonio y la esponsalidad de Cristo con la Iglesia no solamente disipaban las nieblas de la gran literatura sino que al entroncarla con la totalidad de la historia desmantelaban esa peligrosidad que tienen los senderos transitados de Sodoma y del mundo actual, cubierto por las aguas del diluvio cultural.
"Al comienzo no fue así" recordaba el padre Mateo mirándolos con el brillo profundo e inmaculado de sus azules ojos. El matrimonio y la fundamentalidad de la pareja del varón y la mujer se vio en su presencia sapiencial como en su ausencia mundanal moderna como clave de bóveda de la existencia en sí".
"Así ha sido también, dijo Tobías, en la poesía homérica antes de la historia. Esto lo saben nuestros maestros del mar mediterráneo. En la tierra de la pederastia primero existió el canto sexto de la Odisea, mucho antes, cuando el mar Adriático era el extremo del mundo y la isla de Corcyra la tierra apartada de los feacios". "Yo estuve allí" agregaba Tobías con entusiasmo y con el gozo de sus sobrinos, también  algo conocedores de esas divinas aguas. "Yo desembarqué en Paleokstritza viniendo de Palma y pude ver aquel paraíso glauco adonde llegó Ulises luego de las iras de Poseidón. Y me encontré rodeado de tal luz que tuve como exacta la circunstancia del varón tolerante de dolores al encontrarse en aquella entrada o ría con la joven princesa feacia, Nausikaa, la nave del matrimonio, algo así como la Beatriz de Dante, alegoría de la Iglesia. Y quiero contarles, Divina Comedia por medio, tan bien conocida, que subiendo del puerto de los Feacios al posible palacio de ALKINOO, me hallé en un monasterio dedicado a la virgen THEOTOKOS. La que siendo madre de Dios es fundadora del hogar en su enjundia máxima de intimidad".
Entonces Flora que sabía lo que competía a su ethos ya comentado antes señaló: "Sí tío y estaba la nave detenida en piedra entrando al puerto ¿No es cierto?"
"¡Pintiparada!" dijo Tobías con énfasis. Y  Ulises le dibujó a la joven la intimidad inmarcesible del fin real de la existencia: la posesión del hogar entre  varón y la mujer en la unidad cordial de un mismo pensar"
"Luego tendré que sumergirme en la Odisea después del tiempo perdido y recuperado de Proust ya que también es la clave de Joyce. Y vosotros me diréis acerca de los lugares con detalle ya que por allí navegasteis y no parece ser indiferente el haber visto aquello con los propios ojos", respondió el sabio literato.
El padre Mateo no podía sino estar agradado al máximo tras el giro que había tomado la conversación y agregó: "hay algo de misterioso en la genialidad de tales escritores modernos que tienen tal conexión con Freud en todo sentido y todos con el autor del ORIGEN DE LA TRAGEDIA. Lo que se podría decir desde nuestra infantil inocencia serrana es el hueco que dejó en los europeos la carencia de la virtud teologal de la esperanza, que, por cierto, forman una coraza con la fe y la caridad."
"Sucede que quienes hemos perdido la dimensión del ser hemos quedado sumergidos en el olvido protegido por nuestras universidades en la cultura moderna", dijo el literato ya purificado por los días de esa sierra que acaricia con su azul como el mare nostrum a los antiguos jonios.
"A mí ese cuento de Nusikaa me fascinó cuando lo leí por vez primera y tomé en cuenta que allí se da un campo de combate porque se habla de una gran irritación del enemigo que se corresponde con el gozo de los amigos" dijo Florencio.
"Entiendo que es la ERIS que campea en los poemas" agregó el cura.
Y así fueron departiendo ya con mates, cebados por Flora a los cuales se incorporó el doctor del pueblo Carlos Boniface, con el cual se habló lo que después se dirá. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

FUNDAMENTO QUE BIEN SE PODRÍA EXCUSAR

Ese ritmo que adquirieron los días de los esposos que hacía tres meses se arrojaran al valle serrano viajando desde sus antiguas ciudades junto al mare internum podría parecer inesperado e insólito o poco creíble. Mas puede explicarse que no fue tanto el contraste pues se vio mediado por un don fundamental: el padre Mateo, el cual llenó el vacío que habríase originado careciendo de los maestros que los habían llevado en los años de juventud. Es cierto que esto es asimismo objeto de incredulidad: que existan o hayan existido tales maestros y dentro del catolicismo donde diz que cada sacerdote es un hipócrita según la modernidad. Pero el Espíritu sopla donde quiere también en este caso y en cada época. Hay quienes guardan tiernamente su palabra y se vuelven morada de las Personas Divinas. No pueden hacerlo, claro, quienes no creen en ello y elaboran una suerte de Olimpo de palabras literarias que abren universos virtuales y en ellos se guarecen entre sutilísimos conceptos dándose mutuamente la gloria por sus talentos.
Nuestros personajes, también,  tienen el derecho de acogerse a su universo, que precisamente es el católico y de encontrar allí sus mentores y por cierto la Providencia tiene el poder de proporcionarles los medios.
Siempre queda la cuestión de porqué unos reciben y muchos no, habida cuenta de que hablamos de millones. Pero he aquí que lo que narramos es real y que nada vale comparar a don Quijote y Sancho que solitarios se esconden en Sierra Morena frente a millones de Chinos que llenan los campos de su populosa patria o muchos indigentes que vivíeron en suburbios de grandes ciudades como se narra en novelas de Dickens o bien la profunda experiencia de un Joyce o Becket en Dublin.
Y además de su condición real y junto a ella, está su posibilidad la cual conlleva una necesidad. Podemos si recordar aquello que lo bello es difícil. Para preservar todo esto existe y existió en los últimos dos mi años una fuente de salud que ha sido la Misa. Se la puede ver como un rito que causa efectos subjetivos en los fieles pero que posee en sí el acto salvacional del sacrificio del mismo Dios hecho hombre. Esto, se crea o no en ello no le quita ni añade nada porque es un hecho del ser mismo.
El domingo había llegado dando la vuelta el tiempo como imagen móvil de la eternidad. Ellos concurren con el tío por el polvoriento camino en su viejo y sonoro "Ford" a santificar la fiesta en aquella celebración compleja que hemos descripto y que hace justicia a la realidad tal cual es en su esencia: el mundo es inestable y siempre peligra, por lo menos las personas que viven en él, algunas sometidas a su imperio otras inocentes de su destino. La gracia está pues en la fuente sacramental pero es tanto el objeto de la fe que a algunos les parece que el ser en lugar de darse se sustrae. 
Los jóvenes tenían todavía una noción mas suave de la realidad por más que Europa había pasado por dos terribles guerras mundiales que ellos no habían vivido más la guerra de España. Eso claro está es un patrimonio de algunos hombres: el haber eludido tales desgracias. Pero sabemos que la paz tiene sus peligros y torcedores graves de la condición humana porque quien atiza las guerras no está ocioso en la paz. Es cosa apocalíptica sabida por los lectores del vidente de Patmos.
Pasaron la deliciosa Misa que en firme latín profirió el padre Mateo y fueron una vez más sus huéspedes. Nos da timidez el decirlo de nuevo: esto era gracia sobre gracia. Pero para muchos -sino para todos- sería lo más aburrido. No así para nuestros personajes que en el almuerzo vivieron lo que después se dirá 

martes, 6 de noviembre de 2012

FELICES LOS QUE TIENEN NECESIDAD DEL ESPÍRITU

El día sábado transcurría en esa fiesta cooperativa que daba toda la interacción que podían tener los esposos y se iba deslizando hacia la noche, cuyo atardecer gozaban caminando a la tranquera entre las vacas que deambulaban en los cuadros de la entrada con sus caras blancas que los miraban curiosas y delante de la extensión monumental de las sierras que formaban un arco de sur a norte de ciento cincuenta kilómetros mágicamente encendidos hasta permanecer como una brasa de fantasía. Precisamente  en los momentos en que ellos parados en la tranquera iniciaban la vuelta terminando su rosario, operación fundamental de unión efectivamente con la madre celestial, auxilio de los cristianos ¿En qué? En algo que se siente bien en las soledades: la nada de lo que somos en verdad.  El mundo las distracciones y distinciones nos hacen creer que somos algo y sin duda lo somos pero dependiente del ser que se alcanza trascendiendo.
Ellos tan tempranamente sin embargo habían emprendido tan raro camino por voluntad propia, aquél de las soledades del ermitaño ¡Y sin embargo se sentían plenos de sociedad fructífera entre aquellos vecinos dejados de la mano del gran mundo de donde ellos venían! El mundo había sido fecundado isn duda por la sabiduría en la historia pero este proceso se hallaba en franco desmantelamiento moderno, un proceso cuyo comienzo galanamente se celebra como una liberación pero que nadie sabe cuando ni cómo concluye. Es más: ¡nunca debe concluir porque nunca basta la liberación!
Ellos olfatearon esto en sus ciudades de origen y el resto lo hizo Tobías con su invitación. Pero lo que ellos eligieron en realidad era -como enamorados- estar juntos en todo y esto a nadie parecerá aberrante. "No es bueno que el hombre esté solo, hagámosle una compañera según él mismo"decía el Creador de la existencia.
Es cierto que el hombre era dueño de su mundo e iba decidiendo más y más todo sobre él. Pero Dios tiene el derecho de crear e invitar a sus criaturas al banquete celestial. Ellas podían de hecho declinar la invitación. En esto consistía la existencia: en ser. Y aquí hay, más que liberación, libertad.
Ellos se sabían libres ese crepúsculo coreando los avemaría con sencillez y avidez de amparo. No sé cómo experimentaban esa verdadera menesterosidad ontológica creatural entre tantas trompetas victoriosas del mundo encerrado. Sin embargo es el escalón primero de las hermosas bienaventuranzas de Jesús en el monte: BEATI PAUPERES SPIRITU. Y el griego dice: mendigos en cuanto al espíritu.
La noche los hallaría cocinando su comida elegida que les valía por la del mejor  restaurant del mundo. Frente a ellos ardían los leños o las raíces en la cocina económica donde se cocinaba lentamente el arroz con pollo, criado por ellos y faenado por Bernardo sin qu Flora lo viera, con azafrán traído de España.
 Hoy probaban una novedad: una radio con la cual les habian  dicho que se escucha la radio del estado que pasaba el concierto desde el teatro de la capital lejana que trasmitía en onda corta. Aunque ellos tenían, como hemos dicho su alimento para  la imaginación en una u otra obra fundamental de la literatura y habían hecho el cálculo que nunca las acabarían en sus enteras vidas, escuchar un concierto semanal prologado por un ilustrado musicólogo sería una conexión gozosa con lo que todavía el mundo de los hombres quería ofrecer.
Así aquella noche estrenaron radio y antena con variado éxito ya que la señal iba y venía creando en ellos el raro y agradable efecto que estabajn muy lejos y los compases del concierto número tres de Beethoven los perseguían en su viaje estelar.
Por cierto el campo repetía su propio concierto ante la armonía invisible de las estrellas que sin embargo diz que son un caos de velocidades increíbles. Mejor para la necesidad imperiosa de amparo ontológico. Ellos se entregaban en las manos de quien era el responsable de la existencia provisoria que si era bella de todos modos se fugaba como los compases que en ese momento estaban en el delicioso largo del concierto para piano ejecutado por Claudio Arrau en la orquesta dirigida por Eugene Ormandy.
En Él eran esposos y en Él eran lo más cercanos que se pueda ser entre personas.

domingo, 4 de noviembre de 2012

EL COOPERATIVISMO EN EL ESCUDO

Ese sábado tuvieron reunión de la Cooperativa. Nunca habían experimentado tal cosa en esas latitudes ni ellos mismos. Ahora sabían que existían en otros lugares del país porque Florencio estaba en trámites de inscribirse en el registro de las Cooperativas y comenzó a recibir publicaciones de sus concretas experiencias. Esto los animó y los formaba en esa actvidad tan rara entre los hombres productores. Lo de ellos era pequeño pero no dejaba de ser una experiencia que debía expandirse en otros. Eso era más dificil que producir alcauciles y espárragos y luego envasarlos.
Aquí el entusiasmo de Florencio había logrado interesar a los así llamados peones del campo y había realizado algo novedoso al incluir a toda la familia. La reunión cuando se hace costumbre crea un tejido nuevo entre las personas, algo que abstractamente se llama solidaridad  pero que mejor visto es un correspondencia y una responsabilidad mutua llamativa, que no existe sino en el consejo de una Cooperativa. Y esto les resultó tan importante como el ahorro que hicieron de sus salarios por el autoabastecimiento, que, claro está nunca puede ser total. Lo verdaderamente democrático de las decisiones admira paulatinamente conforme se va avanzando en ella. El resultado se va viendo como obra de todos y esto enseña el providencial sentido de la aparición de la democracia en aquella célebre ciudad de Atenas. Un milagro aparece al final de la interacción productiva: el capital social.
Este sábado se informó acerca de la evolución primaveral de los sembrados y se propusieron algunas medidas de acuerdo a la experiencia de cada uno en las legumbres. También se distribuyeron tareas, hasta para los niños que crecían en ese ámbito educativo de altísimo valor. Lo que se llama "práctica" allí estaba en su punto. Florencio había llegado para aplicar lo que en su escuela había iniciado. Pero no estaba inventando algo nuevo. Los principios cooperativas además venían de las necesidades perentorias y de la práctica efectiva durante ya varias décadas en el mundo entre hombres de buena voluntad.
Tomaron mate, leyeron el acta de la sesión anterior y pasaron a obrar sobre el terreno. Todo ello además concluía con un almuerzo que consistía en empanadas, especialidad criolla y  el infaltable asado. Nada de esto admirará al lector, dado el país y el lugar donde existía tal Cooperativa. Lo que ha de sorprender es la actividad cooperativa misma tan difícil de establecer por la pereza o inercia de las personas de estos lugares. Pero el iniciarla con seriedad se volvía imprescindible al punto que la misma Cooperativa seiba experimentando como el fin de sí misa por el gozo legítimo de la cercanía.
Ese día sábado pues era una piadosa práctica de la "Bndición" ahora apadrinada por el viejo Tobías que se alegraba como aquel patrón descripto en el escudo de Aquiles, modelo de todo lo que aquí iba sucediendo y venerable por su augusta antigüedad. Velis nolis existió en el poema fundacional de Occidente y nadie puede adivinar si no tendrá fruto en la historia.

viernes, 2 de noviembre de 2012

DISCIPLINA DE TRABAJO

La tarde de primavera entre azucenas del que había sido jardín de Tobías y su esposa era nueva para ellos. Algunas rosas también reinaban ahora cuidadas por Flora que preparaba nuevos canteros de algunas flores que iba consiguiendo. Florencio seguía trabajando en la huerta por momentos ayudado por Bernardo. Todo lo tenía escalonado y de todo tenía como hemos dicho, porque el plan del autoabastecimiento era su orgullo y el comer cada una de las legumbres su sano deleite. Pero todo estaba en su comienzo, los almácigos recién brotados pedían espacio de transplante y aunque era poco de cada legumbre era mucho por las variedades. Exigía trabajo de los tres hombres en la medida en que cada uno tenía tiempo.
 Florencio estaba abocado a ello y lo hacía como un ejercicio de oración ¡Qué gozoso trabajaba delante de esas sierras que emergían por todos lados como poética alabanza natural de Dios, quien allí manifestaba su cuidado por sus hijos pequeños de la creación!
Así pasó la tarde preparando los surcos para transplante con su azadón, tirando la línea con un hilo y dos estacas y aplanando el borde de una tierra ya pulverizada y dúctil, regada en lluvia fina ¡Qué aromas entonces se desprendían de los surcos y qué incomensurable satisfacción iba experimentando Florencio luego de cada surco terminado! No se cansaba de mirarlos y se creía ante una obra maestra puesto que se iba haciendo con las manos creadoras y tiernas.
Al atardecer  gustaba con Flora de su obra, quien concurrió luego de encerrar los terneros lecheros en el corral. Las lomas bullían en la faz de las sierras que se bebían los últimos rayos de sol y luego de una caminada hasta la tranquera rezando el rosario se acogieron al santuario de su cocina donde cada uno siguió en su trabajo propio. Florencio debió dar una mirada al plano del campo con sus cuadros y la distribución de la hacienda, tarea en la cual le acompañó Rosendo que llegó especialmente para ello. Y esto se hizo, claro está, con mates de por medio. Los niños de Amelia vinieron a hacer los deberes para la escuela con Flora. Y así transcurrían los días de semana hasta llegar al sábado donde se reunían en sesión cooperativa.
La noche los encontraba en su lectura litúrgica y luego la literaria. Porque para ello se consgraron a la escritura sus santos desde Esquilo a Pirandello. Tales eran sus espectáculos teatralesque estimulaban su imaginación sin tasa. El tiempo se expandía para que cupieran estas necesarias actividades nutritivas que culminaban bajo la luz de las lámparas en su cuarto al cual sentían, como hemos dicho, el camarote de una navecilla que surcaba el universo en su noche infinita.

lunes, 29 de octubre de 2012

LOS FIELES EN LO POCO

Desde arriba de la loma que no era alta pero suficiente para servir de barrera por el sur oeste a la casa se veía todo el llano con el monte y la totalidad de las sierras. Los esposos recién estaban aprovechando las posibilidades de su lugar que había de ser objeto de alabanza y admiración sin término.
 Puede haber una situación sin variación en algunas épocas de la historia y quizá también de la prehistoria que se dan por el aislamiento y  la suerte, que algunos llamamos providencia. Las cosas de Dios si fueran comprensibles no provendrían de Él.
Ellos, como hemos dicho, se aprestaban a vivir allí siempre y de la misma manera. Sabemos que esto no implica la monotonía de la igualdad o la vaciedad de una tautología. Y nosotros, con  riesgo, queremos ver adonde para tanta mismidad. El hecho es que el subir a la loma siempre les parecerá mágico a lo largo de su vida, la cual no será vista nunca como una sucesión (que al cabo de allí procede la igualdad) sino como un crecimiento hacia el origen. Y cada primavera será la primera con sus brotes que si bien son explicados por las ciencias biológicas ahora con precisión nunca dejarán de ser algo divino como lo sintieron los amigos de la belleza pura en Jonia, amistad que culminó en la ENTELEQUIA, en la perfección del fin, en vista del cual todo ha sido hecho  y es el SKOPOS de la entera PHYSIS.
Flora y Florencio sin duda se sumergieron en una soledad apacible pero no sin compañía, a la cual le fueron dando el aliento de su pureza creciente en la comprensión del fin que rige la naturaleza entera y ellos mismos con la ayuda de la gracia haciéndose templos del Espíritu Santo, cosa que no debería ser excepcional pero que dadas las circunstancias de esta edad del mundo lo es.
Nosotros los seguimos pues hasta su hogar y sus tareas internas que eran para ellos la quintaesencia de la realidad en la cual se encuentran los hombres y que ellos agradecían  hora tras hora. El haberse casado y llegar del desayuno al almuerzo y desde allí a la cena lo veían y sentían como el mismo paraíso ya que no sólo no esperaban otra cosa sino que les parecía increíble que ellos fueran los artífices de su propio hogar, donde suele decirse que debajo de mi manto al rey mato. Uno allí es rey y cuando se tuvo la dicha de haber recibido el don que recibieron de su tío se dio una condición fundamental de aquello que algunos hombres tuvieron antes de la historia en la soledad del aislamiento entre montañas, otros en la historia eludiendo la opresión de la misma y otros quizá tendrán en el futuro de modos ahora impensables.
El hecho de no tener ocasión de divertirse, de salir o tener variadas expectativas aseguraba este gozo simple en un espacio de absoluta libertad que puede antojársele a muchos como prisión ¡Y de hecho las gentes de la ciudades modernas lo dicen!
Para ellos el cielo puro y absoluto se hará una necesidad total, junto al árbol, la sierra, y todas las criaturas que acompañan con su diario regocijo este escenario natural. Ellos no pensaban en futuro alguno, sino que,despegados de los hombres de las ciudades, se posesionaron de ese presente y nunca más lo soltaron.
Así ese almuerzo que les tocaba aquel día era “todos los almuerzos de su vida”: con un mismo hilo se tejía el tapiz de sus vidas como los versos de un mismo poema. Si eran fieles en lo poco pasarían al gozo de su Señor, que todavía ojo no vio ni oído oyó.
Y Flora le hizo aquel arroz siempre esperado y muchísimas veces comido con devoción en la cocina donde la vida se hacia verderamente vida.

martes, 23 de octubre de 2012

VIDA MÁS VIDA

Ahora las tardes de primavera obligaban a los esposos a caminar entre los almendros, ciruelos, duraznos y damascos en flor para no perderse lo efímero de su manifestación que es una clara alabanza de la gloria ¿O puede ser simple biología funcional? ¿Cantan los pájaros para cosas específicas? Sin duda lo harán pero, como dice don Quijote a los barberos del mundo: ¡cuan ciego es quien no ve por tela de cedazo! Sin duda tendrá barbada el alma quien no perciba el plus de vida que explota en un huerto semejante.
Los esposos revisaban su huerto donde ya había algunos frutales grandes y tocaban, como quien palmea a los jovencitos que tienen algún éxito en el deporte, a los que ellos habían puesto.
Se formaba ahora un bosquecillo al pie de la loma, detrás de la casa donde se elevaban también unos pinitos alepensis protectores de hongos. La acequia pasaba rumorosa por el borde y debajo por el costado de la casa comenzaba la huerta y más allá, a los cien metros, porque era larga, los cercos de alambre tejido del gallinero, las conejeras, los chiqueros y la lagunita donde se estiraban los patos y un cisne que trajeron de repente no sé sabe de donde. Había pavos, gallinas y también hermosos patos. Ya todo esto estaba a unos trecientos metros hacia debajo de la casa y del otro lado de la lagunita estaba la casa de Amelia y Bernardo con los niños Mónica y Daniel que esperaban un hermanito.
En verdad es que había mucho trabajo y esto se daba entre medio de muchos animalitos. Ahora todo ordenado bajo la figura de la Cooperativa que con tanto ímpetu juvenil creara Florencio.
Había mucho que hacer pero todo era gozoso. Dar de comer a los chanchos siempre ha sido agradable y aún gracioso. Lo mismo a las gallinas a lo cual se le suma la junta de huevos y la aparición de pollitos. Los vistosos pavos son aún más graciosos. Los conejos son naturalmente amados por los niños. Pero esto no era un criadero: simplemente debía abastecer modestamente a tres familias y con lo que sobrara: ¡trueque! Por ejemplo el almacenero era interesado siempre en los huevos. Ya Florencio acariciaba la posibilidad de los dulces y otros envasados como los tomates que darían ocasión de lo mismo. No eran pocos los frutos que darían los mencionados frutales sumados a las higueras que ya existían que requerían sólo azúcar proveniente de la compra o bien del trueque, porque le leña de las cocinas salía del generoso monte. Pero había que trabajar. De hecho Bernardo cuando no vigilaba a los animales juntaba leña y después en el verano, azadón en mano, sacaba yuyos sin cesar. Creo cansar con la repetición de un concepto: es un trabajo ennoblecedor y lo sabe quien lo ha probado. Sin mencionar el empleo del caballo que es noble por esencia. Ellos usaban un carro jardinero para ir a pueblo y daba envidia verlos cuando los cuatro se subían con sus canastas y partían enganchando dos yeguas por el camino hacia la tranquera. El trote de los caballos ya es como el avanzar de los compases en una sinfonía. Ya hemos dicho que el campo se venía encima en el viaje y sobre todo ahora que había llovido. Los aromas de los chañares y las breas formaban una atmósfera espesa que el vehículo parecía desenmarañar y las sierras atraían, llamaban y absorbían a quienes cabalgaban o desembarazados eran llevados por crujiente carro hacia ellas
¡Nunca dejaron de sentir tal hechizo al hacerlo Florencia y Flora en cincuenta años! Y en las primaveras y veranos usaban la misma jardinera, luego en años sucesivos, ya cargada con los productos de la huerta que hemos mencionado.
La vida, como el poder, busca crecer mas ella es dulce y siempre produce más vida.     

viernes, 19 de octubre de 2012

LA IAMGEN DE LO ETERNO

Amaneció totalmente despejado como es regla de este valle mediterráneo y entonces las sierras emergían como un sueño, el de Dios, que es pura realidad para nosotros. Se levantaron Tobías y el sacerdote, se despejaron y rezaron laudes. Entonces el cura se despidió de su amigo y llegó caminando a través del sendero a la casa de Florencio y Flora a quienes encontró desayunando. Sí que los zorzales y jilgueros le habían dado en su asoentre los árboles del monte una función coral desbordante. Él tomó una taza de té mientras esperaba que apareciera el taxi del pueblo. Desde allí se veía la tranquera. La mañana era resplandeciente. El cura lleno de pasión divina les dijo:
"Cada día que comienza es como la historia de la creación: tiene un origen, un desarrollo y un fin. Hemos sido creados por Él, en Él y para Él y mirando esto hemos de vivirlo porque sólo así viviremos plenamente en la realidad. Sé que el mundo parcialmente ha olvidado esto y meramente "vive". Otros sienten el sinsentido de la vida y algunos la declaran irreal. Estos últimos tienen una mitad de razón: la declaran ilusión y se precipitan en el vacío que presienten detrás de todo. Aquellos se aferran a la realidad de las cosas tienen otra mitad de razón y van resbalando hacia el vacío. Es cierto que no es fácil y, menos ahra, dadas las circunstancias empujadas por quien nos dijo: "seréis como Dios conocedores del bien y del mal".
En cada día late esta historia. Nos esforzaremos hoy para ser aquello que San Pablo expresó gloriosamente en su himno a los Efesios: Hemos sido hechos antes de la constitución del cosmos para ser santos e inmaculados ante  su presencia en el amor". Y dicho esto rezaron este himno completo que llena las vidas del entusiasmo de hijos de Dios a quienes esperan verlo cara a cara como fin y consumación de sus vidas.
Mientras tanto el auto ya había llegado y esperaba la despedida del cura. Abrazó a sus hijos con ternura y se volvió al pueblo mientras Flora acompañaba a los niños a buscar las lecheras y Florencio se iba a la huerta a trabajar. Con el sol brillaban ya las hojitas de las lechugas, el perejil, las albahacas, las zanahorias, acelgas, espinacas que habían recibido la llovizna pasada como una bendición. Florencio gozoso fue a buscar a Flora que regresaba con su tacho de leche. Y entrada luego ella por los caminos de la huerta daba exclamaciones, admirada ante aquel espectáculo de vida. Estaban en la puerta de la primavera  y la vida natural explotaba. Los canteros eran una obra de arte. Pasaron a ver los brotes de los árboles y pronto estuvieron en el paraíso total: almendros en flor y algunos durazneros vistos con la sierra de telón de fondo.
Sus corazones jóvenes ardían y creían estar alabando la gloria de Dios cuando simplemente estaban en su orden bello, donde ellos habían incidido. Era simplemente "el escabel de sus pies", "lo poco en donde debían ser fieles" Quien ha sido joven y ha visto en una mañana de primavera los almendros delante de las divinas sierra esplendentes asentirá a lo narrado aquí. Era una imagen de la gloria eterna.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Mientras los mayores rezaban ya en la ermita los jóvenes pletóricos se preguntaban qué sería aquello del peligro de perder lo que actualmente los embargaba. Pero como nadie puede vivir lo que no experimenta ellos de momento pensaban en sus plantas y en la población de animales que dependían de ellos, por cierto no sometidos a pecado original alguno, más que el derivado de la enfermedad que azota la creación de los vivientes. Pero nada semejante a la tortuosidad de las almas que se apartan de la gracia por propia voluntad.
Dando vuelta las páginas de esta rara historia nosotros hacemos votos para que nunca se dejen apartar de la gracia dejando flojas las riendas del sacramento de la penitencia para que pueda lucir el sol del pan de vida. Apostamos a ellos para hacer verdadero a quien amamos: el Verbo de la Vida. Tal es nuestra esperanza: que alguien casado realice en el universo lo que tantos santos ya cumplieron.
Nuestros jóvenes ajenos a tamaña responsabilidad simplemente habitaban expandiendo su hogar en medio de la simplicidad de las cosas dadas por Dios en el paraíso. Claro, los embates de los que habla Teresa en su Vida acerca del alma y su enemigo todavía no los habían leído ni menos experimentado. Cómo jóvenes tenían una comprensión estética de la Pasión de Cristo, "ellos se ceñían e iban donde querían". Por fortuna para nosotros, escritores y lectores, quisieron ir a lo que podemos llamar un laboratorio sapiencial: el hogar de Homero, el hogar de Nazaret, el hogar de la naturaleza.
Los seguimos entonces en su enjundia cuando llenos de gozo por haber estado con el cura en su propio hogar (cosa era usual que el sacerdote compartiera con sus fieles momentos y atendiera de cerca a sus ovejas en los tiempos de antaño) y bajo ese amparo se retiraron a su habitación, que como hemos dicho creían que era una barquilla que navega en la profundidad del universo. Les ayudaba el hecho que sacando sus cabezas por su ventana veían el torrente de las estrellas que lo llevaba consigo en la inmensidad impensable. Mérito tenian en pensar que ello eran una estrella más en la cuenta qe ios le presentó a Abraham como parte de su herencia bendita. Saberse bendecidos en sus noches sobre la tierra comenzó a ser cotidiano y materia del Padrenuestro que rezaban despacio y con hambre y sed de justicia. Esa noche no fue la excepción. Creo que eran óptimas sus noches porque se dejaban llevar por las palabras de a promesa y sentrgban en sus manos y buenos sus días en que se ocupaban de las tareas que muchos tendrían por serviles y tediosas.
Pero ellos esperaban las hojas que saldrían de los brotes de sus árboles como un milagro sin par. En esa esperanza se durmieron en la cercanía total de cuerpo y alma. El aroma del campo en su totalidad lo envolvía en entera soledad fecunda.

martes, 16 de octubre de 2012

LA SUBIDA AL MONTE

Los dos amigos en la fe cuya conversación era en los cielos se fueron caminando hacia la ermita y respiraban ese campo fragante y húmedo celebrado por los zorzales. El monte era un tesoro de resonancias que venían de las profundidades soledosas. Es verdad que uno se acostumbra a los ruidos de las ciudades amplficados más y más y no sabría decir qué misterio atrayente puede consistir en aquellas. Es más cuando cae la noche uno se recoge a la luz y a sus actividades que escapan de una concentración en honduras semejantes. El miedo al interior se va acentuando conforme avanzan las posibilidades de información acerca de hechos. Allí adentro nada sucede pero sí acontece algo de lo cual se escapa por indeterminado. Aquello que todos llaman Dios se asoma en esa nada de sucesos y gime una pequeña naturaleza como si correspondiera serenamente y consonante al misterio de su creación. ¿Para qué estamos aquí? Y la serenidad avanza sobre el simple aguardar y nada pasa sino la presencia de lo simple que se hace más y más presente, como si no hubiera un límite dentro del recinto de lo simple.
Los dos amigos avanzaban en silencio dejando que la hondura del monte los cubriera y el concierto del sosiego los aceptara en su sinfonía.
Ellos, claro, tenían a quien agradecerselo. Es en esa interiorización cuando la vocación se deja sentir, lo que Pablo llama PARÁKLESIS. En esa cercanía no se siente una voz externa del misterio oscuro y desconocido sino que se refrescan las palabras íntimas ya pronunciadas y se da el olvido de la múltiple garrulería de la comunicación de los hombres de este mundo que buscan la gloria unos de otros
¿Cuales palabras ya pronunciadas? EL QUE ME AMA ESTARÁ ATENTO  MIS PALABRAS Y YO LO AMARÉ Y ME MANIFESTARÉ A ÉL YO MISMO.
La TERESIS es el estado de alerta que tenían las doncellas con las lámparas de la fe. Ellos dos estaban preparados y se ayudaban mutuamente porque tenían la reserva de aceite. A QUIEN TIENE SE LE DARÁ, decía paradógicamente el Señor. Sus palabras objeto de cuidado celoso bullían más y más en su interior conforme avanzaban atravesando el monte hacia la ermita de Tobías. Tal era la PARAKLESIS, la bienvenida que les daba el Espíritu azuzando en sus almas las palabras del amigo, de aquel que los había amado primero y al cual ellos buscaban corresponder. Esa relación de la caritas unitiva que debía llamarse legítimamente religión en la plenitud de los tiempos. Todo esto, lo que dicen las palabras punzantes de la última cena, se recuerda en el aliento del Espíritu prometido como efectuándose de este modo el olvido del olvido o el recuerdo estremecido de aquel jardín primero, ahora dado en el interior del mundo.
 Él Señor Vivificante argumenta al mundo de pecado, de justicia y juicio y el paraíso se abre realmente en medio y al interior de la persecución periférica del mundo. Le ha sido dado al hombre  así en este maduro paraíso el camino estrecho de la humanización  o beatificación a costa suya, por las gradas de las virtudes bien qué con la ayuda de los dones del Espíritu con el mapa ascensional de las llamadas bienaventuranzas.
Ellos habían pasado  por la puerta angosta del scramento grande de la Iglesia y aspiraban a subir el monte de las bienaventuranzas. Más subian y más aliento henchía sus almas pues más se veía y más se amaba a quien los llamaba desde la altura en una verdadera EKKLESÍA. En esa gozosa cuanto trabajosa subida estaban frente a aquellas delicadas sierras que eran signo visible del monte en cuyas cimas esperaban ir más adentro en la espesura.
Ahora el amigo los esperaba en la ermita donde rezarían una suerte de completas buscando recibir su paz, tesoro que dejó el Hijo en el Espíritu Santo. Respiraron este viento lleno de aromas hasta llegar.

lunes, 15 de octubre de 2012

EL TIEMPO QUE GIRA

El té, una institución para los esposos, la cocina tan alabada por muchos y por menos cada vez habitada, la tarde azul con pinceladas ticianescas en vivo cambio y la conversación de quienes amaban aquello que Dios personalmente les había dado y que ellos apreciaban como el tesoro por el cual todo se vendía, iba a caracterizar la tarde que nunca avanza en vano en aquellos campos. Y no avanzar en vano significa girar en la plenitud circular que alcanza esa plenitud para la cual el futuro es hoy.
Ellos se sentaron como para no levantarse de esa mesa y primero gustaron del té y los panecillos. Pero cuando se hubieron saciado siguió más libre el placer de la conversación, que giró desde el emprendimiento de la granja de Florencio y todas las gozosas perspectivas que él dibujaba con entusiasmo hasta la sustancia del espíritu del cual Mateo se hizo portavoz.
"Miren, decía Florencio, cómo tendremos las legumbres escalonadas, sembrada con luma arriba y luna abajo. Me regocijo pensando en mis acelgas y lechugas y sobre todo en mis zanahorias y remolachas que sacaré en toda su ternura. No cabe en mí el gozo pensando en las chauchas mezcladas en una comida con los huevos y la salsa blanca de nuestra leche ¡Esto es el cielo anticipado! ¿Qué otro objetivo más valioso debe alcanzar un hombre? Y no me quiero imaginar el embasado posterior de los tomates y los espárragos o alcauciles. No puedo imaginar tanta felicidad".
En tanto Florencia se refería a sus arbolitos con sus brotes henchidos como un milagro que nunca hubiera visto: "es que ahora son míos, son hijos y yo los he plantado y regado por mis acequias ¡y hoy se riegan desde el cielo! Los almendros ya florecieron y algunos durzanos", les decía entusiasmada a Mateo y Tobías que se admiraban de su ingenuidad
¿Y cómo estan la yegua con su potrillito? preguntó Tobías
"Muy bien, las atendemos como reinas" contestaba Florencia, "es extraordinario poder participar en algo tan natural e insuflarle espíritu. Es una gracia poder hacerlo ¿Cómo, si no estuviera aquí?".
El entusiasmo de sus hijos espirituales le dio pie a Mateo para decir: "¡Ah hijos míos cómo es verdad que si se quitan los impedimentos el mundo se transforman con la caridad en un paraíso! Así lo dice la célebre novela con el testamento del hermano de Zósimo, el eremita. Es una gracia el verlo pero mayor será el mantenerlo. Para ello, para mantener el gozo y la paz de la caridad hay que no sólo trabajar en las virtudes cardinales sino en mantener la gracia con una prolijidad en el empleo de los sacramentos. Porque casos hay que empezaron muchos en gran abundancia de consuelos espirituales y terminaron como pirámide en punta ¡Cuántos jóvenes poseen el amor y los dones conexos y no se sabe cómo ni cuando los pierden! Y cuantos, no teniendo ni una cosa ni otra llevan la vida en una rutinaria continuidad donde un día es tan mediocre como el otro!  Y sin embargo el cielo y la tierra es el mismo y las estaciones y las semillas. Que los árboles broten y crezcan no parece hacer crecer el alma de nadie. Se ignora o se pierde el sentido del milagro. Hay que considerar aquí el "fuera del paraíso" donde la condición del hombre se vuelve prosaica cuando no amenazada de colapasar. Es cierto lo que sentís, jóvenes míos, acerca de tal maravilla pero no es menos milagroso experimentarla como tal. Dando gracias y protegiendo la gracia se podrá mantener...."
Entonces el paraíso, añadió Tobías, es una labor artesanal es decir espiritual: hay que elaborarla sin falta día a día con la oración, meditación, alabanza, adoración y contemplación que conocieron los padres de la Iglesia. Parece que la vida es algo espontáneo y que va sola."
"Lo que va siendo más y más grave, por lo que se tiene noticia en las grandes ciudades, es el poder omnipresente de la técnica que hechiza a los hombres. Primero la radio y ahora la televisión sustituirán el interior de los hombres amenazando seriamente sus personas. Esto proyectado tiene proporciones incalculables. Pocos podrán sobreponerse a ella", dijo Mateo con aire de gravedad.
"Pero los pocos recibirán de los campos lo que nosotros hoy  tenemos ante las manos", añadió Tobías
"Los medios que Dios nos da en los sacramentos para arrostrar tal inundación utilitaria son para que lo recibamos a Él mismo en la Eucaristía y así se despeje el paraíso mencionado. Venga a nosotros tu reino, decimos, y aquí está. Por eso no habéis de preocuparos por su asistencia pero sí temer el hecho de hay quien quiere arruinar tal habitación de Dios en el misterio", decía Mateo.
"Parece exagerado repetirlo una y otra vez pero sin ejercicio diario de meditación y petición  u oración en tanto elevación de la mente se va borrando del horizonte hijos, lo dice un viejo" añadía amistosamente Tobías.
Ellos hablaban como se habla de política o de deportes o de mecánica con la certeza de cuánto más importante es el alma que las cosas que atañen al hombre en su materialidad. Y los jóvenes eíanen todo esto un camino que estaba lenos de acciones y emprendimientos como los que tenían en marcha y sobre todo vivir creciendo hacia su origen ¿Hacia adónde sino?
La tarde pronto se transformó en noche porque las nubes no cedieron y Mateo reveló la intención e quedarse en la ermita de Tobías en la cual protagonizarían una fiesta de oración, es decir de apertura al cielo, de respiración en el más puro oxígeno. Pero entonces debían comer una comidita liviana, un puchuerito que siempre estaba a mano con la sopa correspondiente en el campo.
Florencia a los postres dio el concierto final al gozoso encuentro: tocó de Nicolás Antoine Lèbegue: Reudi en modo frigio, versillo sobre el Magnificat y Posludium en so mayor. No hay que decircómo sonaba tal sencillez en aquel ambiente de simple intimidad.
El cura los bendijo y se fue con el más viejo a su ermita, remontando el sendero entre espinillos,talas y algarrobos que goteaban trayendo el viento la densidad inaudita de los campos entre algunos balidos del ganado que era vivo y participante de su espíritu. El tiempo había hecho de todo esto un acontecer que se atesoraba para mayor gloria de Dios.

sábado, 13 de octubre de 2012

LLEGÓ LA LLUVIA DE PRIMAVERA

Las horas resbalaban frente a aquellas sierras como las gotas de la lluvia en el ventanal de la cocina de Florencia. Ese día se inauguraron las lluvias, bien que en una medida pequeña. Pero llovió pausadamente, más bien lloviznó durante dos días. La alegría de ellos era enorme. Miraban sus minúsculos despuntes de lechugas y los brotes de los árboles con dulce expectativa. Se iban comunicando los avances en uno u otro cantero. Florencio se levantaba y los revisaba como un oficial a su tropa formada. Estos dos días prometían el surgimiento, la aparición del verdor divino. Todo estaba lleno de dioses a su alrededor. La primavera los encontró como cazadores de la belleza. Ellos habían nacido enfrente del mar mediterráneo y sabían de la Nereidas. Su adolescencia había sido helénica sin duda, vivían a vuelo de pájaro de la Magna Grecia. Mallorca era además como una Grecia y estaban cubiertos y acaparados por Roma, lo cual para muchos era una pesada carga de la historia pero no para ellos, porque no todos somos unos, los que consumen el pan y habitan sobre la tierra ni tampoco los escritores que aceptamos el magisterio de la fe y de ciertos maestros que no admiten comparación.
Las sierras se descubrían por momentos de los grisáceos mantos que caían sobre sus cumbres y laderas y dejaban ver alguna loma latiendo en su intimidad sutil. Los azules se expandían en esa masa gris como surgidos de la paleta de Tiziano. Ellos hacían sus labores desde la gran mesa de la cocina. Florencia ya había tocado el armonio dos veces aquel día ¡Cómo sonaba en ese ámbito! Practicaba música litúrgica de la escuela francesa de los siglos XVI al XVIII. En es momento se hallaba practicando la Pequeña fuga a cuatro voces sobre el himno “Ave Maris Stella” de Jean François Dandrieu. Iba a venir el padre Mateo y le tenía preparada esa sorpresa. En el horno de la cocina económica ya daban olor unos panecillos y unos bizcochos de manteca que servidos con la ricota que se hacía en la Bendición vendrían muy bien a la hora del té.
Florencio estaba enfrascado en un relevamiento de los animales anotados en un cuaderno. En ese momento se vio en la tranquera el auto del taxi del irlandés que traía al cura. Avanzó derramando azules por la atmósfera saturada de humedad ¡Hay que ver la emoción que se tiene en un campo al recibir una visita! Parece que la densidad interior se vaporiza y resuena algo así como lo que verificamos en una pava cuando rompe el hervor. En ese momento comenzó a llover. Las gotas daban en el techo como notas de un clavecín. Las sierras se velaron y en la galería sonó la voz vigorosa del padre. Florencio salió a recibirlo y dejó abierta la puerta.
-Adelante padre, pase confiado a la cocina- dijo estirando su mano abierta.
La respuesta del padre no se hizo esperar mientras lo abrazaba con su rostro que daba hacia adentro: ¿qué escucho y además qué huelo? En efecto habían llegado a sus oídos las notas de la pequeña fuga y a su olfato los panecillos. No se puede recibir un mejor incentivo para entrar en una casa a la hora del té un día de lluvia. Así ingresó para ver por vez primera el armonio de Florencia. ¡Santa María! exclamó admirado y se precipitó para tomar entre sus brazos a su hija predilecta.
Florencia se puso de pie y recibió el saludo de su nuevo padre no sin emoción. “Bienvenido, padre, en buena hora ha llegado” y después se fue a abrir su horno para vigilar el dorado de sus panecillos. El agua estaba colocada y las tazas del té preparadas.
El padre se sentó al armonio y dibujó algunos arpegios que llenaron la casa. Allí se puso a alabar el instrumento y luego ya sentado a la mesa se puso a hablar del canto llano en la Iglesia y de la evolución de la música litúrgica como buen habitante de la ciudad de Colonia. En aquel momento se siente la sacudida de los pies en la galería y aparece Tobías quitándose el gabán y colgándolo en el perchero.
-“Bueno valió la pena mojarse un poco ¡Además los espinillos y talas despedían tal aroma bajo la llovizna benefactora que querría seguir caminando en el monte! Se ve que habéis pescado al pez gordo que bajaba por el torrente serrano” dijo sonriendo y estrechando entre sus brazos al cura.
La vida parece sublimarse en aquellos momentos en que Dios reparte sus dones prometidos. El gusto de la amistad y de la comunión desbordaba en aquella cocina esa tarde del anuncio primaveral. Hay que decir que la lluvia en el campo es una bendición cabal y jamás podría calificarse de mal tiempo como en las ciudades siempre de espaldas a la realidad real.
Las tazas preparadas y la tetera ya llena de agua sobre las hojas del verdadero té inició el encuentro con el descubrimiento de los panecillos dulces que se untaban con ricota fresca. Toda la luz azulada de los campos se entraba en la cocina  resaltando aquellos rostros beatificados por el tiempo pleno. Los jóvenes con su tío paradigmático benefactor y el sacerdote que halló los hijos que con el celibato se había privado. La tarde inusual cubierta de nubarrones que se desgajaban en las sierras y la profundidad espesa del monte los incluía y pacificaba de tal manera que la conversación se encendió animada en la cocina:

lunes, 8 de octubre de 2012

Dos meses y medio y la actividad de Florencio, profesor de ciencias agrarias en la antigua Barcelona, tenía alcanzado un resultado: huerta, plantación de frutales, alfalfar, regadío dependiente de una generosa acequia que pasaba burbujeando desde la sierra. Mucho abono de los corrales y brazos que ejecutaban como artesanos calificados su idea de la granja.
Los animales en el campo eran celosamente vigilados y movidos de un cuadro a otros si faltaba pasto, cosa que ya se experimentaba en la temporada seca y fría. Las vacas con todo estaban sanas en ese clima y podríamos decir que felices en esos montes que las protegían. La cría de ganado no tenía dificultad mayor ya que cuando los terneros se destetaban crecían en los veranos y se vendían en los otoños como invernada. Y eso era todo. Claro está: en el verano había que trabajar por las enfermedades posibles y había que vacunar y marcar. Todo trabajo gozoso.

domingo, 7 de octubre de 2012

FLORENCIA Y LOS ÁRBOLES

La primavera entraba y los árboles estaban listos en sus tazas comunicadas con las acequias. Los árboles del huerto a cargo de la novísima cooperativa de la Bendición trazaban un dibujo estudiado y los inmediatos a su casa estaban a su cuidado junto con las flores elegidas. Nunca  había tenido una tal expectativa ante la llegada de una primavera: esta vezaguardaba que broten centenares de árboles en los cuales había participado tanto en su elección como en su plantación y junto a los cuales había elegido vivir. Esto se denomina habitar o vivir con raíces. Las suyas se expandían  en un ámbito amplio donde había espacio para ser y estar de las personas. Su esposo trabajando a su lado. Los demás unidos en una cooperativa por encima de su condición de empleados. El horizonte de autoabastecimiento que ello implicaba y del crecimiento de un "capital social" como ideal realizado y concreto. La vida latiendo al ritmo de antaño con nueva expansión bajo la verdad de la doctrina de la Iglesia aplicada en esta dimensión en la Encíclica Rerum Novarum y la reciente Quadregessimo Anno. La ayuda inestimable del padre Mateo en la parroquia serrana que los amparó espiritualmente y sacramentalmente...Todas estas cosas y cada una de por sí explican suficientemente el porqué de la bienaventuranza de estos jóvenes que aprovechaban lo que está a la mano en mayor o men or medida de los hombres, comenzando por la clave de todos los elementos necesarios: la fe en los medios de santificación o simplemente de vida, que son los sacramentos por los cuales ha tenido que morir Dios hecho hombre. Quienes no quieran o no puedan ver y experimentar este hecho definitivo en la historia del ser ni comprenderán a Flora y Florencio ni aceptarán la posibilidad de esta vida ideal de cuento de hadas. Porque aquí no hay una quimera, aquí hay una realidad cimentada por dos mil años (por no dcir cuatro mil empezando en Abraham) en la Encarnación de Dios habitando treinta años en Nazaret que desde su paz hogareña y trabajadora aguardó el momento de ser levantado en la cruz para que nadie pudiera ignorar su Pascua.
Así fue recibida por los esposos que aguardaban ansiosamente el brote que ya se insinuaba en los árboles de su granja.

sábado, 29 de septiembre de 2012

La preparación para la próxima estación estaba en las manos apresuradas de Florencio. Los sábados iban completando cada parte de la huerta. Toda semilla ya estaba bajo tierra. Los canteros de lechuga de varias clases; de escarola; de achicoria; de cebollas de corte, de cabeza, de verdeo; bajo cubierta estaban dos tipos de tomate; de pimientos; ya se habían puesto los plantines de alcaucil y las esparragueras; el perejil de varias clases; las plantitas de salvia, de orégano; las acelgas y espinacas; las habas. Ahora estaban abocados a sembrar la alfafa para los animales de la granja. Poseían dos arados de reja y dos caballos percherones y con ellos hicieron el sembrado más gozoso de su vida: el primero. Las casillas de los cerdos, los gallineros quedaron también terminados junto a las conejeras con la diligencia de los brazos cooperativos, los de aquellos que nunca habían trabajado juntos y que ora una de estas cosas ora la otra tenían en su casa sin integrarse como un pobrísimo complemento a la canasta familiar. Ahora belleza y utilidad y orden se conjugaban en el primer emprendimiento de la cooperativa. Faltaban los árboles del huerto.
Junto a la acequia cercaron un espacio con plantas de diversos tipos de durazno; plantas de damasco, de almendro, de nogal y de diversos cítricos. Detrás sobre la colina colocaron pinos de barrera por el sur para tener hongos o setas como le llamaba Florencia. Evidentemente pasarían una primavera, la primera, que no tendría igual por verse el fruto del trabajo floreciendo todo junto.
Nada raro cuando se está en medio de la ubérrima naturaleza y se coloca toda la fuerza con devoción a favor de su poder que busca salir afuera y manifestarse. Era indecible la expectativa de los dos esposos ante cada plantita que se había plantado y ante cada semilla en esa situación promisoria de recién casados. Ellos estaban en una primavera, la de sus vidas y se sentían agradecidos a la fuerza que los hacía crecer: aquella que llaman en todas partes "amor".  

domingo, 9 de septiembre de 2012

OPERATIO SEQUITUR ESSE

 El drama de estos jóvenes consistió en su consonancia en el ser. Las cosas que los ocupaban eran las del habitar. Flora iba poblando su casa de imaginadas ubicaciones de los enseres y adornos rayanos en una sencillez franciscana. Se había pusto a hacer con una arpilleras unos cuadritos bordados con la sierra y las lomas frente al campo poblado de terneritos que simpemente colgaban de hilos de lana. Rescato muebles y armarios viejos y pintándolos los fue ubicando a satisfacción. En esos días llegaron los baúles y encomiendas por ferrocarril y debieron ir a buscarlos a la pequeña estación volviendo a andar ese camino cerrado por las jarillas en esa mañana donde el azul parecía cosido al montecito. Crepitaban las sierras bajas conforme avanzaban con las cadenciasde la chata Ford. La estación en medio de dos grupos de casas a un lado y otro de la vía, con el clásico almacén de Ramos generales y la agencia postal no sé que en que sueños de intimidades y soledades los hundían.
El jefe de estación los atendió dándoles conversación, propia de quien tiene pocas ocasiones de hablar en las mañanas de su trabajo y ellos respondían con el entusiasmo de quienes ya se sentían miembros del mismo cuadro o personajes de la misma novela. Trazaron todo tipo de vínculos y conversaron de cabritos al asador, pájaros y condiciones del clima propio de la estación que estaba ya llegando. No pudieron ocultar la convrsación sobre la música ante la curiosidad del jefe y despachante de la encomienda:
¿Qué instrumento hay en esa caja? preguntó admirado como vaciando los ojos
Es un armonio, respondió Flora
Al ver la perplejidad del ferroviario pasó a explicarle sus características y cómo era antecesor del piano y la función que tenía con sus pedales y qué tamaño ideal tenía y no mucho peso.
El jefe, que tenía relación con su tío les prometió una visita y ellos lo alentaron con entusiasmo. En esos espacios vacíos los hombres gustan de visitarse y gozan de tales encuentros, en consonancia con las estrellas solitarias que se saludan en la pureza.
Retomaron el camino de vuelta llenos de ansiedad por abrir las encomiendas. Llenos de los aromas fuertes de esos campos llgaron a su casita y con la ayuda de Bernardo y Amelia y la curiosidad de los niños ubicaron todo dentro de la casa y fueron descubriendo el armonio que ubicaron cerca del  ventanal que daba al oeste. Allí nomás se pusieron a limpiarlo y luego todos quisieron ver cómo sonaba tan raro instrumento.
Flora le dio el gusto y tocó unas canciones infantiles que le sonaron muy raras en el lugar. Los niños por cierto quedaron fascinados ante tal novedad que enriquecería su alma providencialmente.
Les llevó bastante tiempo ordenar todo lo recibido, porque había desde ollas d ehierro, barro cocido hasta libros. Cada cosa que ubicaban era como una nota consonante en la sinfonía  del habitar que habían comenzado hacía ya dos meses exactos.
Todo lo que se hacía en esa estancia La Bendición, todas las operaciones eran consonantes con el ser, sin más. En su casa habían sido admitidos hundidos en lo simple, intenso de lo que para siempre y desde siempre quiere ser pensado.

jueves, 14 de junio de 2012

ROBINSON EN PLENITUD

Robinson por accidente llegó a su isla donde éxperimentó lo que habitar y casa son. Flora y Florencio fueron puestos en su soledad por la Providencia conocida de Dios que los llamó al matrimonio. Todo llamado depende del "sí". Providencia no es ni azar ni determinismo. Los que lo saben es porque lo han probado. /Así esa tarde de sus vidas parecería de vacaciones. El día se hizo frío por el viento sur. Bernardo y Rosendo cumplían sus tareas de pastores de ganado. Los niños iban tempranito a la escuelita en sus animales de la tropilla de los bayos. Amelia en su casa ponía orden y calor. Zunilda en la suya en el extremo del campo junto a la represa vieja hacia hogar. Y ellos encontraron en el amplio ventanal de la cocina su oficina, la de su empresa, aquella que descubrió allende los mares Robinson y donde por vez primera y última se descubrió a sí mismo. / Flora ni siquiera tenía el armonio.El presente llenaba esos días con expectativas que se tenían a la mano y que hacían pregustar lo que la voluntad racional quiere y está en la memoria como dado en el acto de la creación ¿Es aquel narrado paraíso? Es un hecho que allí está, descubriéndose como recuerdo de algo perdido y recuperado según aquello que leía Florencio en aquel momento a la vista de la sierra que tomaba color rosado: HODIE ERIS MECUM IN PARADISO. San Lucas sabía mucho de aquel habitar pues había visitado a la Virgen, quien le contó la Navidad ¡Y tuvo que ir a la casa de Juan para ello! Le quedaría de camino si acompañaba a Pablo como secretario. Juan estuvo en Éfeso, el apóstol del habitar, de la morada. Esas "novelas de caballería" llenaban los días de Florencio de claro en claro. Hoy estarás...Y las palabras dichas en tales circunstancias poseen un valor absoluto y sin discusión ¿Qué le iremos a preguntar al Señor crucificado? Su respuesta hoy. /HOY ESTARÁS EN EL PARAÍSO. Florencio veía: aquí estamos hoy contigo. Y se lo comunicó a Flora que estaba cosiendo y preparando al mismo tiempo unos panecillos dulces."Hoy es Flora", decía- "hoy ya, aquí y ahora". Flora escuchaba sin sorpresa esos arranques de su esposo cuyos sentimientos catalanes le eran afines. La sierra ardía como si fuera gaseosa y se consumiera, en un fenómeno de volatilidad sustancial como el del pensamiento puesto en música. Notas purísimas de extensa partitura. La tetera sobre la mesa. No había necesidad de ir a buscar ese día las lecheras. Todo se concentraba en la mansedumbre del habitar. /Robinson no tenía más que laborar dentro de la isla y una vez lista su morada debía ocuparse de gozarla entre las cosas hogareñas del habitar. Sú única distracción o divertimento era la lectura de la Biblia que se había salvado del naufragio ¡Y esa lectura en la unidad de los instantes era fundamental y verdadera! No es lo mismo ler o escuchar en medio de las ocupaciones y del ruido portentoso de las gentes de Londres que ver grabadas las palabras en su alma desocupada, en una soledad sublime frente a las criaturas en estado natural en un tiempo que no se va para adelante sino que no le queda más que la vuelta sobre sí, aconteciendo, simplemente siendo /¡Oh realidad dónde está tu aguijón! Nada hubo que contar cuando fue salvado de su naufragio y en cambio la narración de su estancia en la isla es aquello que intentamos nosotros narrar: el vació lleno. /Florencio salió por fin de la casa, achicó algunos palos con el hacha y los trajo junto a la chimenea, prendio el calefón a leña ya a la nochecita cuando las lucecitas de las poblaciones vecinas se encendían modestamente en la sierra y algunas de muy lejos lucían en la pureza de aquel aire bruñido por los ángeles que dibujaban la lejanía en las nubes del paraíso. Mientras animaba el fuego de su adorado calefón a leña sentía el universo palpitar a su alrededor y recordaba aquello de los primeros pensadores: TODO ESTÁ LLENO DE DIOSES. Y esto, claro está, le acercaba a sus prójimos que estaban en Barcelona, especialmente a su amigo filósofo. La vida de ese fueguito detrás de su casa, frente a la sierra ya oscura, colmaba su existencia. Por encima las luces de su escuadra celestial ya saludaban marcando el camino de esa vía de luz. Y las palabras EGO SUM VIA ET VERITAS ET VITA se clavaban como flechas en el sosiego, del cual allí cerca, en los montes tenía el ejemplo más simple y oligatorio. HODIE ERIS MECUM IN PARADISO.

martes, 12 de junio de 2012

LAS LENTEJAS DEL ESPÍRITU

El potaje de lentejas los fue trayendo a las casas y un vientecito frío los preparaba para ellas. Don Tobías vio en el bebedero a la yegua con su potrillito y le dijo: “¡Ah bonita viniste al calorcito del hogar!”- “Sí,- dijo Florencio- “quise que Flora las tuviera cerca para que fueran amigas y ella les habla y les da azúcar y les han hecho un pesebre con los niños y Amelia”. “Les darán alfalfa que hay en el galpón” dijo Tobías con satisfacción. “Ya lo creo está mimada por quien no conoce de animales” dijo riendo Florencio. “ Al animal no se lo conoce cuando se lo ve como instrumento. Los hombres en el campo los ven como compañeros. Lo que sucede es que son poco tiernos consigo mismos. Han tenido una educación ruda y la doctrina cristiana en seco. La alternativa de la ciudad es lo contrario con una moralina cristiana y una educación que no va a las altas cumbres y se vuelve más y más técnica”. /Diciendo esto llegaban ya a la puerta de la casa y cuando se abrió los invadió un aroma que halagaba el hambre y los llevó rápidamente después del lavado de manos a sentarse a la mesa ¡Qué fascinación tienen los guisos en invierno para quienes poseen el tesoro por el cual han vendido todo y han comprado aquel campo donde estaba escondido! /Flora tenía preparada la mesa delante de la cocina económica. Platos playos para asentar la escudilla, con cuchara, tenedor y cuchillo; panecillos caseros; copas para el vino y el jugo de naranja; una tabla con queso de cabra y servilletas bordadas por las tías de Flora, es decir hermanas de Tobías. Esto provocó el entusiasmo del tío que sin duda despertaba los fondos de la memoria: su infancia en Mallorca, aquella isla maravillosa, sus hermanas y sus padres, su adolescencia investigadora que lo llevó en barcas por el mediterráneo como una suerte de Ulises; su viaje a América y las oportunidades que en esas épocas se tenían para adquirir tierras en zonas poco valoradas que lo trajo a este valle donde el destino providencial lo hizo dueño de este campo, heredado por su esposa donde él puso su capital para hacerlo productivo y encontró el final de sus viajes en la plenitud de la intimidad; su viaje de visita a Mallorca cuando Flora era pequeña; su reciente invitación a los jóvenes… “Queridos hijos” dijo, “tengo mucho para contar pero más para callar y dejar que el instante dé lugar a la paz. Y ella se experimenta en este momento delante de este plato de lentejas, propia de la intimidad de Jacob”. Y bendijo la mesa y comenzó a comer un plato, para él, mágico. “Ay tío ¿Cómo sabe tanto y no se dedicó a estudiar?” dijo Flora admirada. “Bueno”- dijo después de probar una buena cucharada del potaje, “tanto como no estudiar…la educación entonces en la adolescencia era muy firme y en el caso nuestro muy humanista…aquellos curas sabían lo que implicaba educar y es decisiva la infancia y la primera juventud. Además el entendimiento se fortalece con las virtudes morales que entonces tuvieron en mucho hacer que las ejercitáramos; y hay tradiciones fuertes: las nuestras dependieron del beato Llul y pesaron in situ. Donde hay un hombre paradigmático todo se ve allí. Y la obediencia al orden de la razón da lugar a que el maestro interior haga su obra”. “Así es tío” -decía Florencio, no hace falta nada especial sino un lugar despejado que es, creo, lo que se llama buena voluntad, la que tenían los meditativos pastores de Belén”. Y le guiñaba el ojo a Flora para que ella hablara y el tío pudiera comer ya que estaba en compañía y entusiasmado. “Sí”, decía Flora: Ud. tío es sabio y no hizo estudios especiales, el cura Mateo es sabio y estudió con aquellos alemanes de tomo y mi Florencio es sabio…porque es mi esposo…”. “No hay secreto en esto: los buenos maestros dan fruto porque enseñan a vencerse uno a sí mismo y a leer aprendiendo lo que desde siempre y para siempre quiere ser aprendido. Yo en esto tengo el refuerzo de mi amigo, el filósofo, que no me dejará ni una semana de enviar sus descubrimientos”, dijo el joven. El tío comía y encomiaba las lentejas donde reconocía la enseñanza de sus hermanas. Sentía que Dios lo había premiado porque le restituyó lo que había dejado atrás en la figura joven y auténtica de su sobrina y ahora tenía familia. Ya vimos que él los consideraba sus hijos, los que no tuvo, y eso era muy consolador en la medida en que ellos lo aceptaban así. Además valía aquello dicho: que los parientes verdaderos son los que cumplen la palabra de Dios. Lo fundamental para la paz que experimentaban era la unidad de los instantes y plenitud consiguiente del tiempo: no había planificación estricta acerca de las acciones futuras, no estaban en el futuro sino en el presente amplio que lo incluye mansamente, ya determinado por el “hoy”; estaban en el plan donde lo que cuenta es el llamado de la palabra del ser que a cada uno les da al maestro interior que les enseña todo, un todo que consiste en saber cómo ser morada de Dios en el Espíritu. Esas lentejas que Flora iba sirviendo desde el calor de la cocina de hierro eran para gozar del invierno, acompañado en ese valle por un cielo transparente y una luz como la del éter olímpico. “Bueno hijos ahora a ejercitarse un poco persiguiendo a quien llama a nuestra puerta. Porque toda la vida es un ir tras él pasando por las criaturas. Tanto paraíso he visto yo de joven en nuestra isla; tanto mar he cruzado para llegar aquí y cumplir con los deberes de la vida humana; tanta alabanza de la simple belleza del caballo, del ternero, de los incontables pájaros que nos rodean, del agua cantarina de la acequia, acompañado por estos árboles orantes; tanto afecto de los más próximos que el Señor nos puso al lado y todo esto para verlo cara a cara. A ello vamos hijos y para ello usamos de las cosas y gozamos del amor de las personas: para Él. Si descuidamos esta meta de la existencia ésta se deslíe y se hace nada, como dijo nuestro Pablo en su himno a los Corintios”. /Y dicho esto agradeció, se puso en pie y saliendo de la casa se fue caminando por el sendero hacia lo sustancial de la persona en quien, por quien y para quien hemos sido hechos y que hace la unidad de los instantes en Él, denominada “paz”. “Esto es la verdad”, pensaba mientras avanzaba entre el caminito de talas y chañares, “pero ardua, porque no te veo, pero a quienes veo y amo los tengo que dejar en algún momento, en cambio a ti te llevo conmigo ahora que estoy a solas, porque en realidad yo estoy en ti y soy en ti. Se siente una melancolía porque nos desprendemos y hasta un llanto en el caso de la separación drástica de la muerte y es con la esposa con quien se comparte lo más y sin embargo eres Tú quien nos sigues llamando hasta que reposemos en ti ¡Qué palabras inspiradas las de San Agustín: FECISTI NOS AD TE ET INQUIETUM EST COR NOSTRUM DONEC REQUIESCAT IN TE! El “ad” indica un camino, que es la existencia que vuelve a ti, asistido por quien nos ha sido dado: el Espíritu Paráclito”. /El hombre de edad se iba a su ermita y los jóvenes quedaban en la suya un poco adormecidos por el almuerzo. Dejaron que pasaran las horas ocupados en manualidades, delante de las tres sierras que tenían en el ventanal de la cocina y de las vacas que se movían en la quietud del prado o bien, como dicen los paisanos, “bajaban al agua” y se acumulaban esperando que les abrieran la tranquera para beber recordando aquello: y la caballería a vista de las aguas descendía.

jueves, 7 de junio de 2012

LA NOVELA DEL SER

Qué luz en la mañana eterna! Una helada cayó en la madrugada y cristalizó el agua. El cielo no podía ser más puro y más cielo. La sierra nueva cada día mostraba la inmovilidad, unidad, perfección de la idea. Las vacas pampas eran testigos por su sosiego del paraíso nunca perdido. Los esposos desayunaron y salieron bien abrigados con el objetivo de verse con Tobías. El caminito hasta su ermita los volvió a admirar con la prestancia de los chañares y fortaleza de los algarrobos. Se les antojaba que ese camino era una vía que avanzaba en sentido opuesto a la así llamada civilización y lo sentían como un llamado personal hacia el origen ¿Cuál? Hacia la concentración frente a la diversión, hacia la pureza natural frente a la contaminación, a la meditación fecunda en palabras interiores frente al torrente de los ruidos acumulativos de los estadios, en fin hacia el relieve de las personas frente a la uniformidad de la muchedumbre solitaria. /Llegaron y cuando el tío los vio venir salió a recibirlos bajo el añoso alcanfor de versátiles hojas. El frío los obligó a entrar y arrimarse al braserito donde gemía una pava para el mate. No había razón para la visita porque nada pasaba ni podía pasar que no fuera alguna pequeña cosita cotidiana de los pocos que allí habitaban como alguno que necesitara ir al médico y necesitar el automóvil. No había tramas ni dramas sino el de la propia existencia que era tan profundo y serio como se podía verificar en la necesidad de tamaño sacrificio como el de la cruz cuya memoria y actualización la misa traía a la vista. /No había un pequeño drama novelesco sino una tragedia por la cual los hombres pasaban de la muerte vital de sus vidas a la eternidad bienaventurada ¡Y había que esforzarse en la fe para verlo y experimentarlo! ¡Había que atreverse en la fe a tener a Dios como contenido de su alma, como huésped inefable! En ese drama se encontraba por su edad y conciencia el hombre más viejo de la Bendición quien se esforzaba por trazarles el camino a los más jóvenes que inexorablemente debían hacer aquel salto de lo finito a lo infinito. /El hecho fundamental de la existencia nunca es novelado, en beneficio de las cosas por las cuales los hombres disputan, quienes nunca han escuchado las coplas de Manrique sobre las cuales Cervantes juzgaba que debían ser escritas en letras de oro: “ved cuan pobres son las cosas tras que andamos y corremos pues que antes que muramos las perdemos”. Don Quijote privilegió el hacer y murió cuando concluyó su hacer quimérico mas los libros de caballerías como aventureras hazañas quedaron desacreditadas o desrealizadas. De hecho la novela concluye cuando no hay más qué hacer. /Ya al final de la Odisea las hazañas quedan depotenciadas frente a la virtud de la prudente Penélope y la mujer en el ser se volverá asunto de los cantos (Dante lo cumplió). Si Ulises dice a Arete que goce de sus virtudes hogareñas (y tal es el hacer interno y sapiencial) mientras viva porque la muerte es el límite o la Moira, el hombre redimido posee sin embargo el camino para pasar aquel límite y habitar en lo infinito dado en el Espíritu y esto exige una experiencia del espíritu, un ejercicio que es ya vida eterna donde lo que sucede no son las cosas sino que acontece el ser. Est Deus in nobis. /Esta historia insiste en la resonancia del ser y no de las cosas. Por eso las personas toman relieve o relevancia enfrentando su condición existencial. Los jóvenes sintiendo y asintiendo a tal llamado como aquel que por fin aceptó Agustín cuando exclamó: “conozcaos yo conocedor mío porque conociéndote a Ti me conocí a mí”. Los maduros como el padre Mateo conociendo con precisión tal condición de la persona, imagen de las Personas. Los viejos como Tobías haciéndolo, realizándolo en unión presente sin más. /Ahora esta visita no era por algo sino más bien por nada: para estar cerca las personas con el vínculo de la paz. Y así se sentaron y tomaron mate y su “conversación estuvo en los cielos” como instituyó Pablo en la Iglesia que es un hogar celestial. Aquello hizo en sus encuentros y lo dejó consignado en sus cartas de la cual la más pequeña a Filemón nos revela la novedad absoluta: Onésimo es una persona, otro yo como trinitario, aunque social e históricamente hubiera sido esclavo. Se reveló la caritas y lo que pasó después en la historia de la Iglesia es cuestión de detalle. /Flora y Florencio no resucitarán la ya olvidada orden de caballería ni la tradición del cristianismo sino simplemente el oculto entre los hechos rimbombantes ser Cristo, ser de Cristo, ser hogar pequeño, ser signos de la Iglesia. Y lo hacían permaneciendo y no planificando acciones. No sabían cuantos ni cuando esto se iba haciendo en el mundo. Ellos respondían a este llamado del cual eran más concientes mientras iban avanzando en el camino hacia el origen. Lecturas para orientarse no les faltaban pero ninguna era definitiva como sí lo era la luz que recibía de quien nos enseña todo por envío del Verbo Divino. /¡Y qué plenos se sintieron aquella mañana invernal cuando tenían toda la vida por delante para llegar al punto en que su tío estaba ahora, el punto saliente, el punctum saliens de esta historia: lo arduo del tránsito, de la asunción de la gloria viniendo de tan abajo. Es por eso que María fue experimentada por los hombres dispuestos a la gloria como un amparo, un seguro, ante Dios infinito que nos reclama como suyos. El compartirlo con su tío era una verdadera bendición para ambos: para su tío que halló una compañía filial, para ellos que encontraron un paradigma en momentos tiernos. Y estaba esa estancia que era el soporte material, el sustento que se llamó con toda justicia “La Bendición”:

miércoles, 6 de junio de 2012

EL ES HOY AQUÍ

La siesta de invierno es plena tarde y en estas latitudes es dorada. Las actividades no se apartaban como en las ciudades tanto del fin como para que éste se perdiera de vista. Si ellas son para la subsistencia en realidad hace mucho que han perdido relación con ella, quizás desde el momento del papel moneda que dejó de ser a su vez “plata”. /Se trabaja desde hace mucho por la plata y se pierde contacto con el fin inmediato que es el pan, la carne, el dulce, el azúcar. Florencio tuvo una obsesión en su formación y por eso eligió ciencias agrarias: creyó que el hombre no debía perder contacto a través del medio de cambio con el fenómeno edafológico y productivo de sus alimentos o para decirlo directamente: no debía perder contacto con la naturaleza. Debía tender a procurarse todo lo que pudiera con sus propias manos e inteligencia si tuviera cerca el tesoro de una tierra. Delegar eso y optar por el dinero era un error en el principio que se hacía abismal con el tiempo. Aquí, en su granja se veía el fin de la subsistencia y el de la existencia en un mismo objetivo. La cooperativa le agregaba el hecho comunitario que despejaba la consabida moralina del “ser social”. Ya éramos uno buscando escapar de la miseria y al mismo tiempo del lucro: dos males que derruían la condición humana. /Por eso dejando a Flora en sus tareas hogareñas, que son invisibles como las de las hormigas dentro del hormiguero y pacientes y de pequeñísimas cosas, se lanzó azadón, pala, rastrillo en mano a seguir con sus canteros. Comenzó con el siguiente, ahora con la seguridad de la huerta cercada. El trabajar la tierra era una delicia de la cual uno no debía privarse. Hay un contacto con la tierra de donde fuimos tomados que origina un pensamiento manso y humilde donde el hombre se halla en su elemento: el humus. La introducción de la pala en ella inicia una relación callada y cierta porque su pasividad y tolerancia a la profundización de lo que en sí puede guardar y la hace buena se vuelve sobre el obrero que la trabaja provocando una inmediata reciprocidad analógica. “Yo mismo soy una tierra que se remueve”, piensa quien hunde su pala y va dejando terrones, de los cuales se emanan aromas con la humedad de un riego fino que en pequeña medida se le ha dado. Y cuando luego el azadón deshace los terrones con la dureza transitoria de esa superficie, abandonada antes y ahora objeto de diligente ternura y predilección, la analogía cae sobre el alma, seca y luego dura, la cual ahora recibe el cuidado de unas manos santas y venerables que va deshaciendo su terquedad de cascote polvoriento, comenzándose a sentir el aroma de sus espirituales sentimientos. Entonces viene el rastrillado piadoso que se entrevera en las gramillas enraizadas y despaciosamente las va juntando en un rincón mientras el alma ve cuánto tenía en si que formaba bollos o bultos dando la impresión de contenido ¡No era sino estorbo para recibir la buena semilla! Y el rastrillo requiere ayuda del carpidor para desenraizar y aún de una palada profunda y dale que te dale la tierra va quedando ella sola como humus y el alma parece que se deleita comprobando cómo se ve libre y desembarazada ella misma de sus raíces infecundas por el cultivo intenso sobre un sector, uno por vez. /Ahora Florencio respiraba con intensidad mientras el rastrillo iba y venía pulverizando la bendita tierra. Así deben estar las almas dispuestas por la humilitas para recibir las semillas de las virtudes que él siembra y nosotros laboramos para que esto ocurra. Llegó el momento de la siembra junto con el del té; sembró cebolla de invierno; colocó las cuatro varas de mora curvadas y cubrió con una tela por precaución y para ayudar por las heladas. Entonces se fue a tomar el té con Flora con quien repitió la meditación de la tierra. Después no había para mucho trabajo por el frío invernal y se trasladó a la casa de Bernardo donde fue bien recibido ya que los niños estaban ya haciendo los deberes con Flora y él allí comentando sobre el estado de la hacienda revisada por el padre, a cargo de algunos cuadros poblados de vacas y novillitos de invernada. Por cierto que comunicó su siembra con alegría general y se informó acerca de lo que era pertinente. Rosendo no bajó pero se encontró con Bernardo a la mañana en un rincón de los alambrados intercambiando algunas expresiones escuetas sobre clima y rastros de animales. /Así era el día que Florencio llenaba de otras cosas que procedían del don particular que iluminaba las cosas con una luz, aquella que mostraba el mundo como un paraíso: el de la caridad derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo de la promesa. Un hecho acaecido ya en la existencia. Precisamente en esa tarde Mateo había salido a rezar el rosario camino arriba en la sierra después de la misa tempranera de invierno que tenía la asistencia de unos pocos parroquianos. En ella estaba el sentido del día y ella abría el claro de la gracia de la caritas con la transubstanciación. Con un grueso manto de lana hilada y teñida a mano y tejida en telar por viejas de la sierra subía. En los repliegues de su alma también análogos de los de la sierra que enrojecía sonaba el Verbo. Por las junturas del alma y del espíritu destilaba mirra. “Vater unser der du bist im Himmel” rezaba en su lengua materna mientras se dirigía a su madre celestial y recordaba a la suya en Colonia. La madre de Dios lo unía a ella y los recuerdos lo embargaban. Su seminario, la casa de dos pisos donde nació y vivió con sus hermanas. La repostería pascual y navideña, los maestros que recibieron al mismo Joseph Matías Scheeben, el piano, los coros de la catedral. La sierra ahora asumía aquel pudor y se convertía ella entera en una rosa mística. Los misterios dolorosos pasaron rápido mientras miraba aquella vista de cañadas de sombras azules, laderas rosadas y lomas brillantes de bosques rojos. Después la ceniza azulada y más tarde volvió su rostro y caminaba de vuelta con los misterios gloriosos hacia el horizonte del bajo encarnado cuando los campos se sumen en una armonía para la cual hay que tener mil oídos. El interior del cura que sencillamente rezaba su rosario y luego rezaría sus vísperas en una capillita de su templo absorbía el orden de la paz, aquella que Jesús había dejado y a la cual él se había consagrado. Ya el horizonte sanguinolento manaba el color de las heridas homéricas. Entonces recordó a su jóvenes discípulos y se alegró. En se momento Flora y Florencio se preparaban para leer su lectura diaria y sus salmos de vísperas y el abrazo de Dios se estrechaba en la noche que no alcanzamos a encarecer en esta narración. Porque allí y entonces Quien “Es su ser” se hace más cercano en la sencilla alabanza que lo invoca in Spiritu. De una manera propia en el la intimidad del hogar los esposos se acercaban, de una manera también propia el sacerdote lo hacía en su casa donde después de rezar y comer también se divertía en alguna lectura especial. En ese tiempo estaba leyendo LOS NOVIOS de Manzoni. Reíase con don Abundio un cura de otro y se enternecía con los prometidos, mientras nuestros héroes terminaban la Vida es Sueño y se introducían en el suyo bajo las estrellas heladas al calor de su lecho itacense.

lunes, 4 de junio de 2012

LA CARTA AL FILÓSOFO

El martes era el mismo día que el lunes. Ellos se levantaron, ya desembarazados del tiempo que está determinado por los hechos registrados en los diarios, siempre otros y otros y al cabo iguales. El mismo día de plenitud sentían Flora y Florencio como aquellos, no sé si muchos o pocos, quienes salidos del movimiento del gran mundo se han recogido en poblados a la vera de algún río que se despeña de alguna serranía haciendo lo que iría surgiendo del misterio de la persona (esculpir maderas, pintar, componer, o simplemente “ser”), sepultado por la gran cultura del hombre civilizado. Sin duda tales hombres han sido ayudados por la comparación con los años vividos y nunca habitados en las grandes ciudades y por cierto grado de preparación educativa temprana y selecta que allí se imparte. Aquí entre sierras y árboles encontraron vecinos quietos, sin aspiraciones y pudieron leer el lenguaje de los añosos troncos de árboles tricentenarios y el de las piedras trimillonarias. Y el ritmo de antaño les fue dando vida “espiritual”, aquella despedida por Nietzsche con aplauso general de los modernos. En la misma región donde estaban Florencio y Flora existían de un cabo al otro del valle por lo menos cincuenta poblados que son y serían albergue para tales naderías de singulares peregrinos de lo absoluto. Ellos desayunaron y mientras Flora cumplía su acompañamiento al ordeñe y se venía con la leche, Florencio se había puesto a leer en la pieza del fondo de la casa las “Morales” de San Gregorio sin otro designio que la lectura misma. Así las palabras de Job se le grababan en el alma como en la yerra los animales reciben su marca y se vuelven propiedad de quien la estampa en su cuero. Esas palabras lo poseerían para siempre leídas en tal situación de sosegado arraigo. La ventanita daba al campo y dejaba que la vista se perdiera en el azul de aquellas serranías donde se asientan los mencionados pueblos de la nada, llenos de burbujeantes arroyos y aires del paraíso. Cada vez que levantaba su cabeza quizá desde aquella lejanía venía la plenitud del misterio por el cual en ese y en aquel minúsculo rincón el universo concentraba la finalidad de su creación. Sentía a Flora en la cocina y la plenitud lo embargaba. Entonces después de leer algunas lecciones del antiguo padre de la Iglesia tomó una hoja en blanco y comenzó la carta prometida a su amigo, el filósofo vasco, diciendo lo siguiente: “Se dirá: esta soledad donde habito es vacío y el hombre es un ser social. Creo que Aristóteles dijo: “el hombre es un ser político”, lo cual no es lo mismo. Tú me contaste cómo saliste mentalmente de la sociología y de la estructura social cuando descubriste la POLIS Y EL COSMOS hablando en griego. Lo que habías estudiado hasta entonces te parecía meramente descriptivo y superficial. Yo lo experimenté como una cautividad y como una exigencia tiránica frente a la naturaleza en los Pirineos. Es verdad que Rousseau nos confirmó tal cosa ya desde el Tratado de la Desigualdad mostrando la génesis de la pomposa “sociedad”, que amenaza su humanidad. Mi soledad es la del cielo azul, este azul que amamos desde niños, el de las tardes y mañanas del paraíso que decíamos ser omnipresente en ríos y montañas, lagos y praderas, separado del trajinar de los hombres. El azul del mediterráneo. Ahora me envuelve por completo ya que aquí el sol no escatima sus rayos y avanzando sin obstáculos, llegándose a ellas, parece levantar las moles pétreas de las serranías en esferas luminosas. Podemos imaginar a lo largo de ciento cincuenta kilómetros en una y otra roca sobre una y otra ladera a algún contemplador lanzando sus miradas a la amplitud del valle traspasado de luz ante un horizonte dibujado por montañas ¿Qué tienen esas miradas interminables que no se sacian de cielo, acompañados los que miran por los pastos que se agitan como largas cabelleras y las poderosas aguas resonando en el interior de las cañadas y que de pronto se quedan prendados de una nube que se desgarra en las cimas? Esperando y esperando que se amplíe más y más el corazón para una amplia visión sin querer otra cosa sino lo que provenga de las laderas vivientes que lo tienen en vilo en una mansa serenidad. ¡No, no bajarán de la montaña, no podrán atravesar la luz que los envuelve y mucho menos la noche que los hará pastores de estrellas! Yo pertenezco a esta cercanía desde el llano con la quietud de las vacas de cara blanca y la nobleza de los caballos que peregrinan de un montecito a otro como quien avanza por los cantos de la Ilíada, de la Eneida o de la Divina Comedia. Efectivamente, amigo, que tengo muchos versos que gozar en mi vida y en esta mañana que explota de luz y cae sobre la paz de las horas que vuelven a lo mismo: a la dorada tarde que es el tesoro de la simplicidad donada por quien pasando por las criaturas “vestidas las dejó de su hermosura”. Amigo, espero que tus estudios vayan creciendo en la perfección de la “bien redonda verdad de quieto corazón” y así nos beneficien a quienes tenemos oídos para oír. Nosotros aquí tenemos plenitud, por lo tanto felicidad. Pero, claro está, no la de la vida eterna ya que estamos separados localmente en esta vida y luego estaremos unidos en su plenitud gloriosa, cuando “ahora vemos en espejo y luego cara a cara”. Te alegrará saber que fundé una cooperativa de producción agrícola con quienes trabajan en la estancia de Tobías y que ya tenemos cercada la huerta y preparada la esparraguera. También debo decirte que en el pueblo hallamos un cura párroco singular: viene de la mismísima ciudad de Colonia en cuyo seminario estudió. Por ello el torrente de su alma es la patrística y la teología de Santo Tomás con la vida espiritual de Scheeben, que se dedicó a exponer el dogma mientras Nietzsche cargó contra San Pablo y la moral cristiana. Este cura singular nos ha adoptado como discípulos. No necesito encarecerte cómo entusiasma esto a Flora, quien no extraña de momento la música porque ordeña, todo quiere saber y hacer y construye el hogar con una alegría plena. Además en el pueblo hay otros personajes que han venido a profundizar sus dones en el elemento etéreo de esta sierra que llama a habitar. Hasta ahora conocí al médico (¡bueno es tener un sabio de esta clase aquí!) pero existe un extravagante estudioso de la literatura comparada que sólo quiere atender la letra y desatender las estructuras académicas. El cura ha sabido armonizar todo esto. Con esto verás que no estaremos huérfanos de todo aquello que el hombre requiere para serlo y avanzaremos hacia el origen, que es como tú dices el TELOS. Da un saludo a nuestros maestros comunicándoles nuestra estancia en el camino del campo. Te saluda tu amigo Florencio.” A continuación tomó otra hoja y escribió una carta para sus padres: “Queridos padres: En primer lugar debo decirles que la casita de Tobías era tal como esperábamos: sencilla y muy cómoda y calentita por las chimeneas y la cocina ¡Aquí hay leña sin límites! Flora la está decorando según su gusto y aprende a cocinar con sorprendente destreza. Hizo ya las empanadas mallorquinas. Ni se acuerda de la música pero sí enseña a los niños de nuestros vecinos y empleados. Estamos comprometidos con sus tareas: ordeñar, vigilar la hacienda y cosas semejantes. Amamos los caballos y especialmente a una yegua con potrillito a los que Flora mima con diligencia. Por cierto que el día se nos pasa en tareas que hacen al cultivo de la huerta, a la plantación de árboles y a la organización de esta estancia. Y la noche con nuestras lecturas favoritas. Don Tobías se ha retirado a una ermita pero los domingos nos lleva a la Misa, dada ¡por un padre alemán que se ha venido por extraordinarias razones! Para nosotros es un hecho fundamental en nuestras vidas necesitadas de un buen, un noble pastor. El pueblito donde está la parroquia es tan sencillo cuanto tranquilo y atesora todo lo que se puede en este mundo de lo que Jesús nos ha dejado: la paz. Digo mal: no todo lo que se puede pues siempre esto depende de hombres de buena voluntad que son variables en más o en menos. Evito decirles cuanto los extraño porque los llevo conmigo en el misterio cercano del hogar que ahora es el nuestro. Sí, siento un desgarro pero es el de la finitud de esta vida donde Dios todavía no ha irrumpido glorioso aunque nos ha dado la paz y la gracia, tan enviadas por San Pablo al comienzo y fin de sus cartas. Yo se las envío con todo dolor y alegría. Porque al mismo tiempo uno experimenta los contrarios en la creación. Jesús padeció y resucitó. Nosotros vamos hacia Él: somos peregrinos de Cristo. Un abrazo muy grande a mis tías y este llanto de amor bienaventurado a vosotros. Un cariñoso saludo de Flora que cuida de mí con amor. Vuestro hijo: Florencio”. He aquí que cuando vio Flora, asomándose a la habitación, que Florencio estaba pensativo con la cabeza en la mano y el codo en la mesita, juzgó que había concluido con sus cartas y llamó a comer y éste salió de su estado de perplejidad y traído por la vaciedad de su estómago y el aroma al guisito de arroz con hongos y azafrán valenciano salió hacia la mesa, delante del panorama de vacas y terneros de blancas caritas que ramoneaban en el prado frontero. Conversaron acerca de lo que acababa de escribir y que volaría sobre la amplísima llanura del mar para alcanzar la tierra natal.